Encontrar una razón que explique el éxito de la remontada de Lula en las elecciones de Brasil, un país de 213 millones de habitantes, es una tentación tan fuerte como irreal. No puede haber solo una. Sin embargo, en el campo de la imagen, en esos momentos en que parece que todo ha cambiado, hubo uno muy mencionado. Fue cuando Lula se rebeló con el genio que ha caracterizado su carrera contra el epíteto despectivo que Flávio Bolsonaro utilizó contra él en el último debate televisado.
Bolsonaro le llamó 'nueve dedos', un insulto que las bases de la extrema derecha en Brasil utilizan con frecuencia contra el presidente brasileño. La respuesta de Lula fue fulgurante: “Me llamó 'nueve dedos' y quiero que sepan una cosa. Si hay alguien entre este público que sabe lo que es el mundo del trabajo, soy yo. Si alguien perdió un dedo a los 17 años, fui yo, trabajando de noche cuando no se podía trabajar. No voy a permitir que un miliciano me llame 'nueve dedos'. No lo voy a permitir”. Miliciano es como se llama en Brasil a los miembros de organizaciones paramilitares que se toman la justicia por su mano.
“Yo era menor y trabajaba de noche, y o trabajaba o no comía”, dijo. Por el contrario, Bolsonaro ha vivido a costa de la carrera política de su padre desde su juventud. Su primer cargo electo fue el de diputado de la Asamblea de Río de Janeiro con 21 años.
Bolsonaro pidió perdón a Lula en el debate, consciente de que había cometido un error. Solo iba a conseguir provocar a los seguidores de su rival con su insulto clasista, en especial en las zonas del país en que la izquierda buscaba movilizar a los que no habían votado en la primera vuelta.
En España, el Partido Popular nunca pide disculpas cuando se le reprocha su estrategia de demonizar a Pedro Sánchez. Casi se le han acabado los adjetivos a la hora de tacharle de una amenaza para la democracia en España.
Hay ejemplos de ello todas las semanas. Sánchez difundió el sábado un vídeo grabado ante el 'Guernica' en el Museo Reina Sofía. Su objetivo era lanzar un mensaje pacifista junto al cuadro de Picasso, que es un gran símbolo antibelicista desde hace décadas. Cuando veo este cuadro, dijo, “veo qué sucede cuando la barbarie se impone a la razón”. Recordó la lucha contra el genocidio de Gaza y el rechazo de su Gobierno a subir el gasto militar hasta el 5% del PIB. Acabó de forma pretendidamente optimista: “Incluso en los momentos más oscuros hay una luz, la luz de nuestros valores”. Suena un poco pretencioso, pero se trata de pedir el voto, no de que se depriman los votantes.
El PP podía haberlo dejado pasar. Sus dirigentes no tolerarían tal inacción. Se lanzaron sobre él, en primer lugar por el “privilegio” de rodar el anuncio en el museo. Aparentaban desconocer que las salas del Reino Sofía, como las del Prado, pueden alquilarse para eventos de empresas o para visitas guiadas en las zonas donde están expuestos los cuadros. Solo hay que visitar la web de ambos museos, en el caso del Reina Sofía con una imagen del 'Guernica'.
Los que han convertido en una adicción afirmar que Sánchez busca un enfrentamiento violento entre españoles no tenían suficiente con eso. “Hasta el propio Picasso se revolvería en su tumba al ver el uso espurio de su obra a favor de un guerracivilista y un inmoral”, dijo Cayetana Álvarez de Toledo.
Más allá de que es imposible saber cómo una diputada del PP sabe lo que pensaría una persona fallecida en 1973, esta y otras opiniones en la derecha indicaban que usar el 'Guernica' en la propaganda electoral es un ataque al propio cuadro por ser un símbolo de la conciliación entre españoles. Debería estar vetado porque lo dicen ellos.
Quizá la llegada del cuadro en 1981 a España tuviera esa carga simbólica para la nueva democracia. El 'Guernica' no pretendía reconciliar a nadie, sino que fue un encargo del Gobierno republicano a Picasso con el que denunciar el horror de la Guerra Civil y obtener fondos para la República por todo el mundo en su lucha contra el bando franquista. Esto último es algo que algunos olvidan muy oportunamente, como si la historia del cuadro comenzara en 1981.
La venganza parece ser uno de los elementos fundamentales de la campaña del PP. Hay que hacer pagar a Sánchez que les dejara sin una victoria incontestable en 2023. Las críticas a su política económica o por decisiones como la ley de amnistía entran dentro de lo normal en el trabajo del primer partido de la oposición. Lo que se aleja de lo habitual es la catarata de insultos y ataques personales que ha dedicado a la que considera su némesis en esta legislatura.
La campaña es la culminación de ese estilo. “No les vamos a pasar ni una”, ha dicho Feijóo en varias ocasiones. Ofrecer imágenes falsas con anuncios hechos con IA en los que aparecen socialistas diciendo cosas que no han dicho forma parte del repertorio.
Feijóo llegó este fin de semana a relacionar los disturbios de Barcelona con el Gobierno y la izquierda. “Se están resistiendo a abandonar el poder con violencia”, denunció. El origen de estos incidentes, aún desconocido para los Mossos, surgió de las redes sociales sin ninguna organización conocida de la izquierda detrás. Fue una convocatoria para incitar directamente al vandalismo y al robo de tiendas y posiblemente organizada desde el extranjero.
El acoso ha llegado al punto de relacionar personalmente a Sánchez con los negocios de saunas de su suegro. En 2014, el secretario de Estado de Interior en el Gobierno de Rajoy, Francisco Martínez, encargó al comisario Villarejo que buscara información sobre los negocios del padre de Begoña Gómez para utilizarla contra Sánchez. El suegro ya se había desprendido para entonces de esos locales. La Audiencia Nacional se negó a investigar una denuncia del PSOE en 2024 con el argumento de que el negocio de las saunas eran “actividades privadas lícitas”, por más que se hubiera producido una “deplorable utilización partidista” del caso.
Ese escaso recorrido judicial no impidió que el PP acusara a Sánchez de haberse beneficiado económicamente de esos negocios. También Feijóo en persona, que dijo que su carrera política se pagó “con el dinero de la prostitución” o que la prostitución “le vino bien durante una época de su vida”.
El PP considera que, si le recuerdan la antigua foto de Marcial Dorado con Feijóo, tiene derecho a responder con insinuaciones y falsedades sobre Sánchez.
La duda es si el empeño del PP por destruir la reputación de Sánchez pueda volverse contra ellos. Sánchez no es un antiguo obrero y sindicalista que arriesgó la vida en la lucha contra una dictadura, con lo que el componente clasista de los ataques a Lula por Bolsonaro y los ultras no aparece en este caso.
Lo que sí parece consolidada es la sensación de que el efecto de esa oposición dura e implacable ha terminado beneficiando más a Vox que al PP. Ni siquiera las encuestas que pronostican la mayoría absoluta del PP y Vox ocultan que el PP ha perdido votos en relación a 2023. A pesar de su radicalización o precisamente a causa de ella. La última es la de El Mundo, que marca 2,5 puntos menos para el PP que entonces. Ya es demasiado tarde para replantearse esa estrategia. Para el partido que recibió muy relajado el grito “Que te vote Txapote” en 2023, solo hay una manera de hacer oposición. Prender fuego a la política es admisible, porque ellos sabrán luego cómo apagar el incendio.