¿Industrial o artesanal?: qué protege la declaración del milenario damasquinado de Toledo como Bien de Interés Cultural
El damasquinado toledano es un arte milenario. La seña de identidad de la ciudad. Y su reciente declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Bien Inmaterial ha desatado ahora toda una polvareda que traspasa los límites de la ciudad. El motivo: ¿su protección se refiere a la producción industrial, al oficio artesano o a ambos?
La polémica empezó tras la publicación en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha de su protección como BIC, que fue solicitada en primera instancia por la Fundación Damasquinado de Toledo ante la Viceconsejería de Cultura, argumentando “su asociación con la ciudad y el mantenimiento de las técnicas tradicionales de producción”, y a la que, en el periodo de información pública, presentaron alegaciones desde el sector industrial.
Nada más trascender que su declaración como BIC era oficial, se pronunciaron en primer lugar la Asociación de Fabricantes de Productos Artesanos de la Provincia de Toledo y la Asociación de Comercio de Artesanía de la Ciudad y la Provincia de Toledo, integradas en la Federación Empresarial Toledana (FEDETO).
En concreto, manifestaron su “satisfacción y agradecimiento” a la Consejería de Educación, Cultura y Deportes por haber tenido en cuenta sus alegaciones presentadas y por haber promovido, en base a ellas, “una declaración construida desde el diálogo, el consenso y el respeto a la realidad histórica y actual del damasquinado de Toledo”.
También señalaron que la resolución tiene en cuenta “la evolución contemporánea del damasquinado”, incluyendo el desarrollo de “una producción industrial” que, en colaboración con la artesanía tradicional, “ha contribuido de manera decisiva a su preservación, continuidad y difusión”.
Los productores industriales hablan de “adaptación”
“Esta evolución ha permitido la adaptación del sector a los cambios sociales y económicos de las últimas décadas y ha reforzado su presencia y proyección en los mercados nacional e internacional”, destacaron.
Sin embargo, estas apreciaciones hicieron estallar al sector artesano. La Fundación Damasquinado de Toledo, entidad que representa a los artesanos y comercializadores no industriales de este arte milenario, y que promovió la iniciativa, lo tiene claro: la declaración como BIC no incluye a la producción industrial.
Luis Peñalver, profesor y miembro de esta última Fundación, considera que la resolución se expresa “en unos términos inequívocos”. “Lo que se protege con la categoría de Bien Inmaterial es un oficio artesano, es decir, una práctica tradicional que se transmite de generación en generación. No puede ser de otra manera, porque la propia declaración como bien inmaterial se refiere a eso. La producción industrial es completamente respetable, pero ni está en peligro de extinción, ni se puede reconocer como inmaterial”, argumenta.
Remite con ello a una famosa frase de Antonio Machado: “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”. Y hace una comparación histórica: “Hay una diferencia importante entre un códice escrito por un amanuense en un escritorio medieval y un facsímil de ese códice”. Explica que lo mismo ocurre con los productos de damasquinado que “inundan los comercios toledanos” y que “claro que se pueden vender”, pero se han realizado “imitando a la artesanía milenaria”, no son objetos artesanos.
Preguntada por este medio, la Viceconsejería de Cultura no ha querido entrar en la polémica, pero, ¿qué dice exactamente el texto de la resolución publicado en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha? En el apartado de 'Medidas de salvaguarda' apuesta claramente por impulsar acciones de identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción y revitalización del “patrimonio artesanal”.
Habla así de documentar “el oficio artesano” del damasquinador desde una perspectiva histórica (archivos, listas, censos, registros, inventarios), artística (catálogos de las principales piezas producidas, localización actual, motivos y desarrollo de las técnicas, etc.) y etnográfica, con estudios específicos también de los procesos fisicoquímicos que se desarrollan a lo largo de la producción de las piezas.
Las referencias a la artesanía se suceden en todo el documento: también señala “la riqueza y diversidad del patrimonio material asociado al trabajo artesano” y por ello propone un inventario de la cultura material asociada a esta artesanía, así como un registro de “técnicas artesanales asociadas”. Asimismo, apuesta por dar “una línea de continuidad y profundización en el conocimiento etnográfico de los diversos apartados del oficio del damasquinador”.
Promover la “memoria viva de los espacios artesanos”
En la declaración del BIC se indica la necesidad de investigar estudios que permitan entender y comprender “los diferentes procedimientos fisicoquímicos que utiliza el artesano para la producción de sus piezas”. Y en relación con la conservación de la “memoria viva de los espacios artesanos”, resalta la importancia que tuvieron los pequeños talleres-vivienda “en el desarrollo de la artesanía del damasquinado”.
La resolución indica por último que la Fundación Damasquinado de Toledo, organismo solicitante de la declaración, es el “interlocutor válido” para gestionar, con el apoyo del Gobierno de Castilla-La Mancha y el Ayuntamiento de Toledo el patrimonio cultural del oficio, “debiendo velar para que cualquier cambio que exceda el normal desarrollo de los elementos que forman esta manifestación cultural sea comunicado a los organismos competentes en materia de patrimonio cultural para su evaluación e informe”.
Los productores industriales son un 'lobby' importante y defienden sus intereses, pero es inadmisible que se apropien de una protección que no les corresponde
Luis Peñalver lo tiene claro: “Es que ni siquiera es un debate interpretativo, porque no hay interpretación posible. El texto dice lo que dice”. Considera que los productores industriales son un “lobby importante” y “defienden sus intereses”, pero le parece “inadmisible” que se “apropien” de una protección “que no les corresponde”.
Las referencias contenidas en el texto a la existencia de producciones industriales tienen un “carácter meramente histórico y descriptivo”, y no forman parte del objeto protegido, ni aparecen recogidas en la parte dispositiva del acuerdo ni en las medidas de salvaguarda.
Estas ultimas, concluye el profesor, se orientan de forma expresa “a la documentación del oficio, la transmisión generacional, el patrimonio oral, la educación, la sensibilización social y la defensa de certificaciones de origen, calidad y empleo de técnicas tradicionales”.
No es el primer conflicto que se da entre productores artesanales e industriales de damasquinado. El pasado mes julio se vivió otra polémica cuando la marca italiana Max Mara presentó en el Parador de Turismo de Toledo de la mano de la Junta de Castilla-La Mancha y el Ayuntamiento de la ciudad el bolso 'Pasticcino'. El objeto, que presentaba un cierre en forma de dos bolas metálicas se catalogó como si fuese artesano, pero lo cierto es que, se trataba de un trabajo “de fabricación industrial”, según afirmaron desde la Fundación Damasquinado Toledo.
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