Los análisis científicos colocan la espada de Nördlingen bajo un sincrotrón y aparecen secretos de la Edad del Bronce
Las armas metálicas antiguas no se limitaban a cortar o perforar. Muchos artesanos dedicaban tiempo a embellecerlas mediante marcas, incisiones o inserciones que cambiaban el aspecto del metal. Esas técnicas decorativas en las espadas podían implicar líneas grabadas, piezas de otro metal incrustadas o tratamientos químicos que alteraban el color de la superficie.
El resultado buscaba que ciertos detalles resaltaran cuando la luz caía sobre la pieza. Además, ese trabajo exigía precisión porque cualquier error podía arruinar una hoja costosa. Esa necesidad de entender cómo se lograban esos efectos explica el interés actual por estudiar ejemplos antiguos con herramientas modernas.
Científicos alemanes analizaron una pieza milenaria hallada en Baviera
Un equipo examinó en Berlín una espada de bronce de unos 3.400 años encontrada en Nördlingen, en Suabia, y logró aclarar tanto la forma en que se unían sus piezas como el material usado en su ornamentación. La pieza pertenece a un grupo raro de armas de sección octogonal conocido en el sur de Alemania. El trabajo, impulsado por la Oficina Estatal de Baviera para la Conservación de Monumentos, se realizó junto al Helmholtz-Zentrum Berlin y al Instituto Federal de Investigación y Ensayo de Materiales.
La espada apareció en 2023 dentro de una tumba excavada en Nördlingen. Su estado sorprendió a los especialistas porque varias zonas todavía muestran brillo metálico. El filo conserva una forma definida y la empuñadura presenta ranuras profundas dispuestas en patrones geométricos. Esos surcos llamaron la atención porque parecían albergar otro metal incrustado. El conjunto mantiene una nitidez poco habitual para un objeto tan antiguo.ç
Para estudiar la pieza sin dañarla, el equipo utilizó métodos de exploración que permiten observar el interior sin retirar material. Los investigadores generaron imágenes internas del arma con radiación capaz de atravesar el metal. También aplicaron técnicas que identifican los elementos presentes en la superficie.
Parte de esos análisis se realizó en la instalación BESSY II de Berlín, una fuente de radiación sincrotrón donde especialistas del Instituto Federal de Investigación y Ensayo de Materiales examinaron el objeto mediante fluorescencia de rayos X. Con ese conjunto de pruebas fue posible examinar estructura, composición y tensiones internas sin cortar la pieza.
Los análisis revelaron hilos rojizos colocados dentro de ranuras
Las ranuras de la parte superior contenían un material distinto al del cuerpo del arma. A primera vista parecía estaño, un metal más blando que suele emplearse en trabajos de ornamentación. El análisis reveló otra cosa. El físico Martin Radtke explicó el procedimiento durante el examen del objeto y afirmó que “irradiamos la superficie con una fuente intensa que hace que los átomos emitan señales características que permiten reconocer cada elemento”.
Los resultados indicaron que los motivos se formaban con hilos de cobre colocados en los surcos. Solo aparecieron pequeñas trazas de estaño y algo de plomo asociado a la aleación del propio bronce. La restauradora Beate Herbold describió la sorpresa que causó ese resultado tras observar el acabado del arma.
Según explicó, “yo esperaba que el adorno se hubiera realizado con estaño porque es más blando y más fácil de trabajar que el cobre”. Sin embargo, el uso de ese metal más duro sugiere un trabajo cuidadoso. Los investigadores creen que el cobre rojizo pudo oscurecerse de forma química para que destacara frente al tono dorado del bronce.
La exploración interna mostró cómo se fijó el mango
Otra parte del estudio buscaba entender cómo se unía la empuñadura con la hoja. El arqueólogo Johann-Friedrich Tolksdorf indicó que la exploración interna permitió ver ese detalle y señaló que “la hoja continúa dentro del mango mediante una prolongación que se fijó con remaches”. Ese sistema sujetaba firmemente ambas partes. La definición de las imágenes incluso permitió reconocer huellas dejadas por herramientas usadas durante el acabado.
Los especialistas también examinaron la estructura interna del metal para reconstruir el proceso de fabricación. La investigadora Manuela Klaus explicó que cada etapa del trabajo deja señales detectables en el material y afirmó que “los cambios en la red cristalina muestran si el metal se calentó, se martilleó o se enfrió de forma brusca”. Ese análisis ayuda a reconstruir la secuencia de operaciones realizadas por los artesanos.
El equipo todavía revisa los datos obtenidos durante las pruebas. Los primeros indicios apuntan a que la espada se fabricó en el sur de Alemania, una zona donde aparecieron muchas armas de este tipo durante la Edad del Bronce. Los investigadores esperan determinar si procede de un taller concreto.
El curador general de la oficina bávara, Mathias Pfeil, explicó el alcance del trabajo y señaló que “solo cuando un hallazgo se estudia con métodos científicos se convierte en una fuente real de conocimiento”. El examen, por lo tanto, continúa mientras los especialistas comparan la pieza con otros objetos similares encontrados en la región.