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El eterno retorno: El Príncipe 2.0

Jesus Mª Espinosa Avilés

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No sería difícil, para un habitual seguidor de la actualidad política, identificar la procedencia de un supuesto manual ideológico y de las acciones políticas que del mismo se derivan, contenido en los siguientes párrafos:

“los valores y la moral nunca pueden ser limitaciones para la acción de gobierno”. “..un gobernante inteligente debe parecer bueno y generoso, pero jamás deberá permitir que la idea de justicia o el cumplimiento de los pactos supongan un riesgo para su poder y el orden de la comunidad, puesto que el fin de mantener el Estado justifica la utilización de cualquier medio, no necesariamente de carácter moral..” . ¿Qúe instrumento retórico-político han de utilizar los gobiernos para desprestigiar a las teorías políticas vigentes apoyadas en valores morales?: “la blasfemia” (en el sentido de injuria y calumnia) y la “anatemización” de las instituciones (su desprestigio).

…“Si hasta ahora la política se ha inspirado en la virtud y los valores, la nueva política se ha de fundamentar en la libertad..”. Y, ¿cómo se consigue ese cambio?, “a través de la propaganda como arma de persuasión” “explotando la ignorancia del pueblo para que abrace la novedad, que no es otra cosa que la construcción de un olvido, a través de la destrucción de las viejas instituciones y la creación de otras nuevas”.

Y ¿qué hacer con aquel reducto de hombres instruidos que por supuesto no forman parte del pueblo: ¡¡“eliminarlos”!!.

Este esquema de acción que nos podría parecer escandaloso como teoría política moderna y que sin duda identificaríamos con movimientos y prácticas políticas actuales, es la base de la teoría política que Nicolás Maquiavelo desarrolló en El Príncipe (1532).

Conceptualmente, trasladando esta teoría política nacida en el Renacimiento al contexto político vigente, no es difícil establecer una correlación clara con las estrategias que para alcanzar y conservar el poder han sido diseñadas y están siendo puestas en práctica por los autodenominados ultra-liberales-libertarios, liderados por lo que Moisés Naín (2022) ha denominado “autócratas 3p” y que son “aquellos dirigentes políticos que llegan al poder mediante elecciones razonablemente democráticas y luego se proponen desmantelar los contrapesos a su poder ejecutivo mediante el populismo, la polarización y la posverdad” necesitando de “técnicas sicológicas, comunicativas, tecnológicas, legales, electorales, financieras y organizativas para reafirmar su poder y protegerse de las fuerzas que lo limitan”.

Desde luego, con la llegada de Trump a la presidencia de EEUU se ha acelerado, dentro de lo que en la guerra fría se denominó “mundo libre”, un proceso de involución, de socavamiento de las instituciones democráticas, de retorno a formas de gobierno propias del absolutismo.

Este nuevo régimen que emerge en el “mundo libre”, frente a la “Ilustración”de la que procedemos, se sustenta ideológicamente en la recientemente denominada “Ilustración Oscura”(´término acuñado por el filósofo inglés Nick Land), que es la versión moderna de las doctrinas y métodos que para el establecimiento del Estado Absoluto elaboraron Maquiavelo en “el Príncipe”(1543) y Hobbes en el Leviatan (1651). Sus estrategias de implementación: “populismo, polarización y posverdad”, las hemos identificado más arriba.

En esta línea, el movimiento MAGA, liderado por Trump, no es más que la visibilización de este nuevo paradigma, cuya finalidad es socavar las democracias, pues para Peter Thiel, también ideólogo de este movimiento (con un patrimonio de 17.000 millones de $), la libertad y la democracia son incompatibles.

Esta doctrina, como ha dicho el filósofo Ferran Sáez, está en la raíz de la nueva era en la que ya vivimos: “la de la batalla final del capitalismo contra las democracias liberales. Miembros de ese ejército de ”libertarios de derechas“ adoctrinados en las ideas de la ”Ilustración oscura“ ocupan puestos destacados en los gobiernos de Estados Unidos, de varios países de Europa y Latinoamérica, con la pretensión de convertir las democracias liberales en dictaduras lideradas por consejeros delegados”.

Esperamos poder desarrollar en próximos artículos lo relativo al sustrato ideológico y estrategias de los autócratas 2.0, cuya ultramodernidad, paradójicamente, da carta de naturaleza al “eterno retorno”, en este caso al vetusto retorno de “El Príncipe”, que podríamos bautizar como “El Principe 2.0”.