El ADN de leones de las cavernas revela cruces con leones modernos durante las glaciaciones
Las marcas de mordida sobre una carcasa podían desencadenar disputas feroces entre grandes carnívoros. Un superdepredador ocupaba la parte más alta de la cadena alimentaria porque tenía fuerza suficiente para capturar grandes presas y para defenderlas frente a rivales. En ecosistemas ricos en fauna de gran tamaño, la competencia solía llegar de otros cazadores capaces de abatir animales similares o de aprovechar los mismos recursos.
Esa rivalidad afectaba al acceso a la comida, al territorio y a las rutas de desplazamiento. Por eso, un gran felino de la Edad de Hielo habría tenido que medirse con otros depredadores poderosos que perseguían objetivos parecidos dentro del mismo entorno.
Cell presentó a Panthera spelaea como una especie distinta
La imagen tradicional del león de las cavernas ha cambiado gracias a una investigación publicada en Cell. El trabajo, desarrollado por científicos del Centro de Paleogenética de la Universidad de Estocolmo junto con especialistas de otras instituciones, concluye que Panthera spelaea no era una variante robusta del león actual. Los análisis de ADN muestran que se trataba de una especie diferenciada, con una trayectoria evolutiva propia que comenzó hace más de 1,7 millones de años.
Esa nueva visión también ayuda a entender mejor su desaparición. Los datos genéticos indican que el león de las cavernas conservaba una diversidad apreciable poco antes de extinguirse hace entre 13.000 y 14.000 años. Love Dalén, catedrático de la Universidad de Estocolmo y autor del estudio, explicó que la desaparición de la especie no parece asociada a una degradación genética prolongada.
Según el investigador, la reducción de las presas durante los cambios ecológicos que acompañaron el final de la última glaciación ofrece una explicación más probable. El trabajo añade otro elemento llamativo: la situación genética y demográfica del león africano actual resulta más delicada que la que mostraban aquellos felinos poco antes de desaparecer.
Una cachorra hallada en Siberia aportó material decisivo
Sparta fue el hallazgo que dio rostro al estudio, pero el avance real llegó al sacar su ADN del aislamiento. La cachorra apareció en Siberia en 2018 con una conservación extraordinaria tras unos 32.000 años atrapada en el permafrost. A partir de ahí, los investigadores ampliaron la mirada hacia otros ejemplares procedentes de Austria, Siberia, Asia central y Yukón.
Esa serie de genomas cubría más de 100.000 años y ofrecía una base inédita para estudiar al león de las cavernas. El resultado permitió reconstruir la historia de la especie con una escala que hasta ahora no se había alcanzado.
Los resultados modifican estimaciones anteriores sobre el origen de la especie. Durante años se pensó que la separación entre los leones modernos y los leones de las cavernas había ocurrido hace unos 500.000 años. El nuevo análisis sitúa esa divergencia en más de 1,7 millones de años.
David Stanton, investigador de la Universidad de Cardiff y primer autor del trabajo, señaló en una nota de prensa que los genomas revelan “un linaje que lleva más de un millón de años evolucionando de forma independiente, acumulando sus propias características biológicas únicas”. Esa larga separación sitúa a ambos grupos en ramas distintas del árbol evolutivo.
La comparación con especies actuales ayuda a entender la magnitud de la diferencia. En declaraciones recogidas por EL PAÍS, Love Dalén explicó que “era una especie separada, más o menos como el lince ibérico y el lince euroasiático; son distintas especies, que también se cruzan ocasionalmente”.
El registro fósil y el arte rupestre ya apuntaban algunas peculiaridades. Los machos representados en cuevas como Chauvet y Lascaux parecen carecer de melena, mientras que el tamaño corporal superaba al de muchos leones actuales.
Las glaciaciones acercaron poblaciones que vivían alejadas
Pese a esa larga historia independiente, los dos linajes mantuvieron contactos esporádicos. El estudio detectó señales de hibridación que dejaron entre un 3% y un 4,4% de ADN procedente de leones modernos en algunos genomas de leones de las cavernas. Los investigadores observaron además que esas señales aumentaban durante las glaciaciones.
Cuando la tundra avanzaba hacia el sur, los desplazamientos de los ecosistemas acercaban a poblaciones que normalmente permanecían separadas. Entre los protagonistas de esos encuentros figuraban los leones mesopotámicos del sudoeste asiático, desaparecidos durante el siglo XX.
La evolución en ambientes fríos dejó rastros reconocibles en el genoma. Los científicos identificaron 33 mutaciones exclusivas de Panthera spelaea. Muchas aparecen en regiones relacionadas con el cerebro, la visión, el crecimiento corporal y el sistema circulatorio. Dalén precisó que todavía no puede afirmarse que todas representen adaptaciones demostradas, aunque encajan con la vida en paisajes muy fríos y marcados por fuertes cambios estacionales.
La investigación también reveló una movilidad sorprendente. Los análisis genéticos muestran intercambios entre poblaciones repartidas por enormes distancias, desde Europa hasta Siberia y Asia central. Esa circulación de genes mantenía conectados territorios separados por miles de kilómetros. En Norteamérica apareció además una señal genética diferente que podría relacionarse con otro gran felino extinguido, Panthera atrox. Todavía faltan datos para confirmarlo, pero la posibilidad sugiere que parte de la historia evolutiva de estos superdepredadores permanece oculta en linajes desaparecidos hace miles de años.
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