Un acuerdo es posible, la excusa no
La necesidad de que las fuerzas de izquierda progresista negocien ante la amenaza de un gobierno de derechas no es solo una cuestión estratégica, sino una responsabilidad política y social de primer orden. En el contexto actual, las formaciones integradas en Sumar y Podemos tienen ante sí un mandato claro: representar y defender las aspiraciones de la mayoría social que quiere una España más justa, feminista, ecológica y democrática.
Ese mandato no puede ponerse en riesgo por diferencias tácticas ni por cálculos partidistas. Frente a un proyecto político conservador que pretende recortar derechos sociales, laborales, feministas o civiles, alcanzar acuerdos es una obligación ineludible. Y negociar no es imponer tu posición, ni alimentar diferencias; negociar es saber encontrar aquello que tenéis en común, no aquello que os separa. Porque si no sois capaces de hacer eso, nunca llegaréis a un acuerdo.
Sumar y Podemos, con todas sus diferencias, comparten un espacio político y un electorado que exige unidad, eficacia y responsabilidad. En un escenario en el que el voto progresista está fragmentado y ninguna fuerza tiene capacidad de gobernar por sí sola, no negociar es, en la práctica, facilitar que la derecha avance.
Por eso, es imprescindible construir acuerdos de mínimos que permitan avanzar, aunque sea parcialmente, en la agenda de derechos, justicia social y transición ecológica. La ciudadanía progresista no espera unanimidades, pero sí exige altura de miras, generosidad y voluntad real de sumar.
Si las fuerzas de izquierda progresistas no son capaces de cumplir con esa responsabilidad histórica, entonces deben dar un paso al lado y abrir camino a nuevas iniciativas políticas que sí estén a la altura del momento. Porque el objetivo no es preservar estructuras partidarias, sino garantizar que las instituciones trabajen al servicio de la mayoría social.