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El Gobierno duplica las plazas para migrantes en Ceuta y descarta su traslado
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Opinión - 'Ceuta: ¿el talón de Aquiles del Gobierno?', por Azahara Palomeque

CRÓNICA

Pedro Sánchez se queda solo junto a Marruecos

31 de agosto de 2026 21:30 h

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Un Gobierno casi nunca admite que se ha visto sorprendido por una crisis. Sobre lo de admitir que se reaccionó tarde y sin ser consciente de las implicaciones, suele haber más sinceridad, pero solo de forma privada o anónima. Pedro Sánchez comunicó a la Comisión Europea por carta el 1 de agosto que se había devuelto a “prácticamente todos” los que habían cruzado la frontera dos días antes, lo mismo que dijo en público el ministro de Interior. No era cierto y ese error ha perseguido a Moncloa a lo largo del mes de agosto. “Fue un error de cálculo darlo por zanjado cuando se volvieron a Marruecos 70.000”, han dicho fuentes del Gobierno a este diario.

Pedro Sánchez reapareció en los medios el lunes con una entrevista en la Cadena SER. Fue un Sánchez frío y que aspiraba a ser realista con la intención de restar dramatismo a la crisis, un empeño condenado al fracaso en las crispadas circunstancias actuales. No hubo ningún intento de atraerse a la población de Ceuta, de mostrar una empatía especial hacia los que están pasando por unas circunstancias excepcionales. Quizá lo reserve para su comparecencia del jueves en el Congreso. Quizá crea que solo está obligado a explicar qué es lo que está haciendo el Gobierno.

A eso le responderán cuestionando por qué todo eso no se ha hecho antes. Sánchez diría que los límites que marca la ley en cuanto a devoluciones le obligan a pedir más tiempo. Tiempo es algo que los ceutíes, y mucho menos la oposición, no están dispuestos a darle.

El presidente no se movió ni un centímetro de la posición del Gobierno de exculpar a Marruecos por la entrada de decenas de miles de marroquíes el 30 de julio. Eso le coloca en una evidente situación de soledad. No es extraño. Ni en la izquierda ni en la derecha hay grandes dosis de respeto por un sistema político como el marroquí. Es prácticamente una constante en la vida política española desde los años setenta: nada bueno puede venir del sur.

La defensa de Marruecos tuvo dos enfoques. El pragmático se basa en que necesitamos su colaboración. “Si no hay cooperación con Marruecos, esta crisis no se soluciona. Al contrario, se agravaría”, dijo Sánchez. Atacar a Rabat le daría votos, pero alejaría la solución. No puedes devolver a la gente al otro lado de la frontera sin la intervención del Gobierno vecino. Y luego está el asunto espinoso de que en Marruecos no es el primer ministro el que dirige el Gobierno, sino el rey Mohamed VI.

La oposición puede vivir en una dimensión paralela en la que España hace lo que quiere. “Todos los que han entrado en España de forma ilegal deben volver ya”, dijo el lunes Borja Sémper, portavoz del PP. La ley no permite el “ya” en el caso de los menores, pero en el PP pueden fingir que no es así.

Sánchez también dijo que no hay pruebas de la culpabilidad de las autoridades marroquíes: “Seguimos investigando qué pasó en Ceuta. El Gobierno tiene que actuar sobre datos, sobre hechos. Se vierten acusaciones muy graves, peligrosas y gratuitas”. En este punto, ni siquiera cuenta con el apoyo de sus socios en el Gobierno o en el Congreso, que no necesitan pruebas a las que no tienen acceso, solo deducciones. “Todo el mundo sabe que Marruecos sí tuvo una responsabilidad. Negarlo o esconderlo solo alimenta a PP y Vox, que aprovechan cada silencio para culpar a las víctimas”, dijo Nahuel González, de Sumar, en el Congreso.

El presidente y su Gobierno se atienen a la versión de que los responsables del estallido son “los bulos” y “las mafias”. No parece que mucha gente les haya comprado ese discurso. “¿Qué ganan las mafias si 80.000 personas entran en Ceuta?”, preguntó Aimar Bretos a Sánchez en la SER. Nadie pagó por pasar a Ceuta por el mar. Sánchez podría haberle respondido con el negocio que en teoría podrían hacer pasando a gente de Ceuta a la península. Prefirió responder a la pregunta con otra pregunta: “¿Y qué gana Marruecos?”. En su rueda de prensa, Sémper optó por el chiste –“le ha faltado culpar a Franco”– y por acusar al Gobierno de refugiarse en “la conspiranoia”.

El Gobierno asegura que va a crear 6.000 nuevas plazas para alojar en Ceuta a los migrantes, incluidos los menores. Sea porque sabe que no contará con el apoyo de los gobiernos autonómicos del PP o porque quiere mantener el perímetro de la crisis en esa ciudad, no quiere que ninguno pase a la península. Sería abrir otro frente de conflicto con la Comisión Europea.

Eso también enfrenta al PSOE con sus socios en el Gobierno. El Ministerio de Juventud quiere que se saque de Ceuta a los menores. La ministra Sira Rego lo cree imprescindible: “Quiero dejar clara una cosa que debería estar fuera de cualquier disputa partidista: las niñas y los niños no son invasores. Y los que han llegado solos son además víctimas de explotación o abuso”.

El PP y Vox elevarán la presión esta semana con concentraciones ante los ayuntamientos con el deseo proclamado de defender la españolidad de Ceuta y la intención última de continuar atacando al Gobierno. Sánchez tiene unos días para encontrar algún punto en común con sus socios antes del debate del Congreso. Llegar a ese día tan solo como lo está hoy no será una experiencia gratificante.