Los fundadores de Vox que han abandonado a Abascal

Carmen Moraga

Madrid —

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Lleva más de diez años al frente de Vox y Santiago Abascal ha sido incapaz de retener a su lado a muchos de los dirigentes que en 2014 le ayudaron en el nacimiento de la formación de extrema derecha que fundó despues de abandonar el PP. Abascal lanzó el nuevo partido junto con un grupo de exdirigentes populares, como Alejo Vidal-Quadras, el exministro de la UCD Ignacio Camuñas, el filósofo José Luis González de Quirón y José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones secuestrado por ETA, entre otras muchas personas que se fueron uniendo poco a poco al proyecto.

Salvo Ortega Lara, ninguno de esos fundadores está ya junto a Abascal. A la lista nada desdeñable de dirigentes que ya no están se sumaba hace apenas unas semanas el exdiputado por Madrid Juan Luis Steegmann, el médico que defendió las vacunas anti COVID en plena pandemía frente a los negacionistas de su propio partido y que fue otro de los primeros dirigentes de Vox que ayudó a su fundación.

Según explicó en una carta, que adelantó Libertad Digital, Steegmann decidió abandonar Vox por su acercamiento al “neofalangismo” y por su deriva “antiliberal” y “anticientífica” que encarnó en Jorge Buxadé, que ha vuelto a ser elegido diputado del Parlamento Europeo en las elecciones del pasado domingo. En su carta explicó que tomó la decisión tras escuchar los discursos de más de una docena de líderes ultraderechistas en la llamada “fiesta patriótica” de Vox, 'Europa Viva24', en la que junto a Abascal, la estrella invitada fue el presidente argentino Javier Milei, que llamó “corrupta” a la esposa de Pedro Sánchez.

“Desde hace años, Vox está prescindiendo de la parte más liberal de su programa, y de sus diputados. Es más, ha continuado un viaje nocturno que se acerca al neofalangismo”, sentenció el exdiputado, para acusar después a Buxadé de mantener una postura “anticientífica” e “insufrible”, mencionando en su intervención “despreciativamente a las vacunas”, algo que, según señaló Steegmann, le hacía “imposible votar a Vox” en las elecciones europeas. Su marcha no mereció ni un solo comentario en la nueva dirección.  

Los primeros en abandonar el barco

El primero en abandonar a Abascal fue precisamente su amigo y excompañero del PP Alejo Vidal-Quadras, que rompió con Vox poco tiempo después de fracasar como cabeza de lista de las elecciones europeas de 2014, una campaña que financió la resistencia iraní. Junto a él –además del exministro de la UCD Ignacio Camuñas, que desapareció también del grupo fundacional–, se fue el filósofo José Luis González de Quirós. Ambos enviaron una carta a Abascal, publicada por ABC, explicando los motivos de su adiós, que no eran otros que su desilusión porque creían que la formación de extrema derecha no estaba capacitada para luchar por sí sola contra el “populismo de izquierdas” y “el bipartidismo histórico y tradicional”. Vidal Quadras sufrió en noviembre del año pasado un atentado que él atribuye al “régimen de los ayatolás iraníes”, tras el que parece haberse reconciliado con el líder de Vox.

Poco después se marchó otra de las fundadoras, la dirigente valenciana y agitadora ultra Cristina Seguí, tras denunciar un caso interno de corrupción. Eran años en los que formación de extrema derecha peleaba con escaso éxito por lograr representación en las principales autonomías mientras paradójicamente abogaba por su desaparición. Y trabajaba a la vez para expandirse por todo el territorio nacional, un objetivo que Vox tardó cuatro años en lograr.

El primer éxito les llegó en diciembre de 2018 cuando consiguieron entrar por primera vez en el Parlamento andaluz con 12 diputados. Dos meses antes, Abascal había logrado llenar el Palacio de Vistalegre de Madrid en un gran acto que sirvió de pistoletazo de salida para aquel despegue institucional, que tuvo su punto álgido en la segunda convocatoria electoral de 2019, celebrada en noviembre, cuando Vox logró subir de los 24 escaños conseguidos en el Congreso en abril, a 52 diputados. En mayo de ese mismo año, el partido también conseguía entrar en casi todos los parlamentos regionales además de en un buen número de Ayuntamientos.

La alegría, sin embargo, les duró poco. En los siguientes comicios autonómicos andaluces, celebrados en junio de 2022, la formación de extrema derecha no lograba su objetivo de hacerse con una vicepresidencia en la Junta de Andalucía. La flamante candidata de esas elecciones, Macarena Olona –que había dejado su escaño por Granada en el Congreso y aceptado aquel reto a regañadientes–, consiguió dos actas más de la docena que ya tenían en Andalucía. Pero el dirigente del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, rentabilizó la desaparición de Ciudadanos, su antiguo socio de gobierno, y alcanzó la mayoría absoluta. El fracaso en aquellas elecciones desató la guerra con la exdiputada y exsecretaria general del grupo parlamentario, que fue otra de las figuras importantes de Vox en plantar a Abascal y dejar la formación.

Olona se fue del partido en agosto de 2022 tras renunciar a su acta en el Parlamento andaluz, alegando “motivos de salud”. Pero pronto hizo aflorar el profundo malestar que había ido acumulando contra sus antiguos compañeros y, más en concreto, contra el propio Abascal. De hecho, poco después, en el programa de Jordi Évole, se despachó a gusto y le tildó de “macho alfa” y lanzó sospechas de corrupción contra la formación. Asimismo, desveló que había sufrido graves ataques de personas “que hacían loas a Hitler y que estaban en el entorno de Vox”. “Conmigo se han equivocado de cojones”, afirmó.

Ya antes Olona había advertido de que “un partido que sea excluyente” no podía ser “alternativa de nada. Mucho menos de Gobierno”. La exdiputada terminó lanzando un nuevo proyecto, 'Caminando Juntos', con el que intentó probar suerte en las generales del 23J de 2023, adelantadas por Pedro Sánchez tras los malos resultados del PSOE en las autonómicas y municipales de mayo de ese año. Pero no logró representación.

Precisamente, aquellas elecciones de julio de 2023 supusieron para Vox el mayor varapalo ya que en ellas la formación de extrema derecha se dejó nada menos que 19 diputados, pasando de 52 a 33. La crisis interna, que llevaba gestándose varios meses atrás y había dado a Abascal ya algunos disgustos –como el de Olona– , estalló entonces con toda su crudeza y la lista de abandonos comenzó a engordar.

El terremoto de la marcha de Espinosa

En ella figura uno de los dirigentes históricos y más emblemáticos de Vox: Iván Espinosa de los Monteros. Su inesperada renuncia como portavoz parlamentario, entre rumores de que iba a ser relegado del cargo, convulsionó al partido. Aunque en su comparecencia sin preguntas en el Congreso de los Diputados alegó para irse “motivos personales y familiares”, internamente era vox pópuli el malestar que había ido acumulando al ser apartado por Abascal de la toma de decisiones diarias.

La confección de las candidaturas electorales para aquel 23J sin ser consultado fue la gota que, según aseguran quienes le conocen, colmó el vaso de su paciencia. Su marcha destapó el pulso y la lucha por el poder que había entre las dos almas que conviven en Vox: el sector considerado más “liberal”, que encabezaría Espinosa, y el más tradicionalista y ultracatólico, representado por el entonces vicepresidente primero, Jorge Buxadé, que se inició en política en varias candidaturas de Falange y está vinculado al Opus Dei.

Desde su dimisión, Espinosa de los Monteros no ha vuelto a aparecer en ningún acto del partido. En cambio, se le ha visto reunido con Alvise Pérez, el agitador ultra que se ha presentado a las europeas con una plataforma hecha a su medida, 'Se acabó la fiesta', con la que ha logrado nada menos que tres diputados en Bruselas.

El escaño que dejó vacío Espinosa le tocaba ocuparlo a Steegmann, pero se negó. La lista corrió y entró en el Congreso Carla Toscano, la diputada antifeminista, que sorprendentemente tambien renunció a su acta poco después con la excusa de que quería dedicarse de lleno a su puesto de portavoz adjunta de Vox en el Ayuntamiento de Madrid junto a Javier Ortega Smith.

Por entonces el malestar interno en la formación ya se palpaba. Venía fraguándose desde aquel fracaso en las generales tras el cual las críticas soterradas al líder eran todo un clamor. Tanto es así que Abascal, consciente de que por primera vez su reelección en el cargo podía peligrar, decidió adelantar por sorpresa la Asamblea General del partido y blindarse.

Evitar una candidatura alternativa

El cónclave se celebró el 27 de enero de este año cuando oficialmente tocaba en marzo, fecha posterior a las elecciones gallegas adelantadas por el popular Alfonso Rueda a febrero, y las perspectivas allí no eran tampoco nada halagüeñas. Abascal no quiso esperar a otro posible fracaso en las urnas ante el temor de que el sector crítico del partido, que había ido creciendo desde la dimisión del portavoz parlamentario, cuestionara su continuidad en el cargo.

Con el inesperado adelanto de aquel congreso Abascal neutralizaba la posibilidad de que se armara una candidatura alternativa, como ya se había empezado a especular que estaba intentando hacer Javier Ortega Smith, que había cuestionado la estrategia de la dirección y se había posicionada al lado de Espinosa tras su portazo a la formación. Como se barruntaba, Vox no obtuvo representación en Galicia pero Abascal sí consiguió mantenerse en la presidencia del partido de extrema derecha, que por abrumadora mayoría le ratificó en el cargo con una renovada dirección en la que incluyó a los dirigentes territoriales y también a Ortega Smith.

A pesar de que el reelegido líder presumió en aquel cónclave de “unidad” y achacó a “bulos de la prensa” la crisis de Vox, dos días después la realidad le desmintió: el partido implosionó en Balears y estuvo a punto de hacer descarrilar la nueva legislatura del gobierno del PP, partido al que la extrema derecha apoyó tras las autonómicas. La rebelión de parte de la direccióon balear se ha logrado controlar, pero nadie pone la mano en el fuego por que la crisis no vuelva a estallar.

Las bajas continuaron y en abril de 2024 la diputada de Vox por Cádiz, Blanca Armario, presentaba su dimisión como presidenta del partido en la provincia, teoricamente para dedicarse de lleno a su trabajo en Madrid.

La marcha del gerente

Otra de las dimisiones que el partido intentó acallar fue la del gerente y cerebro económico, Juan José Aizcorbe, materializada en octubre de 2023. Según publicó El País, el exdiputado había presentado su dimisión justo en la misma semana en la que elDiario.es había desvelado que Vox había pasado durante cuatro años casi siete millones de euros a la fundación privada Disenso, que preside Abascal.

Pocos días antes se había conocido también que el Tribunal de Cuentas, en su informe anual, aseguraba que existía “incertidumbre” respecto a 332.548,09 euros que recibió Vox a través de cajeros automáticos. El órgano fiscalizador expresaba sus dudas sobre si parte de dichos ingresos “corresponde a donaciones y no a la venta de productos”, como decía la formación de extrema derecha, lo que vulneraría la ley de financiación de partidos “al no haber sido identificados los posibles donantes”. La dirección de Vox intentó desvincular la marcha de Aizcorbe de ambas noticias pero las fuentes consultadas por esta redacción insistieron en que fueron los detonantes de su cese.

A pesar de todos estos contratiempos, la nueva dirección de Vox cree que las aguas internas se han tranquilizado después de haber logrado mantener el tipo tanto en el País Vasco como en Catalunya. Y aunque esperaban crecer mucho más en el Parlamento Europeo, el hecho de haber logrado dos escaños más que los cuatro que tenían hasta ahora les hace pensar que nadie se atreverá a provocar ahora otro incendio en Vox. Un deseo que está por comprobar.