Pueden haber localizado bajo los campos cordobeses la ciudad que Almanzor mandó levantar y que desapareció sin dejar rastro: Medina Alzahira

El poder político y militar fue el elemento que más definió la estabilidad de las cortes medievales. La concentración de autoridad, las alianzas estratégicas y la administración del territorio determinaron la supervivencia de cada régimen. En ese entramado de fuerzas surgió Almanzor, figura decisiva del Califato de Córdoba en el siglo X.

Este dirigente andalusí, cuyo nombre completo era al-Mansur Ibn Abi Amir, ejerció una autoridad que superó a la del propio califa Hisham II, y consolidó su posición mediante campañas militares y reformas administrativas que marcaron el apogeo del califato. Su influencia se extendió a todos los ámbitos: político, militar y cultural. Además, impulsó la construcción de una nueva ciudad, Medina Alzahira, símbolo de su poder personal y espejo rival de Medina Azahara.

La magnitud de esa obra y su posterior desaparición han dejado un vacío material que la arqueología actual intenta llenar con nuevas herramientas científicas, y ese intento de recuperación histórica constituye el eje del hallazgo más reciente.

La tecnología LiDAR apunta a los restos de Medina Alzahira

El investigador Antonio Monterroso Checa, de la Universidad de Córdoba, ha publicado en la revista Meridies un estudio que, mediante el uso de tecnología LiDAR, propone la ubicación de Medina Alzahira en la zona de los cabezos de las Pendolillas, próxima a Alcolea y a unos doce kilómetros de la Mezquita de Córdoba. Según el artículo, los modelos digitales de elevación elaborados con datos del Instituto Geográfico Nacional muestran una serie de anomalías del terreno que se extienden a lo largo de más de 1.200 metros lineales y que corresponderían a estructuras urbanas soterradas.

Esta interpretación refuerza la hipótesis de que en esa área se encuentran los restos de la urbe fundada por Almanzor, una superficie estimada en 120 hectáreas, idéntica a la de Medina Azahara. El estudio plantea así la posibilidad de haber identificado por fin el enclave físico de una de las ciudades más enigmáticas del Al-Ándalus.

Los datos del LiDAR revelan irregularidades que apuntan a un conjunto arquitectónico ordenado, con edificios rectangulares y cuadrangulares dispuestos en terrazas. La trama urbana muestra desviaciones en la orientación general, con construcciones que giran hacia el sureste, detalle que, de acuerdo con Monterroso, sugiere una planificación intencionada adaptada a la topografía local.

En su análisis, el investigador explica que “esas irregularidades son producidas por la existencia, en el subsuelo y en alzado, de un enorme yacimiento arqueológico que, por sus características, debe corresponder con la perdida ciudad de Almanzor”. Los resultados, obtenidos a partir de los datos públicos del Instituto Geográfico Nacional, ofrecen un nivel de precisión suficiente para plantear futuras prospecciones geofísicas y posibles excavaciones.

El esplendor y la ruina de la ciudad perdida de Almanzor

La historia de Medina Alzahira se remonta al año 978, cuando Almanzor, recién convertido en hayib del califa Hisham II, decidió levantar una nueva sede de gobierno en la orilla derecha del Guadalquivir. Abandonó Medina Azahara y trasladó allí a su familia, sus funcionarios y su corte. La ciudad floreció durante dos décadas como centro administrativo y militar hasta su saqueo en 1009, siete años después de la muerte de su fundador.

Fue destruida por la población cordobesa en una revuelta que buscaba eliminar cualquier vestigio del linaje amirí. La devastación fue tan completa que su ubicación se perdió por completo, dando lugar a múltiples hipótesis sobre su paradero durante los siglos XIX y XX.

El trabajo de Monterroso se enmarca en un programa más amplio de análisis del territorio cordobés mediante teledetección, una metodología que ya ha permitido identificar centenares de yacimientos desconocidos en la provincia. En el caso de Medina Alzahira, la aplicación del LiDAR de alta resolución convierte una suposición historiográfica en una evidencia geométrica concreta.

Esto, según el autor, abre una nueva línea de investigación arqueológica basada en la precisión métrica y la interpretación directa del relieve. La próxima fase, explica, será una prospección geofísica que confirme la extensión y estructura de las construcciones detectadas.

La ubicación propuesta coincide con una zona históricamente ligada al Realengo y a las Yeguadas Reales desde el siglo XV, un uso que apuntala la continuidad de la relación entre el poder y el territorio. Junto con el entorno de Medina Azahara, estos terrenos constituyen las dos únicas Dehesas Reales documentadas en Córdoba.

El hallazgo, además de devolver a la historia el emplazamiento perdido de la capital de Almanzor, demuestra el potencial de las tecnologías abiertas para revisar la topografía política del pasado y ofrece una base tangible para futuras excavaciones que podrían confirmar de manera definitiva la existencia de la ciudad floreciente.