Reclamar tu espacio en el bus o no llamar 'loca' a una mujer: microfeminismos para combatir el machismo en el día a día
Reclamar tu espacio en el transporte público cuando un hombre lo invade con sus piernas abiertas. Reconocer las aportaciones de las mujeres y retomar la palabra para ellas cuando las interrumpen en reuniones. Leer más libros de autoras. Hablar en femenino plural. Hacer explícito que tienes la regla y no ir a hurtadillas al baño con un tampón medio escondido ni disimular una mancha de sangre. Son gestos cotidianos con los que muchas mujeres ejercen el feminismo en su vida diaria y para los que, en los últimos tiempos, se ha popularizado un término: microfeminismos. Si los micromachismos sirvieron para sacar a la luz el machismo cotidiano que estaba totalmente normalizado, los microfeminismos buscan, en cambio, visibilizar los gestos y acciones diarias con los que las mujeres se rebelan contra los mandatos de género y contra el machismo que encuentran en su día a día.
El término empezó a popularizarse hace tiempo: bajo la etiqueta de microfeminismos, muchas mujeres comenzaron a compartir en redes sociales sus acciones de feminismo cotidiano. Mar Llanos, creadora de la comunidad Adultas Contemporáneas en Instagram, a la que siguen decenas de miles de mujeres, publicó el pasado febrero un post con los microfeminismos que practica: no reírse de chistes machistas, decir 'no puedo' sin tener justificarlo con una larga explicación, no competir con otras mujeres para gustarle a un hombre, no aplaudir a un padre por hacer lo mínimo, no llamar 'loca' a una mujer enfadada, corregir cuando alguien utiliza el término feminazi, no hacerse la tonta para no incomodar o no poner en duda la versión de una mujer solo porque el hombre le cae bien.
“Esta es comunidad muy activa y siento que es así, en comunidad, escuchando a otras y viendo sus experiencias, como una se puede empoderar. He visto de manera muy clara que gracias a eso otras mujeres han identificado comportamientos machistas o violencias a las que no sabían ponerles nombre. Al final, en tu día a día, puedes optar por tomar decisiones poniéndote las gafas violetas, de manera feminista, o actuar en modo piloto automático. El término microfeminismos me parece muy útil porque ayuda a reconocer a las mujeres que esos gestos significan algo, que tienen una trascendencia y que tienen repercusión sobre otras mujeres y sobre la sociedad”, reflexiona Mar Llanos. De todos los comentarios que recibió con los microfeminismos que practican las mujeres que siguen su cuenta, destaca uno: una profesora que relataba cómo, cuando una niña o niño se ponía enfermo, avisaba en primer lugar al padre y no a la madre, como manera de subvertir esa idea tan asentada de que son ellas las encargadas principales de los cuidados, mientras ellos se dedican a otras tareas.
La periodista y escritora feminista Nuria Varela recuerda que el feminismo tiene tres vertientes: la teoría política, el movimiento social y la ética, la manera de estar en el mundo. “Todos esos comportamientos formarían parte de esa manera de estar el mundo. Son comportamientos habituales de mujeres feministas. No hay empoderamiento individual, es para todas o para ninguna, no te puedes empoderar tú sola”, explica. Varela cree que combatir el machismo y pelear por la autoridad y los derechos que se le niega a la mitad de la población pasa por cultivar el respeto entre mujeres y por desterrar la misoginia de las vidas cotidianas.
“Me gusta decir que el feminismo empieza por una misma, a veces no se entiende muy bien esto, pero tiene que ver precisamente con cómo lo incorporas a tu vida y no solo en relación a los demás, sino en relación a ti, a cómo enfrentamos los estereotipos, a cómo rechazamos los mandatos patriarcales, a cómo nos cuidamos...”, prosigue. Aunque Varela da la bienvenida a cualquier forma de divulgación o popularización de las actitudes feministas, prefiere hablar de una ética cotidiana feminista, de esa forma de estar en el mundo.
Cómo hablarle a niñas y niños
“En las reuniones de mi comunidad de vecinos prestan más atención a un hombre cuando habla y no hacen ni caso si interviene una vecina, así que yo me siento en la primera fila y cuando pido la palabra me pongo de pie y me giro para hablar mirándolos a todos y que no tengan más remedio que atenderme”, cuenta Pilar. “Cuando me presentan a algún hombre por primera vez, siempre adelanto la mano para estrecharla con energía. Esto no siempre me evita los desagradables dos besos de algunos 'señoros', pero, a veces, consigo mantenerme rígida y evitar el mal trago”, aporta Marta.
“No me aparto cuando mi trayectoria se cruza con la de un hombre en el espacio público, sigo mi camino”, dice Nela. Ánxela pone énfasis en los microfeminismos que tienen que ver con cómo decimos las cosas: “Cuando hablo de las selecciones nacionales deportivas pongo la coletilla de 'masculina' si me refiero a la de los chicos para hacer entender que no hay una selección nacional de fútbol, por ejemplo, sino que tiene dos por cada categoría. Por otro lado, si me refiero a una mujer que no se ha incorporado al mercado laboral o que ha renunciado a él para asumir cuidados, crianza, etc., nunca digo 'no trabaja', digo 'no trabaja fuera de casa'.
Los microfeminismos también están en la manera de dirigirse a niñas y niños, por ejemplo, reconocerle a ellos cuando son empáticos y cuidadosos y reforzar en ellas cualidades como la inteligencia o la destreza, para cambiar la socialización típica de género que nos llega desde edades muy tempranas. O en las conversaciones laborales, como sucede cuando se hacen explícitas las necesidades de conciliación: “No puedo hacer la reunión a esa hora, tengo que recoger a mi hijo del colegio” es una manera de hacer visibles los cuidados, de hacer ver que el empleo tiene que dejar espacio a los cuidados“.
Hay muchos más ejemplos de microfeminismos. Sostener los silencios incómodos o no sonreír cuando se espera de ti que, como mujer, seas amable, complaciente y contribuyas a generar un buen ambiente. Depilarte cuando quieres y no sistemáticamente. Hacerles preguntas a los hombres que solo suelen hacerse a las mujeres, como ¿con quién están tus hijos?
Lo que sucede en las parejas
Luisa Martín es doctora en Sociología y autora de Algunas mujeres normales (Universo de letras), un libro que bebe de su tesis doctoral y en el que la experta trata de definir los microfeminismos como acciones que las mujeres ejercen dentro de sus parejas heterosexuales para reaccionar a los comportamientos de control y poder del otro. “El objetivo era estudiar el empoderamiento de las mujeres dentro de las parejas heterosexuales, analizar esas pequeñas piedras que construyen el muro del empoderamiento. Empoderamiento significa ganar poder, y se gana poder a costa de combatir los intentos de poder y control del otro sobre ti. Los microfeminismos buscar ganar independencia y autonomía”, explica Martín, que justifica el uso del prefijo micro porque en sociología implica atender a la unidad de análisis más pequeña: la relación entre dos personas.
Para definir su concepto de microfeminismos, la socióloga utilizó el de micromachismos entendidos como los comportamientos con los que sus parejas desplegaban intentos de control y poder sobre ellas en el día a día, por ejemplo, buscar la manera de que ellas se empequeñecieran y acabaran plegándose a las necesidades, demandas o ritmos de ellos, utilizando los reproches para generar culpa o victimizándose. “Los microfeminismos no son aleatorios, son respuestas a los micromachismos, son acciones con las que se responde de manera intencionada a una acción machista previa”, subraya. En su libro los clasifica en tres tipos: encubiertos —no hay un enfrentamiento directo hacia el comportamiento, sino un intento de que el otro entienda lo que ha hecho—, de independencia —te reafirmas e interpelas aunque suponga un conflicto— y de integración —intentos de involucrar a los hombres en las tareas que se atribuyen típicamente a las mujeres—.
No todas las mujeres que entrevistó se consideraban feministas (algunas de ellas, incluso, rechazaban definirse como tal) o identificaban los comportamientos de su pareja como machismo, pero independientemente de eso, señala la experta, sus relatos sí eran feministas, es decir, reaccionaban con gestos que buscaban llevar el feminismo a su realidad.
“El feminismo es una teoría crítica tan controvertida que la primera disputa empieza por su propio nombre. Eso significa que a muchas mujeres les cuesta identificarse como feministas aunque su manera de estar en el mundo lo sea. Se llame como se llame, todo lo que está detrás de esa idea es positivo porque nos hace la vida más fácil y porque va cambiando la mirada de la sociedad, el comportamiento público, cambia dinámicas y probablemente también consiga acabar con estereotipos”, concluye Nuria Varela.