Demandó a su exmarido por apropiarse de sus cuadros y el juez los obligó a pintar en el juicio: la increíble historia de Margaret Keane

Amy Adams interpreta a Margaret Keane en la película 'Big Eyes' (2014), dirigida por Tim Burton.

Laura Cuesta

0

A principios de los años 60, Walter Keane era uno de los artistas más famosos de Estados Unidos. La fama la había conseguido gracias a sus peculiares retratos, en los que aparecían todo tipo de personajes, desde mujeres a niños, con unos ojos enormes. El hombre abrió galerías y obtuvo millones de dólares gracias a la venta de aquellas pinturas, que lo convirtieron en todo un fenómeno.

Junto a su esposa, Margaret Keane, con la que residía en California, Keane se codeó con grandes estrellas de Hollywood, empresarios y coleccionistas. Lo que nadie sabía entonces era que el que se hacía llamar pintor no sabía manejar la brocha, pues quien creaba realmente las pinturas era su mujer, a quien durante años mantuvo en casa encerrada en un estudio.

Según contaría Margaret años después, el engaño comenzó casi por casualidad. Walter vendió una de sus pinturas atribuyéndose la autoría y, al comprobar el éxito que obtenía, la convenció de mantener la mentira. Le aseguró que, en una sociedad dominada por hombres, un pintor tendría muchas más posibilidades de triunfar que una mujer. Margaret terminó aceptando aquella mentira.

Mientras Walter disfrutaba de la fama, los viajes y las entrevistas, Margaret permanecía prácticamente oculta, pintando sin descanso para satisfacer una demanda que cada vez era mayor. Pero tras diez años de matrimonio, la pareja decidió divorciarse, y Margaret se mudó a Hawái para empezar una nueva vida. Sin embargo, en 1970, cuando sus cuadros parecían haber pasado de moda, decidió romper su silencio.

Aquel año declaró por primera vez a un periodista que ella era la auténtica autora de todas las pinturas de los famosos “ojos grandes”. Su exmarido no tardó en responder, asegurando que la que había sido su esposa era una mujer infiel y una mentirosa. La disputa entre ambos no hizo más que crecer, y Margaret terminó demandando a Walter por difamación.

Demostrar en directo la autoría

Durante el juicio que se alargó varias semanas, los dos alegaron ser los verdaderos autores de aquellos cuadros que habían dado la vuelta al mundo. Al juez se le ocurrió entonces una prueba sencilla, pero que definitivamente pondría fin a la mentira: se les entregaría un caballete y un lienzo, y tendrían una hora para pintar uno de aquellos famosos retratos en directo y frente al tribunal.

Margaret aceptó inmediatamente y, en apenas cincuenta minutos, terminó una de sus características niñas de ojos enormes. Walter, en cambio, se negó a realizar la prueba, alegando que sufría un dolor en el hombro que le impedía pintar. Una excusa que puso en evidencia la mentira que, durante años, lo había respaldado como un pintor reconocido.

La historia del matrimonio terminó convirtiéndose en película de la mano de Tim Burton. El largometraje Big Eyes, protagonizado por Amy Adams y Christoph Waltz, se estrenó en cines en 2014.

Etiquetas
stats