Primera vez en la historia que dos tenistas, después de ser madres, se sitúan a la vez entre las diez mejores del mundo
El tenis femenino ha alcanzado un hito sin precedentes en su historia reciente al registrar, por primera vez, a dos madres y de forma simultánea dentro del prestigioso ‘top ten’ del ranking mundial de la WTA. Este suceso marca un cambio de paradigma en el deporte de élite, donde la maternidad solía considerarse el punto final de las carreras profesionales más exitosas. Se trata de Belinda Bencic y Elina Svitolina, deportistas y madres que han roto todas las barreras estadísticas previas. Ambas profesionales han demostrado que el rendimiento al más alto nivel y la vida familiar no son caminos excluyentes en la actualidad. La noticia ha resonado en todo el circuito internacional como un testimonio de resiliencia y de la evolución de las políticas deportivas modernas.
Este logro conjunto redefine los límites de lo que las atletas pueden alcanzar tras formar una familia en plena competición. Es un momento dorado para el tenis, donde el talento y la determinación se imponen sobre los prejuicios históricos del pasado. La WTA celebra hoy una realidad que hasta hace pocos años parecía un objetivo totalmente inalcanzable para cualquier tenista profesional. Por una parte, la jugadora suiza Belinda Bencic fue la primera de este dúo histórico en asegurar su regreso al grupo de las diez mejores jugadoras del planeta a mediados de enero. Bencic se había alejado de las canchas en septiembre de 2023 para dar a luz a su hija Bella, iniciando un proceso de recuperación física y mental admirable. Tras quince meses de ausencia, su retorno a la competición fue meteórico, recuperando rápidamente el nivel que la llevó a ser la número seis del mundo anteriormente.
Bencic lograba acceder a la novena posición mundial gracias al apoyo incondicional de su familia y a un equipo de trabajo dedicado. Ella reconoce que el camino ha sido extremadamente difícil y que muy pocas personas comprenden el sacrificio que implica volver a la élite. Su perseverancia ha sido fundamental para mantenerse competitiva frente a rivales más jóvenes que no han tenido interrupciones en su ritmo de juego. Para Bencic, estar de nuevo en el ‘top ten’ es un motivo de orgullo personal y un hito para el deporte suizo. Su historia es un ejemplo de cómo la planificación adecuada permite retomar una carrera exitosa tras una pausa tan trascendental.
Por su parte, la ucraniana Elina Svitolina completó esta gesta histórica tras su impresionante actuación en el recién finalizado Open de Australia, donde alcanzó las semifinales. Svitolina, madre de la pequeña Skaï, desplegó un tenis de altísimo nivel durante el torneo, eliminando a figuras de la talla de la estadounidense Coco Gauff. Este resultado le permitió sumar los puntos necesarios para escalar hasta la décima posición del ranking mundial, uniéndose así a Bencic en la cima. La ucraniana ha hablado abiertamente sobre el sueño que supone volver a este nivel privilegiado mientras cumple con su rol de madre. Su lucha y resiliencia han sido los motores que la han llevado a superar los desafíos logísticos y físicos de la maternidad. Svitolina no solo compite por títulos, sino que también lleva consigo el peso emocional de representar a su país en tiempos sumamente complejos. Su regreso ha sido calificado como esperanzador por los analistas, quienes destacan su capacidad para mantener la concentración bajo una gran presión.
La presencia de madres en la élite no es algo totalmente nuevo, pero sí lo es que coincidan dos en un espacio tan alto de la clasificación. En la Era Abierta, leyendas como Margaret Court y Evonne Goolagong marcaron el camino al ganar títulos de Grand Slam tras haber dado a luz. Court conquistó tres grandes torneos en un solo año después de ser madre, mientras que Goolagong se coronó en las canchas de Wimbledon. Más recientemente, la belga Kim Clijsters asombró al mundo al ganar el Abierto de Estados Unidos en dos ocasiones y el Open de Australia tras su regreso.
Sin embargo, a pesar de estos éxitos individuales, nunca se había dado la circunstancia de ver a dos madres compartiendo el ‘top ten’. Otras jugadoras notables como Victoria Azarenka y Vera Zvonareva también han mantenido carreras longevas viajando por todo el mundo junto a sus hijos. La diferencia actual radica en la densidad de talento que logra regresar a los puestos más altos de la tabla simultáneamente. Este fenómeno subraya que las excepciones del pasado se están convirtiendo en una tendencia sólida dentro del tenis moderno. Es un reconocimiento a la capacidad atlética de las mujeres que desafían los límites temporales de sus carreras.
No se puede hablar de maternidad en el tenis sin mencionar el legado de Serena Williams, quien compitió al máximo nivel tras un parto muy complicado. Aunque Williams no logró sumar otro Grand Slam tras el nacimiento de su hija Olympia, llegó a cuatro finales importantes, demostrando una vigencia física envidiable. Su último título de Grand Slam fue conquistado precisamente mientras estaba embarazada, un detalle que resume la inmensidad de su figura deportiva. A este grupo se han unido recientemente otras campeonas como Angelique Kerber, quien afirma que ser madre ha transformado su forma de competir. Kerber destaca que ahora siente menos presión y posee una claridad mental superior, motivada por el ejemplo que desea dar a su descendencia. Caroline Wozniacki también ha regresado al circuito, promoviendo la normalización de las pausas profesionales sin perder la legitimidad competitiva. Todas ellas han contribuido a un cambio cultural donde la conciliación y la gestión del calendario son temas de debate abierto. Estas jugadoras no solo regresan para participar, sino que lo hacen para ganar y marcar el rumbo táctico del deporte actual. Sus historias individuales pavimentaron el suelo para que hoy Bencic y Svitolina hagan historia juntas.
Una norma específica
Este éxito histórico no es producto del azar, sino que está respaldado por iniciativas institucionales pioneras implementadas por la WTA en temporadas recientes. La organización ha trabajado para crear un entorno donde la maternidad y el alto rendimiento no se vean como opciones enfrentadas o excluyentes. Tanto Bencic como Svitolina se han beneficiado de la Regla de Clasificación Especial, diseñada específicamente para jugadoras que regresan tras dar a luz. Estas normativas buscan proteger el estatus deportivo de las tenistas durante sus periodos de inactividad por motivos médicos o de embarazo. Antes de estas reformas, una jugadora podía perder toda su clasificación y verse obligada a empezar desde cero en torneos menores. Ahora, el sistema permite una transición más justa y estructurada para aquellas que deciden ser madres en el punto álgido de su carrera.
La Regla de Clasificación Especial permite a las jugadoras utilizar su ranking protegido para entrar directamente en los cuadros principales de los torneos. En casos de embarazo, las tenistas disponen de un periodo de hasta tres años desde el nacimiento del hijo para hacer uso de este beneficio. Si la jugadora ha estado inactiva por más de un año, tiene derecho a emplear su clasificación especial en doce torneos durante un año. Por el contrario, si la ausencia fue de entre seis meses y un año, el límite se establece en ocho competiciones anuales. Este sistema garantiza que talentos probados no queden fuera de los grandes escenarios debido a una pausa vital necesaria. Bencic y Svitolina han sabido gestionar estos cupos de manera estratégica para maximizar su ascenso en el ranking oficial de la WTA. Gracias a esto, han podido enfrentarse a las mejores rivales desde sus primeros encuentros tras el regreso, acelerando una más que merecida reintegración competitiva.