La portada de mañana
Acceder
El Congreso estudia expulsar a los agitadores Quiles y Ndongo permanentemente
La derechización andaluza en una década: de feudo de izquierda a mayoría del PP
Opinión - 'El arte de mediar (a propósito de unas ratas nadadoras)', por A. Garzón

Ana Requena presenta 'Provida', su nuevo libro: “El derecho al aborto nos da la autonomía para decidir sobre nuestros proyectos vitales”

Virginia Sarabia

13 de mayo de 2026 22:12 h

0

“Provida es el término del que se han apropiado los sectores que están en contra del derecho al aborto. Es el momento de cuestionar por qué se han apropiado de él”, expresaba Ana Requena Aguilar en la presentación de su nuevo libro, precisamente titulado Provida: un manifiesto a favor del aborto. La también periodista y escritora argentina Luciana Peker ha acompañado a la redactora de elDiario.es en el evento, donde han conversado sobre qué es realmente ser provida, por qué el discurso sobre la maternidad va unido al capitalismo, cómo se sienten realmente las mujeres que pasan por un aborto y si se aplica realmente este derecho en España.

“Ser provida es defender nuestro derecho a decidir sobre nuestros proyectos de vida”, ha definido Requena, que ha recordado que ya las feministas en los 80, cuando empezaron los debates para legalizar el aborto, decían que no podía ser “que estos sectores conservadores se arroguen la defensa de la vida cuando no se preocupan en sostener la vida”. “La vida hay que sostenerla, y preferiblemente no sufriendo. Para eso hay que hacer cosas, no dejar a la gente a su suerte”, ha afirmado. Y quienes “no se preocupan por las personas, no están defendiendo la vida”.

“La vida la defiende el feminismo, para que las vidas sean dignas, con derechos para todo el mundo”. La periodista ha criticado que los que se definen como “provida” luego “son los mismos que dicen que no podemos reducir la jornada laboral para trabajar menos, vivir mejor y cuidar mejor, que se oponen a que existan prestaciones universales, a que existan más permisos... Son la gente que después recorta en Dependencia”, ha resumido, para poner de ejemplo al Gobierno de Rajoy. “Se llaman provida, pero después a los menores no acompañados, a esas vidas, las llaman MENAS, unas siglas que deshumanizan”. La autora ha rechazado que puedan definirse así quienes crean que las vidas de las mujeres “puedan ser decididas desde otro lugar”.

La negación del derecho al aborto también lo es de la libertad sexual y del placer para las mujeres, ha señalado Peker. Requena ha coincidido: “No tener derecho al aborto es un castigo, es decir 'tú te lo has buscado', es una represión del goce, de la libertad sexual”. La argentina recordó al concejal de Vox en Castelló que dijo: “La mujer que aborta podría haberlo decidido antes de tener el orgasmo que le provoca el hijo”, lo que Requena calificó de “pura misoginia e ignorancia”, al estilo de frases que suenan a otra época, como “pues no haber abierto las piernas”. “Se hizo un totum revolutum de orgasmo y embarazo. Ojalá ambos coincidieran, pero sabemos que no es así”, bromeó.

La estigmatización e infantilización de las mujeres se mantiene en esto. También la culpabilización, en este caso por querer recibir placer, ha explicado Requena: “Nos despojan de nuestra capacidad de decidir y mandan el mensaje de que las mujeres somos irresponsables, que solo queremos pasarlo bien y no tener consecuencias. Y parece que la única manera de ser responsable es tener ese hijo, pero ser responsable también es decidir interrumpir ese embarazo y no tener un hijo” si esa mujer considera que eso es lo más adecuado para su vida.

La autora ha recabado testimonios de mujeres que han abortado, todas las cuales le han pedido anonimato por miedo, de nuevo, al estigma que permanece. “Una manera de acabar con eso es atrevernos a contarlo, y los hombres a escuchar y a pedir saberlo. Tienen que interesarse por nuestras experiencias”, ha sugerido. También se ha encontrado con que “no hay una manera sola de comportarse ante un aborto”, pues cada mujer lo vive de una forma: “A algunas les acompaña toda su vida, para otras es un recuerdo sin más, para otras es gratificante porque sienten que pudieron decidir sobre sus vidas...”. Ese es el factor común que ha visto en todas: “la liberación de haber podido tomar la decisión”.

Sin embargo, cuando una mujer decide abortar en España a partir de la semana 22, habitualmente por malformaciones del feto que lo hagan inviable, pese a tener el derecho de hacerlo, se encuentra muchas veces con que su comunidad autónoma le pone trabas. “Tienen que pasar por un comité bioético, que nombra cada comunidad” y está formado por profesionales, explica, los cuales no siempre son proclives a aprobar abortos. Eso hace que muchas mujeres activen el protocolo en dos comunidades a la vez para intentar que alguna se lo conceda pero, de no ser así, muchas se han visto forzadas a abortar en el extranjero, por ejemplo en un “exilio” en Bruselas “en condiciones muy dramáticas”, pues se trataba de “embarazos deseados”.

Peker ha lamentado que en Argentina se tardó en conseguir una ley del aborto y que otros países que aún no la tienen condenan incluso a las mujeres que sufren abortos espontáneos, como El Salvador, donde son encarceladas y llevadas a juicio, donde siempre se las condena, por haber perdido al bebé que esperaban sin haber hecho nada para ello. “Por supuesto, en esos países hay un sesgo de clase, pues las mujeres a las que les sucede eso pueden ir a un centro privado, donde las protegen”, ha señalado Requena, que ha explicado también cómo Irlanda llegó a tener una legislación que admitiera el aborto después de que los médicos dejaran morir a una mujer embarazada que buscó asistencia por tener sepsis en la placenta, aún con latido fetal. “El feto ya no era viable, pero como la legislación decía que no puede haber aborto, dejaron allí a la mujer hasta que paró el latido”, pero la septicemia había avanzado y acabó con su vida. “Gracias a ese caso, la población se movilizó, el feminismo consiguió que su discurso calara más y unos años después se aprobó esa legislación”.

Esa situación ocurre actualmente en Estados Unidos: “Estuve en Miami y pude hablar con mujeres que estaban organizando la resistencia, redes de cuidados para las mujeres que tuvieran que abortar y que hablaban de que cómo algo que parecía consolidado de un día para otro se esfumó”, relata la periodista.

Requena también ha citado a Silvia Federici (“El cuerpo de las mujeres es la última frontera del capitalismo”) para explicar cómo “la predisposición [de las mujeres] a cuidar no existe”. “No nacemos así, lo aceptamos porque desde pequeñas nos socializan para que todos creamos que lo mejor que podemos hacer las mujeres es cuidar y que lo mejor que pueden hacer los hombres está fuera del hogar”, ya que el sistema necesita que las mujeres sean madres: “El útero acaba siendo visto como una maquinaria al servicio de la reproducción del sistema y de la mano de obra, y el sistema necesita tener el control sobre esto”, ya que “para mantener esos cuidados que no se pagan necesitamos que la población crea que las mujeres estamos predispuestas a cuidar mejor”.

Mientras, en España no se ha blindado en la Constitución el derecho al aborto. “No daban los votos. El PP ya dijo que no iba a estar a favor”, explicaba la autora. “Con Feijóo parece que no pueden no defenderlo, pero como prestación sanitaria, no como un derecho”. Sin embargo, “la derecha en otros países sí que ha apostado por el aborto, por legislaciones garantistas”, por ejemplo en Francia, “donde se aprobó el aborto con una mayoría en la que también había diputadas de derechas”.