La hipótesis sobre una matanza de la Edad del Hierro apunta a un plan extremo contra mujeres y niños para destruir linajes
La carne quedó abierta en cortes profundos y los huesos asomaron bajo la piel desgarrada mientras los cuerpos caían uno tras otro sobre el suelo oscuro. Los más pequeños cayeron junto a adultas que intentaron protegerlos, mientras algunos adolescentes también fueron alcanzados sin distinción.
La sangre se acumuló en charcos densos que se filtraron entre la tierra y las paredes de la vivienda semienterrada donde los atacantes descargaron golpes y puñaladas sin pausa. Los gritos se apagaron pronto, y después solo quedaron respiraciones entrecortadas, cráneos fracturados y miembros torcidos en posiciones antinaturales. Cuando todo terminó, el silencio se cernió sobre los cadáveres apilados y dejó pendiente una pregunta sobre quién ejecutó aquella matanza y con qué propósito.
Los datos revelaron que la mayoría eran menores y mujeres sin lazos familiares entre sí
Esa necesidad de identificar responsables y motivos se materializó en una investigación publicada en Nature Human Behaviour que documentó una fosa con más de 77 personas en el yacimiento de Gomolava, en el norte de Serbia, asesinadas hace unos 2.800 años. El equipo, financiado por el European Research Council, constató que las víctimas murieron por golpes contundentes y heridas de arma blanca. Los autores sostienen que no se trató de un ataque casual, sino de una acción planificada a gran escala vinculada a la afirmación de poder sobre territorio y recursos.
El perfil de quienes acabaron en la fosa resulta llamativo por su composición. Un total de 40 eran niños de entre uno y doce años, once eran adolescentes y 24 adultos, con un 87% de mujeres entre estos últimos, mientras que el único bebé identificado era varón.
Los análisis genéticos mostraron que apenas existían lazos familiares cercanos entre ellos, ni siquiera coincidían tatarabuelos, y los estudios isotópicos de dientes y huesos revelaron dietas infantiles diversas que apuntan a procedencias distintas. Además, restos animales hallados en el enterramiento sugieren que parte del ganado había llegado desde otras zonas, un dato que encaja con la hipótesis de capturas o desplazamientos forzosos previos al asesinato.
Los investigadores detectaron un entierro con ofrendas que rompía con lo que se hacía en la época
El modo en que se dispusieron los cuerpos también rompe con otros enterramientos masivos de la época. Aunque fueron colocados con rapidez en una casa semisubterránea en desuso, no se retiraron sus objetos personales y se depositaron ofrendas junto a ellos. Entre los restos aparecieron adornos de bronce y recipientes cerámicos para beber, así como hasta un centenar de animales. Un ternero entero quedó en el fondo de la fosa, mientras que sobre el conjunto se colocaron semillas quemadas y piedras de moler fragmentadas.
Barry Molloy, profesor asociado de la UCD School of Archaeology y beneficiario del European Research Council, explicó que “es habitual que en las fosas prehistóricas las víctimas se entierren deprisa en un hoyo”, y añadió que en Gomolava “no solo no despojaron a los cuerpos de sus objetos de valor, sino que realizaron ofrendas en lo que debió de ser un ritual respetuoso”.
Ese contraste entre violencia y ceremonia llevó a los investigadores a interpretar el episodio como una demostración calculada. Linda Fibiger, profesora asociada en la School of History, Classics and Archaeology de la University of Edinburgh, afirmó que “los asesinatos brutales y la conmemoración posterior pueden leerse como una poderosa maniobra para equilibrar relaciones de poder y afirmar dominio sobre la tierra y los recursos”.
El contexto histórico refuerza esa lectura, ya que el suceso se sitúa en un periodo posterior al colapso de la Edad del Bronce en el que distintas comunidades del área carpática levantaban asentamientos cerrados y volvían a ocupar montículos y grandes fortificaciones, lo que pudo intensificar disputas por límites territoriales y pastos estacionales.
El estudio reconstruyó la vida y la muerte de las víctimas con técnicas científicas variadas
El estudio incorporó técnicas variadas para reconstruir tanto la muerte como la vida de las víctimas. Miren Iraeta Orbegozo, investigadora de la University of Copenhagen y una de las autoras principales, señaló que “al combinar osteología, tomografías, dataciones por carbono y análisis genéticos e isotópicos pudimos mostrar no solo cómo murieron estas personas, sino también cómo vivían y cómo cambiaron las comunidades en la Edad del Hierro temprana”.
Jason Laffoon, arqueólogo de Leiden que participó en el trabajo, destacó que “este estudio ejemplifica el poder de la investigación interdisciplinar para ofrecer nuevas perspectivas sobre la violencia masiva y la conmemoración pública”.
Hannes Schroeder, profesor asociado de la University of Copenhagen y autor sénior del artículo, subrayó que “atacar de forma sistemática a mujeres y niños es una estrategia destinada a romper linajes y debilitar la resiliencia de la comunidad”.
Esa lectura conecta los restos hallados en Gomolava con un conflicto amplio que implicó a varios grupos y dejó una gran prueba material en una fosa donde cada cuerpo habla de un acto deliberado de dominio.