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Opinión - Vivir sobre un polvorín. Por Rosa María Artal

Farruquito: “Si nos empeñáramos en meterle el flamenco en la cabeza a los niños de mi familia, no funcionaría”

Farruquito junto a su hijo El Moreno, de 11 años

Alejandro Luque

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Parece que fue ayer cuando Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito (Sevilla, 1982) era un niño que bailaba delante de su abuelo, el gran Farruco, ante la cámara de Carlos Saura para el filme Flamenco. Ahora, desaparecido el abuelo y fallecido precozmente su padre, el llorado cantaor Juan Fernández Flores, Farruquito, ejerce como patriarca familiar y le toca dar la alternativa a su hijo, Juan El Moreno, que a sus 11 años ya está bastante fogueado en los escenarios a pesar de que su carrera no ha hecho más que empezar.

Poco antes de volar a Nueva York, donde participarán en el festival Legacy en memoria de Paco de Lucía, gran amigo de la familia, y con la vista puesta en el próximo festival de Jerez, padre e hijo atienden a elDiario.es Andalucía para explicar cómo se vive un fenómeno generacional como este. “Lo único que puedo decir es que en casa nos gusta el baile, nos gusta el flamenco y la música en general. Y los pequeños de la casa traen también su música. A El Moreno muchas veces le tengo que preguntar qué está escuchando, y hasta mi sobrina Soleá se arranca a cantar en inglés. Pero todo sucede de una forma natural. Si nos empeñásemos en meterle la música en la cabeza, no funcionaría. El arte es una cosa que tiene que salir. Pero quizá la clave es que somos una familia que hemos vivido siempre juntos”, asegura.

A su lado, El Moreno escucha y esboza una sonrisa tímida. La experiencia de bailar, dice, la vive “con mucha alegría, pero también con muchos nervios cuando estoy en escena. Bailar con mi padre es muy bonito, pero me doy cuenta de que soy un niño y ya estoy actuando con los mejores, y eso me da una gran responsabilidad”. La sonrisa se hace más amplia cuando se le pregunta si su padre, sus tíos bailaores (Farru, El Carpeta) y el resto de la familia le dan muchos consejos: “¡Muchos!”, exclama. “Lo más importante, que no olvide que esto lo hago para sentirme bien, para estar alegre y divertirme. Desde el principio me han enseñado que esto es un juego, pero que hay que bailar mucho si quiero estar en un puesto decente”, afirma el pequeño de 11 años.

El estudio primero, el baile después

“Lo único que puedo transmitirle es lo que me han transmitido a mí”, interviene su padre. “En el momento en que él decide que quiere ser bailaor, comienza la parte más dura, porque hay que formarse, conocer bien el flamenco… Lo que me han dicho siempre mis mayores. Y sí, yo también me he visto de niño yendo a festivales, encontrándome con los artistas más grandes y pasando miedo antes de salir a escena. Pero el miedo se pierde trabajando”, enfatiza Farruquito.

Por otro lado, El Moreno afirma con orgullo que en el colegio las cosas van tan bien como en su vida artística. “No bajo de 9 y de 10”, proclama, al tiempo que añade que su asignatura favorita son las matemáticas. Y desde luego los números deben de dársele bien, solo de pensar en los compases que tiene en su cabeza un bailaor profesional. Su padre asiente: “Él es un niño que tiene claro que los estudios son lo primero y el baile viene después”.

Sus bailaores favoritos son más bien ortodoxos, como José Maya, Pepe Torres, Alfonso Losa, El Yiyo… “Además del flamenco escucho salsa, pop, de todo. Me gusta el baile, pero también tocar el cajón, la guitarra… Hasta compongo algunas letras. Pero de mayor, cuando me jubile, quiero dedicarme a producir”, comenta, y el padre ríe dándole la razón: “Las sesiones del ProTools [programa informático de producción musical] me las vuelve locas. Le encanta investigar”.

La memoria de Paco

Entre broma y broma, lo serio: un calendario de 2024 lleno de citas importantes. La primera, recordar a Paco de Lucía en el Carnegie Hall de Nueva York este día 20, junto a una treintena de compañeros. “Yo quería al maestro antes de conocerlo”, asevera Farruquito. “Ha vivido en mi casa desde que tengo uso de razón, ha sido una banda sonora que nos ha acompañado desde que mi abuelo coincidió con él en la compañía de José Greco. Y la primera vez que nos encontramos vi su personalidad, aquella humildad que tenía siendo el más grande… Luego mi hermano Farru estuvo tres años de gira con él, y nos contaba tantas cosas. No solo sentimos admiración por él, para nosotros Paco ha sido un referente, un guía, una luz en la que todos nos hemos visto reflejados. No vamos a homenajearlo, vamos a dejar un cachito de nuestro corazón allí por él”, asevera.

Nada más regresar, literalmente, les espera en España el ensayo general de Alma Nueva, un montaje que se presentó una sola vez en el festival de Mont de Marsan, por lo que su paso por el Festival de Jerez será prácticamente un estreno. La semana siguiente les espera Hong Kong, y más adelante Albuquerque, Nuevo México. Como guinda, otro estreno en la Bienal de Sevilla, en concreto en el Teatro de la Maestranza, a lo que se sumarán otras fechas en el Palau de Barcelona, en Cornellá, en el Festival de Lo Ferro… “Somos unos privilegiados porque tenemos muchos proyectos”, afirma Farruquito. “Además, estamos casi acabando de grabar un documental, que todavía no tiene título”, avanza el arista.

El Moreno asegura que no lleva mal tantos viajes. Nueva York le gusta, pero ya no le impresiona tanto porque precisamente debutó allí con 5 años. En cuanto a sus hermanas, comenta que “son pequeñas todavía, así que un día bailan, otro día quieren cantar, otro dicen que van a ser nuestro mánager, otro que se van a dedicar a la producción; van a la peluquería y quieren ser peluqueras, para los Reyes Magos pidieron un juego de uñas y quieren ser manicuras…”

Solo él, al parecer, tiene ya bastante claro por dónde irá su rumbo artístico. Y aunque ya ha llegado más lejos que muchos bailaores veteranos, sus sueños apuntan alto: “Me gustaría bailar en la Super Bowl con Bruno Mars”. Farruquito, a la diestra, le pregunta: “Me llevarás de palmero, ¿no?”

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