Pinturas, cartas o grabados de Alberti o Tàpies se exhiben en esta exposición sobre una de las figuras más influyentes de la posguerra

Hay figuras que, cuanto más se las estudia, más evidente resulta una paradoja: lo mucho que hicieron y lo poco que se las cita. Juan Antonio Gaya Nuño es una de ellas. Quizá por eso la exposición “Gaya Nuño: una modernidad española”, nace como una necesidad: la de volver a escuchar una voz decisiva del siglo XX español que durante un tiempo ha sido amortiguada. A través de los fondos que componen la muestra, es posible acercarse a esta gran personalidad en su totalidad. Narrador, historiador del arte, crítico, editor, programador de exposiciones, su figura se resiste a una etiqueta única a través de un hilo que lo atraviesa todo: la convicción de que la modernidad española solo podía construirse desde el diálogo entre tradición y vanguardia.

Su biografía, marcada por la Guerra Civil, la cárcel y la depuración profesional, se exhibe como el contexto desde el que se forjó una mirada crítica excepcionalmente libre. Y es que Gaya Nuño (Tardelcuende, Soria, 1913 – Madrid, 1976) fue combatiente republicano, preso en Valdenoceda y Las Palmas y desterrado y apartado de la universidad, hechos que hacen más que evidente que esta figura conoció bien los límites impuestos al pensamiento en la posguerra. Quizá por eso su crítica nunca fue complaciente, pero tampoco sectaria.

La exposición, inaugurada en el Centro Cultural FUNDOS Fórum Salamanca, teje con gran habilidad hasta qué punto Gaya Nuño entendió que sin historiar el presente no hay futuro posible para el arte. Su temprana atención a Picasso, con una monografía publicada en 1950, en pleno páramo cultural, dice mucho de esta lucidez. Pero también de su valentía intelectual. El propio Picasso, como Miró, Dalí, Juan Gris o Torres-García no aparecen aquí como nombres consagrados, sino como problemas críticos a pensar en su tiempo.

Especialmente sugerente resulta el espacio dedicado a Catalunya y al entorno de Dau al Set. Gaya Nuño entendió muy pronto que allí se estaba produciendo algo más que una anécdota vanguardista: era un intento serio de reconectar con una modernidad interrumpida. Su cercanía a Tàpies, Cuixart o Ponç, y su diálogo con figuras como Eugenio d’Ors, revelan a un crítico atento, curioso, dispuesto a escuchar antes de juzgar. Otro de los valores a destacar de esta muestra es cómo Gaya Nuño nunca perdió el anclaje histórico. Chillida, Oteiza, Millares o Saura no son oasis inconexos, sino distintas respuestas a una misma pregunta: cómo seguir creando después de una catástrofe colectiva.

Menos conocida, pero no menos reveladora, es su atención a la escultura, la cerámica y la arquitectura. En la exposición se revelan algunos de sus libros sobre escultura contemporánea española, los cuales siguen sorprendiendo por la cantidad de nombres y problemas que ponen sobre la mesa en un momento en el que casi nadie lo hacía. Y su interés por la arquitectura moderna, por edificios y proyectos que miraban al exterior, confirma hasta qué punto entendía el arte como una forma de pensar el país.

La exposición reserva también un espacio importante a su faceta literaria, una prolongación natural de su pensamiento. El santero de San Saturio, Tratado de mendicidad o Los gatos salvajes revelan a un escritor atento a la memoria, al paisaje y a la ironía, capaz de entrelazar arte y vida con una naturalidad poco frecuente. Al recorrer “Gaya Nuño: una modernidad española”, a todo aquel que se acerque a verla con altas dosis de curiosidad y de querer entender a una persona de gran talla le quedará una sensación persistente: la de estar ante alguien que pensó el arte español con una ambición y una libertad que hoy resultan casi incómodas. Tal vez por eso sigue siendo tan necesario. No para instalarlo en un panteón, sino para volver a leerlo, discutirlo y dejar que incomode un poco.

Visión integral

En definitiva, se trata de una generosa visión integral que no solo reúne su colección de arte, sino también el vasto universo intelectual que atesoró a lo largo de su vida: sus creaciones literarias, su obra crítica, libros, artículos y noticias de la época, catálogos históricos y una significativa selección de correspondencia con los más influyentes artistas y escritores de la España del siglo XX. Este enfoque permite comprender a Gaya Nuño no solo como estudioso y difusor del arte moderno, sino como una figura central de la cultura española moderna.

Comisariada por Juan Manuel Bonet, la exposición estará abierta en Salamanca hasta el próximo 23 de mayo y alberga en torno a 300 piezas entre pinturas, esculturas, dibujos, grabados, libros, cartas o carteles y folletos de exposiciones históricas de artistas tan relevantes como Daniel Vázquez Díaz, Rafael Alberti, Pancho Cossío, Benjamín Palencia, José Caballero, Álvaro Delgado, Antoni Clavé, Cristino de Vera, César Manrique, Manolo Millares, Antoni Tàpies, Modest Cuixart o Jorge Oteiza.