Del blanco y negro al láser, el centenario Cine Productor reabre sus puertas en Albacete
En Albacete, la historia del cine está jalonada de resurrecciones, desde el Capitol hasta el Teatro-Circo. Sin embargo, ninguna es tan simbólica como la que está a punto de culminar en el número 9 de la calle Concepción. Allí, el antiguo Cine Productor se prepara para su tercera y más ambiciosa etapa; una metamorfosis fruto de la nostalgia familiar, el compromiso ciudadano y la tecnología más avanzada del siglo XXI.
Para entender la magnitud de este regreso es necesario bucear en un pasado que se remonta a un siglo atrás, cuando el antiguo Kursaal, en la confluencia de las calles Ancha y Concepción, acogía un local de cabaret para, a partir de 1928, incorporar el cinematógrafo tras las reformas pertinentes.
El siguiente hito se sitúa en la década de los treinta. Mariano Requena -heredero de la familia levantina pionera que instalaba barracones cinematográficos en la Feria a principios del siglo XX- hizo gala de su espíritu visionario y se puso al frente del Central Cinema, cuyo proyector se encendió por primera vez el 8 de enero de 1933.
Aquel proyecto, ubicado en los bajos del Hotel Central, nació con la ambición de ser el “punto de reunión de la buena sociedad albacetense”, desafiando a los agoreros que ya entonces vaticinaban la decadencia del séptimo arte por la llegada del sonoro. Equipado con un proyector alemán Erko, el Central fue el bastión de la modernidad hasta que la Guerra Civil puso fin a su primera etapa.
Tras la contienda, el local se transformó en el Cine del Productor, inaugurado en 1944. Su momento más singular llegaría en marzo de 1947 con una reinauguración de marcado fervor patriótico: el estreno de Los últimos de Filipinas, que contó con la presencia del cabo caudetano José Olivares, héroe real del sitio de Baler, quien se emocionó visiblemente al verse reflejado en la pantalla.
Durante décadas, el Productor A -denominado así para diferenciarse del Productor B, abierto en los años 50 en la Casa Sindical- fue el refugio de los albacetenses.
Fue un cine que, pese a sus achaques y aquellas míticas goteras que hacían que ver Tarzán en Nueva York pareciera una experiencia rodada en Galicia, se integró en el ADN emocional de la ciudad hasta su cierre en los años setenta.
Una “prueba de amor” hacia la tierra natal
Ahora, ese silencio se rompe gracias a la determinación de Juan Ramón García, propietario del local. Según reconoce, este proyecto es una “prueba de amor” hacia su tierra, pero también una apuesta estratégica basada en el nuevo modelo de ciudad.
García destaca la peatonalización de la calle Ancha no solo como una obra urbanística, sino como el verdadero acicate para recuperar el casco histórico. Para el empresario, este eje peatonal es el motor que devuelve la actividad social y económica al corazón de Albacete, permitiendo que los ciudadanos recuperen sus calles y el cine vuelva a estar “a la vuelta de la esquina”.
Esta aventura “al revés del mundo” -abrir salas en el centro cuando la tendencia es el extrarradio- posee un fuerte componente familiar.
El diseño y la compleja adecuación del edificio catalogado han corrido a cargo del arquitecto Daniel García, hijo de Juan Ramón, quien ha tenido la misión de integrar cuatro salas modernas en un espacio cargado de historia. Al proyecto se sumaron Campos Corporación y la potencia de Odeón Multicines, creando una estructura empresarial con una inversión que supera el millón y medio de euros.
Ingeniería de vanguardia bajo un nombre histórico
La pieza clave ha sido Juan Ignacio Moreno, director de Operaciones de Odeón y albaceteño de vocación. Su trayectoria gestionando grandes complejos -estuvo al frente de los Multicines Ábaco, en el Centro Comercial Los Llanos- ha sido fundamental para dotar al Productor de tecnología de última generación. Destacan los proyectores láser con tecnología RGB, que aportan una calidad de imagen impecable, con negros profundos y colores vivos, siendo además equipos sostenibles y de alta eficiencia energética.
El sonido también es protagonista: “Todas las salas estarán equipadas con sistemas biamplificados y una completa línea de altavoces que ofrecerán un sonido envolvente”, manifiesta Moreno.
Esta excelencia técnica se pone al servicio de un proyecto que no sólo es un cine; una de las salas, con 120 localidades, funcionará como espacio polivalente para eventos y presentaciones, devolviendo al edificio su función original como punto de encuentro. El resto de las salas ofrecen en torno a 80 butacas.
Con la recuperación del nombre histórico, Odeón Productor rinde homenaje a la memoria de aquel local que en 1975 llegó a ser un anexo de los Almacenes Lorenzo.
El objetivo es que el cine vuelva a ser una actividad de proximidad, accesible y con precios razonables para las familias. Cuando este próximo mes de febrero las luces se apaguen y el proyector láser se encienda, el cine volverá a ganar protagonismo en pleno centro urbano. La pregunta que los vecinos formulan a Juan Ramón García por la calle -¿cuándo abren los cines?- ya tiene respuesta: el Productor, sencillamente, vuelve a casa.
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