¿Cómo llegó la Luna a tener dos hemisferios tan distintos? El estudio chino apunta a un impacto devastador

Desde la Tierra solo se ve una parte de la Luna. Su movimiento está sincronizado con su órbita, de modo que siempre nos enseña la misma cara. Por eso, durante siglos, nadie tuvo acceso a su otro lado, oculto a la vista y cubierto por una superficie irregular que nunca apunta hacia nosotros. Esa zona, conocida como cara oculta, está situada justo al lado opuesto del hemisferio que se puede observar y permanece fuera del alcance de la observación desde la Tierra.

La primera vez que los humanos la vieron fue en 1959, cuando la nave soviética Luna 3 envió sus fotografías. Aquellas imágenes mostraron un paisaje lleno de cráteres, montañas elevadas y muy diferente al que vemos desde casa. Hasta entonces, nadie sabía cómo era. Desde ese momento, cada misión ha intentado entender por qué la Luna tiene dos caras tan distintas y qué pudo causar esa diferencia tan marcada. Con ello se abrió una búsqueda que ha durado más de seis décadas.

El lado oculto revela cicatrices químicas que siguen activas

Un equipo de la Academia China de Ciencias, liderado por Heng-Ci Tian, ha dado una respuesta sólida a esa pregunta. Según su estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, un impacto gigantesco transformó el interior del satélite hace miles de millones de años. La colisión, ocurrida en la cuenca Polo Sur-Aitken, generó temperaturas tan altas que alteraron el equilibrio químico del manto y cambiaron su composición de forma permanente. Las rocas extraídas por la misión Chang’e-6 son las primeras procedentes de esa región y muestran huellas químicas imposibles de explicar sin un choque de esa magnitud.

El impacto dejó una marca importante en la Luna. Las zonas donde el calor fue extremo perdieron los elementos más ligeros y conservaron los más pesados. El estudio lo describe como una cicatriz química: una huella que quedó grabada en el manto y que hoy sigue visible en la diferencia entre ambas caras.

Las rocas analizadas contienen isótopos de hierro y potasio más pesados que los detectados en el lado cercano, y esa firma isotópica solo puede entenderse si el choque expulsó los átomos ligeros al espacio. “Se trata de una cicatriz química de un único evento colosal”, indicó Tian al explicar el resultado. El hallazgo demuestra que los impactos a gran escala no solo modifican la superficie de los planetas, sino que alteran también su interior.

Las muestras de Chang’e-6 prueban que ambas caras evolucionaron por caminos distintos

Los investigadores comprobaron que los procesos magmáticos no bastaban para justificar las diferencias observadas. En cambio, los modelos usados por el equipo chino muestran que la evaporación del potasio durante el impacto cambió la composición del manto, creando un desequilibrio químico entre el hemisferio visible y el oculto.

Esa alteración explica por qué la cara que n o vemos es más alta, más fría y con una corteza más gruesa. También aclara por qué presenta menos actividad volcánica: el calor que provocó el impacto se disipó de manera desigual y dejó zonas con menor movilidad interna.

El análisis de las muestras recogidas por Chang’e-6 reveló otro detalle clave. Los fragmentos del lado oculto eran isotópicamente más pesados que los obtenidos por las misiones Apolo y Chang’e-5, lo que refuerza la idea de que ambas mitades de la Luna han seguido evoluciones distintas desde aquel impacto primitivo. Según Tian, “aunque los procesos magmáticos pueden explicar los datos de los isótopos de hierro, los isótopos de potasio requieren una fuente en el manto con una composición más pesada en la cara oculta que en la visible”.

La investigación abre una nueva forma de estudiar los planetas del sistema solar

Este hallazgo no solo resuelve un enigma lunar. También ofrece un método para investigar otros cuerpos del sistema solar. Los científicos creen que la técnica de análisis isotópico aplicada en la Luna servirá para estudiar cráteres antiguos en Marte, Mercurio o asteroides. En este sentido, comprender cómo los impactos colosales modelan los planetas ayudará a explicar por qué cada uno presenta rasgos tan diferentes, incluso si se formaron a partir de materiales parecidos. De ese modo, la investigación abre una vía nueva para reconstruir la historia geológica del sistema solar con una precisión inédita.

La misión Chang’e-6 se convierte así en un punto de inflexión en la exploración lunar. Gracias a sus muestras, la cara oculta ha dejado de ser un territorio misterioso y empieza a contarnos su historia. Esta superficie que durante siglos estuvo fuera de nuestra vista revela ahora el rastro de un golpe antiguo que cambió para siempre el interior de la Luna.