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El Supremo premia la aportación de Aldama de unos delitos ya acreditados
Así devoró el monstruo del Brexit a seis primeros ministros en 10 años
Opinión - 'Ya van tres avisos', por Esther Palomera

CRÓNICA

Aldama Supremo

22 de junio de 2026 21:01 h

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Todo fue mal para José Luis Ábalos y Koldo García en el juicio en el Tribunal Supremo y todo ha ido mal en la sentencia. El rastro de los pagos mensuales recibidos, los empleos conseguidos para la novia del exministro y el disfrute de viviendas en vacaciones describían una red corrupta favorecida por el poder de Ábalos y activada por las necesidades de Víctor Aldama. Frente a tal panorama, eligió presentarse en el juicio como alguien que en realidad no contaba con mucho poder: “Como ministro, yo estaba en el impulso [de la acción política]. Yo no estaba en la gestión de nada”. Ningún tribunal iba a creer palabras como estas del que había sido el titular del ministerio con más presupuesto del Gobierno.

El Tribunal Supremo le condenó a 24 años de prisión, y a 19 a su hombre de confianza, Koldo García. Los magistrados superaron todas las expectativas que podían tener Aldama, su abogado y el Partido Popular. No le envió a prisión al dejar en suspenso la pena de cuatro años y medio, le colmó de elogios e incluso no le ordenó devolver la comisión de 3,7 millones de euros obtenida por la venta de mascarillas al Ministerio de Ábalos. Aldama se aprovechó de su relación privilegiada con Ábalos y Koldo y pagó comisiones por ella, pero no recibe un castigo que le suponga devolver todo el dinero ganado en esa transacción, ya que los magistrados piensan que “dada la situación de la pandemia y la necesidad notoria de mascarillas, era obvia su urgencia y que la licitación sería inminente”.

Es decir, el tribunal acredita que Aldama recibió el encargo de comprar las mascarillas gracias al dinero que pasaba de forma regular a Ábalos y Koldo, y de ahí viene una de las penas por cohecho, pero no considera que el beneficio millonario que obtuvo el comisionista sea ilícito.

Cuando fue detenido en octubre de 2024 junto a otras trece personas por un presunto fraude en el pago del IVA por hidrocarburos valorado inicialmente en 182 millones, Aldama sabía que tenía que empezar a largar. No sobre ese caso, del que no le interesaba contar nada, sino por lo que entonces se llamaba el caso Koldo, donde había una pieza de caza mayor, que no era otra que Ábalos. Pasó unas semanas en prisión hasta que fue puesto en libertad provisional porque la Fiscalía Anticorrupción estaba muy interesada en su testimonio.

A partir de ese momento, se convirtió en un ariete mediático contra el Gobierno de Pedro Sánchez, alardeando de que contaba con pruebas que demostrarían la financiación ilegal del PSOE, aunque con frecuencia soltaba una cantidad similar de invenciones o denuncias sin pruebas documentales detrás. Se convirtió en estrella del programa de Iker Jiménez en Cuatro y acudió a otros programas con el mismo mensaje. Él iba a acabar con el Gobierno. “Este no es un Gobierno democrático. Es una mafia corrupta desde arriba, desde la cúpula, hasta abajo”, dijo en una de esas apariciones. “El Topuria de los chivatos”, según definición de El Mundo durante el juicio.

Aldama cumplió con lo que esperaban de él las acusaciones populares dirigidas por el Partido Popular en el juicio: “Si yo era el jefe de la trama, el señor presidente del Gobierno estaba en el escalafón uno; el señor Ábalos, en el dos; Koldo, en el tres; y yo, en el cuatro”. No presentó, al igual que en la instrucción, ninguna prueba que señalara directamente a Sánchez. Pretendía responder al testimonio del teniente coronel Antonio Balas, de la UCO, que le había definido como “el jefe de la trama”. Balas destacó “el dominio que tiene Aldama sobre estas personas” (por Ábalos y Koldo). La clase de dominio que te concede ser el que reparte los sobornos.

Aldama pasó a dominar el mercado audiovisual de la derecha. Era el activo perfecto para acabar con Sánchez. Las menciones a su posible participación en el fraude multimillonario de hidrocarburos desaparecieron. No cabe duda de que daba espectáculo. Durante el juicio, presentó un informe en el Supremo para intentar demostrar que su vida estaba en peligro. Se arriesgaba a sufrir “secuestro, extorsión, agresión física, atentado, espionaje”, entre otras amenazas.

La sentencia dedica cuatro páginas a explicar los beneficios concedidos a Aldama. Recuerda que las instituciones europeas y los tribunales han pedido que se protejan a los denunciantes de casos de corrupción. Habitualmente, suelen ser personas que tienen conocimiento de hechos delictivos gracias a su trabajo en una empresa privada o en la Administración. No ocurre con tanta frecuencia que se trate de la persona que decide qué delitos deben cometerse y que ha establecido un sistema de pagos y regalos para sobornar a un ministro y a su principal colaborador.

El Supremo destaca que Aldama “no se ha limitado a confesar los hechos objeto de acusación, amoldando su testimonio al resultado de las pruebas conocidas”, sino que ha aportado documentos que han servido para fundamentar la condena a Ábalos y Koldo. “Las actitudes procesales de colaboración deben ser premiadas para conseguir la depuración de estas conductas de corrupción”, dice la sentencia citando al fiscal.

“¿Sale a cuenta ser corruptor en España?”, se preguntó la diputada socialista Montse Mínguez tras conocer la sentencia. Óscar Puente tuvo una actividad intensa en Twitter con sus mensajes y los retuiteos de otros. En varias ocasiones, con la idea de que el Supremo ha concedido un trato de favor al comisionista para animar a otros a que hagan lo mismo contra el Gobierno. “Es una sentencia tremendamente aleccionadora”, escribió con ironía.

El PSOE tuvo el lunes más interés en hablar de Aldama que de Ábalos. Fuentes de Moncloa se limitaron a decir que condenan unos comportamientos que han atentado contra los principios de “transparencia, mérito e integridad”. Fue un mensaje sucinto y genérico. Nadie pareció pensar que debían pedir perdón por el hecho de que Sánchez puso a Ábalos al frente del partido y luego le nombró ministro de Transportes. Con los argumentos de la sentencia sobre la mesa, se trata todavía de una tarea pendiente y quizá Sánchez diga algo al respecto en su comparecencia del miércoles en el Congreso. O quizá se limite a cargar contra el PP.

Quien no tiene motivos para lamentar nada es Aldama, que ha conseguido su objetivo después de pasar por el banquillo de los acusados en el Tribunal Supremo. Sus objetivos finales apuntan muy alto. En marzo de este año, grabó un vídeo para acompañar a la decisión de entregar un sobre que supuestamente probaría la corrupción del PSOE. Aprovechó la oportunidad para hacer una petición al PP y a Vox: “La derecha se tiene que juntar. España se va a la mierda y yo solo no puedo”. Por lo que se vio en el juicio y en la forma en que el PP recibió su testimonio y se alegró el lunes de que no acabe en prisión, es evidente que no está solo.