Roma borra el rostro de Giorgia Meloni en un fresco que la equiparaba con un ángel: “Me lo ordenó el Vaticano”
El respaldo de una figura política suele resistir mejor los sobresaltos cuando se asienta en un discurso reconocible y un bloque de apoyo firme. En el caso de Italia, esa estabilidad se refleja en la trayectoria de Giorgia Meloni, que se mantiene entre los dirigentes más valorados del continente. Su posición, con índices cercanos al 40-45% de aprobación, contrasta con la fragilidad de otros líderes europeos. Mientras Emmanuel Macron sigue atascado por debajo del 30% en Francia, Meloni conserva una base fiel y una imagen de control que la separa de la volatilidad política que sacude a sus vecinos.
Esa resistencia tiene un precio: la convierte también en una política que polariza. Lo demuestra el episodio más reciente que la llevó, sin quererlo, a ocupar el rostro de un ángel en una iglesia de Roma, una propuesta artística que acabó desatando una tormenta.
El autor del fresco defiende su trabajo tras recibir órdenes para tapar la imagen
El fresco en cuestión, ubicado en la basílica de San Lorenzo in Lucina, mostraba a un ángel cuyo rostro coincidía sorprendentemente con el de la primera ministra italiana. La semejanza desató críticas y curiosidad a partes iguales hasta que, de acuerdo con La Repubblica, el restaurador Bruno Valentinetti confirmó haber borrado la cara.
El artista, de 83 años, aseguró que había actuado siguiendo instrucciones y que procedió a cubrir el rostro. En declaraciones recogidas por La Repubblica, afirmó: “Lo cubrí porque me lo ordenó el Vaticano”. Añadió después: “Anoche lo borré y sigo diciendo que no era la primera ministra”. El restaurador, de esta manera, negó haber querido retratar a Meloni y defendió que se limitó a reproducir su obra original: “El parecido con Meloni lo veis vosotros, yo sólo he recalcado la figura que había antes”.
El cardenal Baldo Reina, vicario general de Roma, fue tajante al conocer el caso. En una nota oficial manifestó su “decepción por lo sucedido” y anunció la apertura de una investigación para determinar responsabilidades. Según el prelado, las imágenes de arte sacro “no pueden ser objeto de mal uso ni explotación”, una referencia clara a la polémica generada por la similitud del rostro del ángel con la dirigente italiana. La orden de restaurar la versión original, por lo tanto, cerró cualquier rastro de ambigüedad sobre la posición del Vaticano.
El siguiente paso correspondió a la Superintendencia Especial de Roma, que comenzó a revisar los archivos a petición del ministro de Cultura, Alessandro Giuli. El objetivo era recuperar dibujos y fotografías del proyecto original de la Capilla del Crucifijo, fechado en el año 2000, para guiar una nueva intervención. A esas tareas se sumaron el Fondo para los Edificios de Culto y la Oficina para los Edificios de Culto del Vicariato de Roma, junto con el párroco Daniele Micheletti, hasta acordar la eliminación definitiva de la imagen alterada. “Siempre dije que, si resultaba divisiva, la retiraríamos”, aseguró a ANSA.
La propia Meloni responde con ironía mientras su posición internacional se mantiene
Meloni reaccionó con humor en sus redes sociales. En un mensaje publicado en Facebook escribió: “No, definitivamente no me parezco a un ángel”, acompañado de un emoji sonriente. El comentario sirvió para desactivar parte de la tensión de los últimos días. Aun así, el parecido con la mandataria fue suficiente para provocar protestas de la oposición y convertir la basílica en parada obligada para curiosos y turistas.
Mientras tanto, los datos de los principales institutos demoscópicos mantienen a la líder italiana en una posición destacada. Ipsos situó su nivel de aprobación en torno al 38-44%, y Tecnè elevó la confianza personal en Meloni hasta el 46,8%. En comparación, el primer ministro británico Keir Starmer se mueve entre el 35-40% y Macron apenas alcanza el 25%.
Esa diferencia ha consolidado la percepción de Meloni como figura “incontestable” en Bruselas y aliada firme de Ursula von der Leyen en la guerra de Ucrania, pese a las críticas iniciales por su pasado populista. Su influencia crece como punto de enlace entre las derechas europeas, un papel que ha reforzado su perfil internacional.
El caso del ángel de San Lorenzo, convertido en anécdota política, muestra hasta qué punto su imagen pública atraviesa todos los ámbitos de la vida italiana. Lo que empezó como un detalle de restauración terminó siendo un espejo involuntario del poder simbólico que acompaña a Meloni incluso fuera de la política.