Si tú te vas
Sobre este blog
Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.
Dios nos libre del día de las alabanzas, reza el dicho popular. Es una mierda escribir de alguien porque se muere. Pero, tristemente, ha llegado el momento para Rafael Amador, el compositor, cantante y guitarrista sevillano que definió junto a su hermano Raimundo y a Kiko Veneno la fusión perfecta entre el flamenco gitano y el rock más salvaje. El artista calé falleció este 8 de febrero, domingo, a los 65 años. Se ha ido a una edad temprana pero castigado por una vida de la que, durante décadas, bebió a morro hasta engolliparse.
En Veneno primero y como la mitad más creativa de Pata Negra después, Rafael cantó, creó y mezcló con la base de su tradición familiar flamenca pero llevado por la energía, la rabia y el ritmo del blues y el rock que les encandiló a él y a Raimundo en la adolescencia.
Sus letras, puro surrealismo, trabajadas en muchos casos con Kiko o con Ricardo Pachón, destilan una visión salvaje y gamberra de una ciudad que ya no existe, que ellos recorrieron desde muy niños como músicos callejeros entreteniendo a turistas y visitantes. “Sevilla tiene dos partes, dos partes bien diferentes; una la de los turistas y otra donde vive la gente”, cantan los hermanos Amador en el Rock del Cayetano, de 1986. ¿Se puede hacer un diagnóstico mejor de la capital andaluza con cuatro décadas de anticipación?
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