El Gobierno reconoce y pide perdón a las víctimas de los reformatorios para 'inmorales' de Franco: “El Estado os falló”

Marta Borraz

20 de marzo de 2026 12:49 h

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Han pasado más de cuatro décadas desde que cerrara el último centro y medio siglo desde el fin de la dictadura que creó y mantuvo el Patronato de Protección de la Mujer, la institución represora más longeva del franquismo. Son los años que han tenido que esperar las mujeres que pasaron por estos reformatorios para chicas 'inmorales' para recibir una reparación pública oficial. Este viernes el Gobierno ha celebrado por primera vez un acto en el que ha pedido perdón y ha reconocido la represión específica que sufrieron estas mujeres, encerradas en estos centros sin un juicio ni garantías, sometidas a duras condiciones de vida y aislamiento para intentar “reeducarlas” en línea con los mandatos del régimen.

Durante el acto, celebrado en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, 53 víctimas han recibido declaraciones de reparación y reconocimiento personal en las que se acredita la “represión y violencia” que fue ejercida contra ellas por el Patronato, que empezó a funcionar en 1941 y sobrevivió al dictador, cerrando ya entrada la democracia, en 1985. El acto ha sido impulsado a tres bandas por los ministerios de Igualdad, Política Territorial y Memoria Democrática y Justicia, coordinados por el Comisionado de los 50 años de España en libertad, que fue creado el año pasado en torno al medio siglo de la muerte de Franco pero que continúa su actividad. 

Las víctimas, largamente ovacionadas por el público, han subido al escenario a recoger los documentos de manos de los secretarios de Estado de Igualdad, Justicia y Memoria Democrática debido a la ausencia de Ana Redondo y Ángel Víctor Torres, los ministros de Igualdad y Memoria Democrática. Estaba previsto que los dos acudieran al acto, pero se han ausentado por el retraso en la celebración del Consejo de Ministros extraordinario de este viernes por la guerra de Irán.

Las palabras del ministro de Justicia, Félix Bolaños, sí han estado presentes en el acto a través de un vídeo grabado previamente por tener previsto este viernes estar en el Vaticano junto a los Reyes. “El Estado os falló. Perdón y gracias”, ha reconocido el ministro antes de aceptar la “vergüenza” que le provoca que el Patronato de Protección a la Mujer dependiera del ministerio que lidera y que su actividad se extendiera más allá de la muerte de Franco. Ante ello, Bolaños ha avanzado que colocará una placa en la sede del ministerio que “recuerde el horror que os hicieron pasar” en los centros.

En lugar de la ministra Ana Redondo, la secretaria de Estado de Igualdad, María Guijarro, ha reconocido en su intervención que el sufrimiento de las víctimas “no fue un hecho menor, si no una vulneración de derechos humanos” y ha dado las gracias a las mujeres. “Hoy el Estado os mira de frente, os reconoce, os devuelve la palabra que nunca debió ser arrebatada”. También el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, ha leído el discurso que estaba previsto que diera Ángel Víctor Torres, en el que ha asumido que el Gobierno “llega tarde”, pero ha apuntado a que “mientras el Gobierno progresista siga en pie, seguiremos defendiendo los derechos de las víctimas y sacando a relucir la verdad”.

“Os tenemos que reconocer como víctimas”

El Patronato, presidido por Carmen Polo, la mujer de Franco, fue el encargado de vigilar y controlar la conducta social de las adolescentes, para lo que dispuso de una red de centros regentados por congregaciones religiosas en los que confinaba a las jóvenes “caídas o en riesgo de caer”, según la terminología del régimen. “Os tenemos que reconocer como víctimas de la dictadura públicamente y nos ponemos a vuestra disposición”, ha afirmado Félix Bolaños en el vídeo, proyectado justo antes de que las mujeres subieran el escenario a recibir los documentos que lo acreditan.

La emoción ha sido la tónica dominante durante la entrega de las declaraciones a las mujeres, varias de las cuales han dado las gracias a Consuelo García del Cid, una de las reconocidas y cuya investigación ha sido clave para denunciar lo que ocurrió en los centros. “Aunque pone víctimas, ahora ya somos supervivientes”, ha dicho otra de las mujeres al recibir el documento. Ocho de las 53 homenajeadas han preferido no subir al escenario a recogerlo y tres de ellas han intervenido al final del acto para reclamar medidas al Gobierno y a las órdenes religiosas que gestionaron los centros y siguen activas.

“La democracia nos debe diez años de vida”, ha dicho García del Cid en referencia a los diez años que en democracia estuvo funcionando el organismo. La escritora ha reclamado a las congregaciones que abran sus archivos para que las mujeres puedan acceder a sus expedientes y hagan públicos los libros de contabilidad “donde constan los ingresos de cada taller de trabajo sostenido con mano de obra esclava”. “Estuvimos presas sin haber cometido ningún delito y fuimos marcadas para los restos”, ha señalado García del Cid, que ha denunciado que las órdenes religiosas “son hoy ONG que viven del dinero público”. “Verdad, justicia y reparación” ha sido el lema que han coreado todas las homenajeadas al final de las intervenciones.

El acto, conducido por la historiadora Carmen Guillén, ha reconocido el “paso importante” que supone el reconocimiento para que “el silencio que durante décadas trató de ocultar” lo que supuso el Patronato de Protección de la Mujer “se rompa”. “Pero no es el final del camino, es un punto de partida, un impulso para seguir investigando, para abrir archivos y avanzar en la puesta en marcha de una comisión de investigación” que tiene entre sus planes iniciar la Secretaría de Estado de Memoria Democrática. Además, este viernes el Boletín Oficial del Estado ha publicado el expediente de incoación para declarar Lugar de Memoria Democrática el Patronato de Protección de la Mujer.

La historiadora, autora del recién publicado Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer (Crítica), ha explicado que el Patronato de Protección a la Mujer fue “un dispositivo oficial” que durante más de cuatro décadas “privó a miles de mujeres de libertad” y dio lugar a prácticas “marcadas por abusos, trabajos forzados, separación de las familias y graves vulneraciones de derechos humanos”. Las consecuencias y efectos de ello “siguen presentes en muchas mujeres” que hoy, más de 40 años después, están tomando la palabra para contar lo que sufrieron y sacar del olvido un tipo de represión “que durante demasiado tiempo quedó fuera de la mirada pública”.

Difícilmente la institución podría haber llevado a cabo sus fines sin las órdenes religiosas que regentaban los reformatorios, que tenían un papel crucial. Eran las monjas las que los dirigían y marcaban las duras condiciones de vida del día a día, según han narrado las víctimas, que eran encerradas sin haber cometido ningún delito. Aunque los había más y menos duros, en general en los centros lo habitual era el silencio y la disciplina, la oración y el trabajo. El objetivo era “reeducar” a las jóvenes. El pico máximo de internas se alcanzó en 1961, con 3.360 adolescentes. Entre las congregaciones más activas estaban las Adoratrices o las Oblatas del Santísimo Redentor.