Los gatos naranjas juegan en otra liga genética y un estudio ha descubierto por qué
El sofá aprende pronto qué pelajes dejan más rastro. En una casa con gatos puede haber rayas, manchas, colores oscuros, tonos claros, carreras repentinas por el pasillo y siestas que ocupan buena parte del día.
Dentro de esa variedad, los gatos naranjas han ganado una fama propia porque se distinguen al primer vistazo y suelen cargar con una reputación de animales sociables, traviesos y muy expresivos. Su color funciona casi como una tarjeta de presentación. Por eso llaman la atención incluso cuando no hacen nada especial.
Las comparaciones genómicas redujeron las opciones posibles
Un estudio publicado en 2025 en la revista Current Biology ha identificado la mutación genética que explica el pelaje naranja en los gatos domésticos. Según ZME Science, el genetista Christopher Kaelin, de Stanford Medicine, y su equipo han situado el origen en una alteración del cromosoma X que afecta a la actividad de un gen llamado Arhgap36.
El hallazgo resuelve una duda que llevaba más de un siglo abierta. Kaelin describió así el problema que los investigadores intentaban resolver: “Durante más de un siglo, el color naranja del pelaje en los gatos se ha reconocido como una excepción a las reglas genéticas que explican la coloración en la mayoría de los mamíferos”.
La búsqueda empezó con muestras de ADN recogidas durante años en ferias felinas y clínicas de esterilización. El equipo comparó genomas de gatos naranjas con secuencias ya disponibles y localizó 51 variaciones en el cromosoma X presentes en machos naranjas.
La mayoría también aparecía en gatos de otros colores, hasta que quedaron tres candidatas. La más relevante era una deleción de 5.076 pares de bases, situada fuera de una región que codifica proteínas. Esa circunstancia acercó la investigación a Arhgap36, un gen conocido por su papel en vías de señalización celular, pero sin relación previa con el color del pelo.
La misma alteración apuntó a un origen antiguo
La mutación tampoco parece reciente. Kaelin explicó que todos los gatos naranjas estudiados en zonas geográficas amplias tenían la misma alteración, lo que apunta a un único origen. Además, el propio investigador recordó que ya existen representaciones de gatas calicó en arte chino del siglo XII.
Esa pista sugiere que la variante apareció pronto durante la domesticación felina y se mantuvo mientras los humanos criaban gatos con ese rasgo. Hannes Lohi, profesor de biociencias veterinarias y genética en la Universidad de Helsinki, valoró el hallazgo como una herramienta útil para reconstruir la historia evolutiva del gato doméstico.
El trabajo también interesa porque muestra una vía poco habitual para crear un rasgo biológico. Greg Barsh, profesor emérito de genética y pediatría en Stanford, explicó que el objetivo no termina en saber por qué un gato sale naranja. El estudio ayuda a entender mecanismos de mutación que pueden pasar desapercibidos cuando la alteración no cae dentro de un gen.
Barsh planteó esa derivada en Stanford University con una pregunta de fondo sobre otros rasgos animales y enfermedades humanas. Su idea quedó resumida así: “Queremos aprender más sobre los mecanismos mutacionales en general”.
La explicación básica parte de dos pigmentos. Los mamíferos producen eumelanina, asociada a tonos oscuros, y feomelanina, asociada a tonos amarillos, rojizos o naranjas. En muchas especies, el paso de un pigmento a otro depende de genes que actúan a través de una proteína llamada MC1R.
En los gatos domésticos, la variante naranja sigue otra ruta porque está en el cromosoma X. Los machos tienen un solo cromosoma X, así que una copia de la variante basta para que el animal sea naranja. Las hembras tienen dos cromosomas X y suelen necesitar dos copias para ser completamente naranjas. Cuando heredan una sola, la inactivación aleatoria de uno de esos cromosomas puede producir patrones calicó o carey.
Arhgap36 ofreció la pieza que faltaba. El gen no estaba activo normalmente en células pigmentarias, pero la deleción lo encendía en ese tipo celular. Al activarse, bloqueaba la producción de pigmento oscuro y favorecía el pigmento naranja. Kaelin describió el mecanismo como una alteración poco común de la expresión genética en una célula específica.
En humanos, Arhgap36 se había relacionado con ciertos tumores neuroendocrinos y con procesos de señalización durante el desarrollo, aunque nunca con el color del pelaje en ningún animal.
El estudio no relacionó el pelaje con la conducta
La fama de los gatos naranjas como animales especialmente descarados sigue en otro terreno. Los investigadores analizaron riñón, corazón, cerebro y glándula suprarrenal, y no encontraron diferencias de actividad de Arhgap36 entre gatos naranjas y no naranjas fuera de la piel.
Kaelin dejó abierta la posibilidad de que otros tejidos no estudiados puedan aportar respuesta interesantes, pero el trabajo no ofrece motivos para atribuir el carácter al mismo mecanismo genético. De momento, la explicación más prudente es que sus dueños los ven distintos porque su aspecto ya los hace difíciles de ignorar.
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