Mikel Lejarza, el 'lobo' que se infiltró en ETA, aparece por sorpresa por primera vez en público

Víctor Honorato

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Mikel Lejarza, nombre en clave ‘Lobo’, infiltrado en ETA en los años 70 y que ha vivido en la clandestinidad desde entonces, ha aparecido en la tarde este martes por sorpresa, entre fuertes medidas de seguridad, para la presentación de su último libro, ‘Secretos de confesión’, segunda parte de sus memorias, escritas junto al Periodista Fernando Rueda.

Con peluca, barba postiza y gafas pintadas, Lejarza ha entrado en el salón del hotel Villa Real de Madrid de forma casi teatral, mientras se proyectaba un vídeo de presentación del libro y la sala estaba oscuras. Al volver la luz, estaba sentado en la mesa, con cuatro agentes de policía vigilando los vértices. Tras un cerrado aplauso ha señalado que el aportó “su granito de arena” en la lucha contra ETA, pero que los verdaderos artífices de su fin fueron policía y Guardia Civil.

La publicación del libro, continuación de ‘Yo confieso’, y que según los autores supone un acercamiento “más humano” a la figura de ‘Lobo’, incluyendo conversaciones con sus familiares, coincide con el 50º aniversario de la operación. Cinco décadas que no han permitido a Lejarza relajar apenas su seguridad, tras haber provocado en 1974 la detención de más de 100 integrantes de ETA y haber llegado a dirigir su infraestructura. “Me veis con estas pintas, pero no me queda otra”, explicó a los presentes. La portada del libro muestra, en ese sentido, una de las balas que todos los comandos de la banda debían de llevar para disparar contra el lobo si sen encontraban con él. Aun con ETA desarticulada, el riesgo no desaparece; Rueda comparó la situación actual de Lejarza con la de Salman Rushdie, que sufrió un ataque este año por una fetua de 1989.

El famoso espía recordó que la operación Lobo se cerró antes de lo que él hubiese querido, pues tenía la esperanza de haber seguido ascendiendo en el escalafón y contribuir a la disolución definitiva de ETA tras la amnistía del 77. Aunque quiso evitar pronunciarse sobre cuestiones políticas, sí dijo sentir que “es muy difícil que la simiente desaparezca” y que le parece un agravio que “ellos” puedan “viajar por España, visitar a sus familias e ir a las bodas de sus hijos” y él siga viviendo escondido.

Lezarja explicó la importancia que tuvo para la él la fe religiosa. “Si no en dios, tienes que tener fe en ti mismo, en lo que haces. Lo único que me falló es que no terminé con la ETA terrorista”. También recordó los problemas que se suscitaron una vez terminada su infiltración y se convirtió en un “personaje molesto” con quien un servicio secreto “incipiente” y sin “mucha experiencia” no sabía cómo lidiar. En su actividad posterior pasó por Argelia y México, y tuvo una relación tensa con el primer jefe del CESID nombrado por el PP, Javier Calderón, en lo que fue “el peor momento” para él desde su paso a la clandestinidad. “Dijo que yo era un juguete roto, pero gracias a mí tenía la pechera llena de medallas”, opuso.

Una vida en silencio y escondido

“Es una vida tan compleja, tan difícil”, incidió Lejarza, que recordó las vicisitudes que tuvo que pasar su familia. “Una vida de silencio, de esconderse, con la casa a cuestas, como los caracoles; es muy complicado”. Reconoció, no obstante, que cuando se implicó en la lucha contra ETA era consciente del futuro incierto que le aguardaba incluso “si salía todo bien”. En un par de ocasiones durante su intervención estuvo a punto de emocionarse. “Me cuesta mucho rememorar, para Fernando [Rueda] ha sido muy difícil escribir el libro”, apuntó sobre los encuentros con el coautor para poner negro sobre blanco.

Lejarza tuvo un recuerdo para los ocho agentes del CNI fallecidos en una emboscada en Irak en 2003, “héroes que engrandecen España” y aseguró que, alejado de la primera línea del espionaje, continúa ocupado en su compañía de ciberseguridad, llamada Wolf Group, que adapta al inglés su histórico nombre de guerra. También auspicia una fundación para proyectos sociales. Al terminar se marchó, rodeado de agentes, con un guiño musical: por los equipos de sonido empezó a sonar la canción ‘Resistiré’ del Dúo Dinámico.

Mikel Lejarza, nombre en clave ‘Lobo’, infiltrado en ETA en los años 70 y que ha vivido en la clandestinidad desde entonces, ha aparecido en la tarde este martes por sorpresa, entre fuertes medidas de seguridad, para la presentación de su último libro, ‘Secretos de confesión’, segunda parte de sus memorias, escritas junto al Periodista Fernando Rueda.

Con peluca, barba postiza y gafas pintadas, Lejarza ha entrado en el salón del hotel Villa Real de Madrid de forma casi teatral, mientras se proyectaba un vídeo de presentación del libro y la sala estaba oscuras. Al volver la luz, estaba sentado en la mesa, con cuatro agentes de policía vigilando los vértices. Tras un cerrado aplauso ha señalado que el aportó “su granito de arena” en la lucha contra ETA, pero que los verdaderos artífices de su fin fueron policía y Guardia Civil.

La publicación del libro, continuación de ‘Yo confieso’, y que según los autores supone un acercamiento “más humano” a la figura de ‘Lobo’, incluyendo conversaciones con sus familiares, coincide con el 50º aniversario de la operación. Cinco décadas que no han permitido a Lejarza relajar apenas su seguridad, tras haber provocado en 1974 la detención de más de 100 integrantes de ETA y haber llegado a dirigir su infraestructura. “Me veis con estas pintas, pero no me queda otra”, explicó a los presentes. La portada del libro muestra, en ese sentido, una de las balas que todos los comandos de la banda debían de llevar para disparar contra el lobo si sen encontraban con él. Aun con ETA desarticulada, el riesgo no desaparece; Rueda comparó la situación actual de Lejarza con la de Salman Rushdie, que sufrió un ataque este año por una fetua de 1989.

El famoso espía recordó que la operación Lobo se cerró antes de lo que él hubiese querido, pues tenía la esperanza de haber seguido ascendiendo en el escalafón y contribuir a la disolución definitiva de ETA tras la amnistía del 77. Aunque quiso evitar pronunciarse sobre cuestiones políticas, sí dijo sentir que “es muy difícil que la simiente desaparezca” y que le parece un agravio que “ellos” puedan “viajar por España, visitar a sus familias e ir a las bodas de sus hijos” y él siga viviendo escondido.

Lezarja explicó la importancia que tuvo para la él la fe religiosa. “Si no en dios, tienes que tener fe en ti mismo, en lo que haces. Lo único que me falló es que no terminé con la ETA terrorista”. También recordó los problemas que se suscitaron una vez terminada su infiltración y se convirtió en un “personaje molesto” con quien un servicio secreto “incipiente” y sin “mucha experiencia” no sabía cómo lidiar. En su actividad posterior pasó por Argelia y México, y tuvo una relación tensa con el primer jefe del CESID nombrado por el PP, Javier Calderón, en lo que fue “el peor momento” para él desde su paso a la clandestinidad. “Dijo que yo era un juguete roto, pero gracias a mí tenía la pechera llena de medallas”, opuso.

Una vida en silencio y escondido

“Es una vida tan compleja, tan difícil”, incidió Lejarza, que recordó las vicisitudes que tuvo que pasar su familia. “Una vida de silencio, de esconderse, con la casa a cuestas, como los caracoles; es muy complicado”. Reconoció, no obstante, que cuando se implicó en la lucha contra ETA era consciente del futuro incierto que le aguardaba incluso “si salía todo bien”. En un par de ocasiones durante su intervención estuvo a punto de emocionarse. “Me cuesta mucho rememorar, para Fernando [Rueda] ha sido muy difícil escribir el libro”, apuntó sobre los encuentros con el coautor para poner negro sobre blanco.

Lejarza tuvo un recuerdo para los ocho agentes del CNI fallecidos en una emboscada en Irak en 2003, “héroes que engrandecen España” y aseguró que, alejado de la primera línea del espionaje, continúa ocupado en su compañía de ciberseguridad, llamada Wolf Group, que adapta al inglés su histórico nombre de guerra. También auspicia una fundación para proyectos sociales. Al terminar se marchó, rodeado de agentes, con un guiño musical: por los equipos de sonido empezó a sonar la canción ‘Resistiré’ del Dúo Dinámico.

Mikel Lejarza, nombre en clave ‘Lobo’, infiltrado en ETA en los años 70 y que ha vivido en la clandestinidad desde entonces, ha aparecido en la tarde este martes por sorpresa, entre fuertes medidas de seguridad, para la presentación de su último libro, ‘Secretos de confesión’, segunda parte de sus memorias, escritas junto al Periodista Fernando Rueda.

Con peluca, barba postiza y gafas pintadas, Lejarza ha entrado en el salón del hotel Villa Real de Madrid de forma casi teatral, mientras se proyectaba un vídeo de presentación del libro y la sala estaba oscuras. Al volver la luz, estaba sentado en la mesa, con cuatro agentes de policía vigilando los vértices. Tras un cerrado aplauso ha señalado que el aportó “su granito de arena” en la lucha contra ETA, pero que los verdaderos artífices de su fin fueron policía y Guardia Civil.