El hilo violeta de Castilla-La Mancha
En un contexto marcado por la despoblación y los nuevos retos económicos, el 8 de marzo se consolida en nuestra región como una fecha para reivindicar el liderazgo femenino. Desde la ciencia visionaria de Oliva Sabuco en Alcaraz hasta las maestras del damasquinado y las ganaderas de la Sierra Norte, Castilla-La Mancha pelea por sacudirse los micromachismos y cerrar una brecha salarial que todavía define nuestra realidad laboral y social.
El 8 de marzo no es una fecha para las felicitaciones de cortesía ni para los ramos de flores; es una jornada de memoria política y justicia social. En nuestra región, el feminismo no es una teoría lejana, sino una realidad que se respira en el barro de nuestros talleres, en el oro de nuestra artesanía, en el pasto de nuestras sierras y en la resistencia diaria de nuestras abuelas, madres e hijas. Esta lucha encuentra hoy su continuidad en las manos de quienes lideran nuestra tierra desde la autonomía y el orgullo de saberse herederas de una genealogía de valientes.
Castilla-La Mancha es cuna de mujeres que rompieron moldes cuando el silencio era la norma. Para entender el presente, debemos mirar hacia nombres propios que abrieron puertas en las cinco provincias. Es imposible olvidar a la guadalajareña Luisa de Medrano, nacida en Atienza, latinista y escritora ; o a Isabel Muñoz-Caravaca, que desde la misma provincia luchó contra el analfabetismo femenino. En Albacete, destaca la figura de Oliva Sabuco, filósofa y científica de Alcaraz, cuya obra en el siglo XVI revolucionó la medicina.
Este mapa de dignidad se completa en Cuenca con las alfareras de Mota del Cuervo, pioneras en la gestión económica de sus propios alfares. En Toledo, esta herencia artesana sigue viva en las maestras damasquinadoras, mujeres que han pasado de realizar tareas auxiliares en la sombra a dominar el martillo y el punzón, incrustando el oro en el acero con una maestría que desafía la tradición masculina del gremio. Figuras históricas como Leonor de Guzmán en Toledo, con su peso político, o Juana Galán 'La Galana' en Valdepeñas, liderando la resistencia contra Napoleón, dibujan un territorio donde la mujer nunca fue un sujeto pasivo.
Ese legado de independencia sigue vivo hoy en figuras como Graci Arias, maestra alfarera en Puertollano, o en la nueva generación de damasquinadoras toledanas. Pero la vanguardia femenina manchega ya no tiene límites de sector. Hoy vemos a mujeres liderando ámbitos tradicionalmente masculinizados: desde la conducción de maquinaria pesada y el transporte de largo recorrido por nuestras autovías, hasta la presencia creciente en las fuerzas de seguridad y cuerpos de bomberos, donde la vocación de servicio no entiende de fuerza física, sino de preparación y coraje. Incluso en sectores extractivos como la minería o la pesca, y en la alta dirección de las finanzas y la banca regional, las mujeres están ocupando el lugar que les corresponde por derecho.
Sin embargo, la estructura de la desigualdad persiste bajo formas sutiles: los micromachismos. Estas microviolencias se esconden en el lenguaje cotidiano y actúan como un freno invisible. Lo vemos cuando una ganadera trabaja de sol en el campo y todavía escucha decir que 'ayuda al marido', negándole su estatus de profesional.
Aparecen cuando a una damasquinadora se le pregunta con sorpresa si “ella sola pica el acero”, o cuando se cuestiona la autoridad de una piloto de aviación o la pericia de una alumna de Formación Profesional en mecánica o soldadura. El machismo no siempre grita; a veces, simplemente susurra prejuicios que invalidan la capacidad femenina en el deporte de alto rendimiento o en el periodismo deportivo, donde todavía se juzga la apariencia antes que el criterio técnico.
El machismo no siempre grita; a veces, simplemente susurra prejuicios que invalidan la capacidad femenina en el deporte de alto rendimiento o en el periodismo deportivo, donde todavía se juzga la apariencia antes que el criterio técnico.
La necesidad de esta lucha es una urgencia respaldada por datos de este 2026. Según el último informe del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha, la brecha salarial en nuestra comunidad todavía ronda el 18,6%. Más preocupante es la realidad reflejada por la Encuesta de Población Activa (EPA), que señala que casi 7 de cada 10 personas desempleadas en la región son mujeres. Además, las pensiones femeninas son, de media, un 36% inferiores debido a las carreras interrumpidas por los cuidados, una carga que sigue recayendo mayoritariamente sobre nosotras.
El feminismo en Castilla-La Mancha es la lucha de la mujer que emprende en un pueblo de la Alcarria y la de la joven que estudia ingeniería, tecnología, oficios manuales de Formación Profesional en los campus de Ciudad Real, Toledo, Cuenca o Albacete.
Es el derecho a caminar seguras y a ocupar espacios de poder sin techos de cristal. Este 8 de marzo, honremos a las que abrieron camino —a Luisa, a Oliva, a Juana y a las artesanas anónimas— y apoyemos a las que hoy siguen ensanchando las veredas de la igualdad en cada taller, en cada camión y en cada despacho. Porque si Castilla-La Mancha avanza, es porque sus mujeres han decidido no dar ni un solo paso atrás.
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