Ya no es algo exclusivo de Estados Unidos ni Australia: un tiburón blanco ha sido capturado en aguas de Alicante y respalda su presencia puntual en España
La fama de feroces acompaña a estos animales desde hace décadas. Los grandes tiburones blancos son depredadores implacables que ocupan la parte alta de la cadena trófica y que se mueven por aguas abiertas, donde cazan presas de gran tamaño y recorren largas distancias. Habitan sobre todo en zonas profundas y lejos de la orilla, aunque pueden aparecer en distintos mares templados del planeta si encuentran alimento suficiente.
Esa imagen de amenaza suele generar alarma cuando se habla de playas debido a las películas, pero los datos muestran que en España los encuentros con personas son rarísimos, mucho más que en Australia o Estados Unidos, y no forman parte de su comportamiento habitual, de modo que el debate real pasa por saber dónde están y con qué frecuencia aparecen en nuestras aguas.
Los científicos españoles confirmaron la presencia de un joven escualo tras estudiar un caso detectado frente a Alicante
Investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), junto a la Universidad de Cádiz, publicaron en la revista científica Acta Ichthyologica et Piscatoria la confirmación de un nuevo registro de tiburón blanco en el Mediterráneo español tras analizar genéticamente un ejemplar juvenil capturado en 2023 frente a la costa de Alicante.
El estudio valida la presencia de la especie en aguas nacionales y aporta datos sobre su tamaño, edad aproximada y localización. Se trata de uno de los pocos casos verificados en las últimas décadas, y su documentación ha permitido encajar este hallazgo dentro del conjunto de registros históricos disponibles.
La especie está catalogada como Vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Las estimaciones apuntan a una reducción de entre el 30% y el 50% en la población mediterránea a lo largo de las tres últimas generaciones. En el entorno balear, algunos trabajos sitúan el descenso por encima del 73% entre 1980 y 2016, cifras que explican por qué cada registro reciente adquiere interés desde el punto de vista de la conservación.
Los desplazamientos del animal coincidieron con la entrada del atún rojo para reproducirse en el Mediterráneo
La presencia del animal coincide en el calendario con la migración del atún rojo que entra desde el Atlántico para reproducirse en el Mediterráneo. Esa sincronía sugiere que la disponibilidad de presas influye en sus desplazamientos y ayuda a entender por qué puede aparecer en determinadas áreas y no en otras. Además, como superdepredador regula poblaciones y conecta distintas zonas marinas en sus rutas, una función que incide en el equilibrio de los ecosistemas.
El equipo científico revisó además los datos históricos desde 1862 hasta 2023 y reunió 66 citas documentadas en aguas españolas. Solo dos ataques atribuidos a esta especie constan en más de siglo y medio, uno en Málaga en 1862 con resultado mortal y otro en los años 80 en Tarifa, cuando un surfista sufrió heridas tras la mordedura a su tabla. José Carlos Báez, investigador del IEO-CSIC y primer autor del estudio, confirmó que “tan solo hemos encontrado dos ataques”, y recordó que la colaboración con el sector pesquero ha sido determinante para conocer estos casos.
La escasez de neonatos y juveniles en el conjunto del Mediterráneo es otro aspecto que analizó el artículo. Tradicionalmente se han considerado el estrecho de Sicilia y el golfo de Gabes como áreas de cría, aunque la aparición de once crías desde 2008 en la bahía de Edremit, en el noreste del mar Egeo, ha abierto la posibilidad de una segunda zona de reproducción. El hecho de que el ejemplar localizado en 2023 fuese joven plantea si nació en el Mediterráneo central o si pudo hacerlo más cerca de la costa española
La captura accidental entre Dénia y Jávea permitió documentar un ejemplar aún inmaduro
El tiburón fue capturado de forma accidental el 20 de abril de 2023 por pescadores que faenaban entre Dénia y Jávea, a unas 11 millas náuticas de la costa, en plena temporada del atún rojo. Medía unos 210 centímetros y pesaba entre 80 y 90 kilos, medidas que indican que aún no había alcanzado la madurez, ya que los adultos superan los cuatro metros y medio.
Báez explicó que “sin esa cooperación, este tipo de registros excepcionales sería imposible de conocer y contextualizar científicamente”, una colaboración que permitió confirmar la especie mediante fotografías, vídeos y análisis genéticos y que apuntala la idea de que su presencia es persistente aunque muy poco frecuente en el Mediterráneo español.