Así revela un diente hallado en Stonehenge la dieta y los desplazamientos del ganado neolítico

Stonehenge vuelve a ofrecer pistas inéditas sobre la vida en el neolítico. Un equipo internacional de investigadores ha analizado un molar bovino datado en más de 4.000 años, recuperado en las excavaciones del monumento, y ha conseguido reconstruir aspectos clave de la movilidad del ganado, la dieta y el contacto con contaminantes naturales como el plomo. El trabajo, publicado en Journal of Archaeological Science, combina distintos isótopos para afinar la interpretación arqueológica y abre una nueva ventana sobre las prácticas agropecuarias en torno a uno de los enclaves más enigmáticos de la prehistoria.

Un hallazgo único en Stonehenge

La pieza estudiada procede de excavaciones realizadas en las inmediaciones del círculo megalítico y conserva en buen estado el esmalte y la dentina, lo que ha permitido aplicar análisis isotópicos de alta resolución. El uso de dientes de animales en arqueología no es casual: al formarse de manera progresiva durante la juventud, registran en su estructura química señales del entorno en el que vivieron. Esto convierte a los molares en archivos biológicos de la movilidad y de la dieta de los animales, que a su vez reflejan las estrategias de subsistencia de las comunidades humanas.

En este caso, los investigadores se centraron en una vaca doméstica, especie fundamental en la economía neolítica tanto por su aportación cárnica como por su creciente papel en la producción de leche. La elección del ejemplar responde también a que el ganado jugaba un papel destacado en los festines comunitarios celebrados en Durrington Walls, un asentamiento vinculado directamente a Stonehenge.

Isótopos que cuentan historias

El análisis de estroncio ha permitido identificar variaciones geológicas en la procedencia del animal, dado que este elemento químico refleja la geología local de los pastos donde se alimentó. La combinación con los isótopos de oxígeno y carbono aporta información sobre el clima, la estacionalidad y la dieta vegetal, lo que permite reconstruir de manera más completa los desplazamientos del rebaño a lo largo de su vida.

La gran novedad de este estudio reside en la incorporación de los isótopos de plomo, menos habituales en arqueología, pero muy valiosos en este contexto. El plomo no solo ofrece una firma geológica adicional, sino que también permite rastrear la exposición a fuentes naturales de este metal pesado, presentes en suelos y aguas desde épocas preindustriales.

La importancia del plomo y la lactancia

Los resultados sugieren que la vaca analizada se desplazó a lo largo de su vida por diferentes paisajes geológicos, lo que indica prácticas de pastoreo móvil más amplias de lo que se pensaba en el neolítico británico. La detección de plomo en concentraciones específicas apunta, además, a que estos animales estuvieron expuestos a fuentes naturales de este elemento durante etapas tempranas, probablemente durante la lactancia.

Para los investigadores, esto demuestra que la combinación de estroncio y plomo puede ofrecer una resolución mucho mayor a la hora de rastrear la procedencia de restos arqueológicos. También abre la puerta a explorar con mayor detalle cómo las comunidades neolíticas gestionaban sus rebaños en relación con el medio ambiente y qué importancia tenía la movilidad estacional en la economía agrícola y ganadera.

Una ventana a la vida neolítica

El hallazgo refuerza la idea de que Stonehenge no fue solo un centro ceremonial monumental, sino también un punto neurálgico de reunión donde confluían comunidades que trasladaban animales desde diferentes regiones. La movilidad del ganado refleja, en última instancia, la movilidad de las personas, y permite conectar el paisaje simbólico del monumento con la vida cotidiana de quienes lo construyeron y lo habitaron.

En palabras de los autores, el estudio demuestra que la arqueología isotópica aún puede seguir desvelando sorpresas a partir de restos en apariencia modestos, como un simple diente animal. Esa pequeña pieza concentra información sobre la relación entre humanos, animales y medio ambiente en uno de los periodos más decisivos de la prehistoria europea.