La portada de mañana
Acceder
Israel marca el paso a Trump con una escalada peligrosa en Irán
Usan por primera vez ‘mosquitos-vacuna’ para frenar la propagación de virus
Opinión - 'El PP salta otra línea roja con el rey', por Raquel Ejerique

CONQUISTA DE AMÉRICA

“Jamás ha habido tanta crueldad en invasión alguna de griegos y bárbaros”

18 de marzo de 2026 22:37 h

0

En 1560, Felipe II firmó una orden real con la que quería tener una consideración especial hacia Bartolomé de las Casas, el gran crítico de la ocupación colonial de lo que hoy llamamos Latinoamérica. También serviría para garantizar su seguridad: “Es nuestra voluntad que, todo el tiempo que residiere en esta mi Corte, sea aposentado en ella conforme a la calidad de su persona”. El monarca agradecía al fraile dominico no sólo los servicios que le había prestado a él, sino también a su padre, Carlos V.

Desde entonces, el testimonio de De las Casas y de otros religiosos ha sido la principal acta de acusación a los desmanes de la conquista de América. En distintas épocas, incluida la actual, los conservadores no han ocultado que desprecian estas denuncias, porque creen que manchan la gloria de los siglos imperiales de España. Felipe VI es muy consciente de ese debate, que algunos quieren impedir, pero aun así ha decidido esta semana intervenir en la polémica. Empleó palabras que no parecen haber gustado nada al PP y Vox.

El rey acudió a la exposición 'La mitad del mundo. La mujer en el México indígena' con el deseo de conversar con el embajador mexicano y dejar un mensaje que fuera captado por las cámaras.

Fue una iniciativa de la Casa del Rey de la que informó al Gobierno, según fuentes de Zarzuela. La intención última era contribuir a la mejora de las relaciones con México –a pocos meses de la celebración de la cumbre iberoamericana en Madrid–, que quedaron muy tocadas desde que el anterior presidente, Andrés López Obrador, envió una carta al Gobierno en 2019 para reclamar una disculpa formal de España por los crímenes de la época colonial.

Felipe VI explicó que las leyes promulgadas por los reyes para regular el tratamiento de la población indígena no se cumplían “y hay mucho abuso” sin negar que hubo “controversias morales y éticas en cuanto a cómo se ejerce el poder desde el primer día”. Escasamente se puede definir como una declaración espectacular, pero al menos toca un tema que no suele aparecer en sus discursos.

El rey mencionó que hay situaciones de esa época “que no pueden hacernos sentir orgullosos” con los valores actuales, aunque alertó después sobre el “excesivo presentismo moral” (lo que sería juzgar el pasado con criterios morales del presente).

Lo cierto es que en los siglos XVI y XVII –con los valores políticos y morales de esos tiempos– ya hubo innumerables testimonios que cuestionaban el trato inhumano que se daba a muchos indígenas y la violencia de los colonos, así como su avaricia. En uno de los capítulos de su reciente libro 'Las dos Españas', el historiador británico Henry Kamen dedica un capítulo al debate que se produjo en España a cuenta de la colonización.

Al cuestionar la imagen idílica de lo que algunos definen como una gran misión civilizadora, Kamen destaca que la prioridad de muchos españoles de entonces era escapar de la pobreza y conseguir el dinero suficiente para volver a España en mejores condiciones. No era un triunfo fácil. Escribe que Cervantes se refiere a América en una novela como “refugio y amparo de los desesperados de España, engaño común de muchos y remedio particular de pocos”.

Kamen explica que la España conservadora trazó en el siglo XX una imagen benévola del imperio en América y lo justificó con las leyes aprobadas por la Corona, por mucho que no llegaran a cumplirse en su integridad.

En una entrevista con este diario en 2022, Antonio Espino –autor del libro 'La invasión de América' y catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona– recuerda que muchas de esas leyes tuvieron que cambiarse al poco tiempo, porque no eran fáciles de llevar a la práctica a causa de la oposición de los colonos y de los problemas de comunicación: “No son aplicables al caso de América si no quieres que te ocurra lo que acabó ocurriendo en Perú, donde la aplicación de esas leyes de una manera muy estricta condujo al levantamiento de Gonzalo Pizarro y a otros cuatro años de guerras civiles con algunos aspectos terribles. No ya de matanza de aborígenes, es que se matan entre españoles”.

Las leyes que dictan que no se puede esclavizar a los indígenas admiten tantas excepciones que terminan careciendo de valor. “El estímulo económico es que la gente tenga un botín y el botín es hacer esclavos y venderlos”, cuenta Espino refiriéndose al caso de la guerra en Chile.

En relación a la figura de De las Casas, Menéndez Pidal acabó tachando al fraile de loco y judío. La realidad es que otros contemporáneos hicieron un relato similar. El jesuita José de Acosta estaba escandalizado por la conducta de los españoles: “Jamás ha habido tanta crueldad en invasión alguna de griegos y bárbaros. No son hechos desconocidos o exagerados por los historiadores”. Felipe II concedió varias audiencias a Acosta, la primera en 1588, para escuchar su testimonio sobre lo que había visto.

Fray Luis de León denunció en un discurso en Salamanca en 1579 que los colonos “estaban cometiendo grandes asesinatos y exterminando pueblos y hasta razas enteras”.

El propio Hernán Cortés, responsable de la matanza de Cholula, se arrepintió de lo que vio en el asalto posterior a Tenochtitlán: “Andaban con nosotros nuestros amigos (sus aliados de otros pueblos indígenas) a espada y rodela, y era tanta la mortandad que en ellos se hizo por la mar y por la tierra, que en aquel día se mataron y prendieron más de cuarenta mil ánimas; y era tanta la grita y lloro de los niños y mujeres, que no había persona a quien no quebrantase el corazón”.

A las matanzas iniciales sucedió la colonización. El sistema de las encomiendas dejó reducidos a los indígenas que trabajaban en minas y cultivos a una condición de semiesclavitud. Kamen anota “el tono progresista” de las leyes de Felipe II sobre el tratamiento de la población local –lo mismo se podría decir de su padre–, pero recuerda que toda esa legislación tuvo “pocas consecuencias en la práctica”.

El terror y la crueldad habían sido elementos esenciales de la expansión imperial. En primer lugar, para hacerse con el control de esos territorios y riquezas y después para evitar que se produjeran rebeliones y, si ocurrían, para sofocarlas sin piedad. “Lo que llamaban pacificar era gobernar y asolar y matar o destruir la tierra”, escribió Gonzalo Fernández de Oviedo sobre lo que ocurrió en la zona de Panamá y el Caribe.

“La codicia es el gran motor de la llamada conquista”, dice Antonio Espino. Eso es lo que hace que muchos españoles asuman grandes riesgos para desplazarse a América y se enfrenten a la amenaza de las enfermedades y el clima, todo ello con el gran objetivo de conseguir una fortuna. “Luego esa codicia se camufla de ideología cristiana, civilización y libertad. Pero lo que está en la base es la codicia y el deseo de enriquecerse”, dice Espino.

La polémica por las palabras del monarca sirvió a la extrema derecha para continuar con sus ataques a Felipe VI y elogiar a los conquistadores. “Fue la mayor obra evangelizadora y civilizadora universal”, tiró por lo alto Pepa Millán, de Vox.

La derecha, que no quiere enemistarse con el jefe de Estado, recuperó el discurso de los conservadores en el siglo XIX y XX por el que la colonización de América fue una misión que trajo la religión y la civilización al Nuevo Mundo. “Hacer ahora un examen de las cosas que ocurrieron en el siglo XV es un disparate”, dijo Alberto Núñez Feijóo. Aparte de equivocarse con el siglo, el líder del PP cargó contra lo que es el trabajo esencial de cualquier historiador de esa época.

El punto más anacrónico lo aportó Isabel Díaz Ayuso y su frase “llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden”. Su uso de la primera personal del plural es llamativo y además ignora el mensaje de sucesivos pontífices.

Juan Pablo II pidió perdón a los indígenas en 1992 por las injusticias cometidas contra sus antepasados. En 2007, Benedicto XVI dijo que no se puede olvidar el “sufrimiento y las injusticias infligidos por los colonizadores” y cómo los derechos humanos de la población nativa “eran con frecuencia pisoteados”. “Pido humildemente perdón”, afirmó Francisco en 2015, “no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

En 2023, el Vaticano renegó de la llamada Doctrina del Descubrimiento con la que se bendijo la colonización de América. La derecha y la extrema derecha españolas se mantienen impasibles y continúan con el mensaje imperante en siglos anteriores. Las glorias imperiales no se tocan y hay que dar las gracias a los conquistadores por matar a esos paganos y salvajes y saquear sus tierras. Qué sabrán los Papas sobre el cristianismo.