La última persona en ser condenada por brujería fue hace menos de un siglo y en plena Segunda Guerra Mundial

Andrea Blez

27 de agosto de 2026 19:30 h

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La Caza de Brujas, la persecución violenta de miles de personas que fueron acusadas de pactar con el diablo, es un hecho que relacionamos con la Edad Media, aunque fue un hecho más reciente, ocurrido principalmente entre los siglos XV y XVIII, ocupando 300 años en los que miles de personas fueron condenadas y se considera que hasta 60.000 fueron ejecutadas en Europa y América por esta razón.

Aunque lo veamos lejano en el tiempo, la última persona condenada por brujería en Occidente se produjo en pleno contexto de la Segunda Guerra Mundial, apenas en el siglo XX. Fue una médium escocesa, de nombre Helen Duncan, de la que se temía que revelara secretos de guerra, y cuya condena tuvo la oposición del entonces primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill.

Quién fue Helen Duncan, la última persona condenada por brujería

Helen Duncan nació en 1897 en Callander, en el norte de Escocia, en el seno de una familia de origen humilde. De hecho, desde muy joven comenzó a trabajar y pronto también se casó y tuvo seis hijos. Debido a su familia numerosa, pronto la economía familiar se vio mermada y se vio obligada a buscar un extra a su trabajo principal en una fábrica de productos de limpieza. Fue entonces cuando decidió dedicarse a ser médium.

Este hecho no sorprendió, porque desde pequeña había tenido interés por lo paranormal, habiendo demostrado antes que tenía dotes adivinatorios. Así, su marido la apoyó en su dedicación a ser médium a tiempo parcial, aunque pronto pasó de un simple pasatiempo a ser el principal sustento de la familia.

De hecho, Helen Duncan era ya en la década de 1930 una de las médiums más populares del Reino Unido, en parte por sus llamativas actuaciones, en las que entraba en trance para comunicarse con el más allá, y su boca y su nariz expulsaban una extraña sustancia que llamaban ectoplasma, una masa viscosa, que, según el ocultismo, era la materia que conectaba a los seres vivos con los fantasmas.

Un contexto del auge del ocultismo y la causa de su condena

El período convulso que vivía Europa en la primera mitad del siglo XX propició que artes como el ocultismo tuvieran un fuerte auge, aunque al mismo tiempo había científicos intentando desmontar esta práctica. Una de ellas tuvo como a Helen Duncan como protagonista, la del psiquiatra Harry Price, que asistió a una de las sesiones de la escocesa y de la que se conservan fotografías. Este llegó a la conclusión de que el ‘ectoplasma’ era en realidad un preparado con clara de huevo.

Aquí comenzaron los problemas para Helen Duncan, al ser condenada por estafa por un tribunal de Edimburgo en 1933. Sin embargo, la médium todavía gozaba de popularidad y llegó a noviembre de 1941 con muchos clientes en plena costa del sur del país, en la localidad de Portsmouth, a donde se había trasladado tras mejorar su situación económica.

Fue entonces cuando recibió a una clienta, una madre que quería saber el futuro de su hijo, que estaba alistado en la armada británica en plena Segunda Guerra Mundial. Duncan le aseguró que el joven estaba fallecido, tras haberse puesto en contacto con él, abatido por los alemanes en el acorazado HMS Barham. La médium estaba en lo cierto, este hecho sucedió el 25 de noviembre de ese año en las costas de Malta, aunque no fue informado por la Royal Navy, que prefirió no hacerlo hasta dos meses después por motivos de propaganda. Esto la metió en problemas, pues los servicios de inteligencia vieron en ella a una espía, aunque la opción más probable es que conociera la información por medio de un cliente militar. Se estaba llevando a cabo la planificación del Desembarco de Normandía, que se quería que siguiera siendo secreto, y fue por eso por lo que la detuvieron en enero de 1944 en medio de una de sus sesiones tras ser vigilada durante meses.

Winston Churchill se opuso a su condena

Helen Duncan fue entonces condenada por brujería por la ley de 1735, que todavía seguía vigente, lo que tuvo un fuerte impacto público, que era lo que se buscaba. Sin embargo, muchos no estuvieron de acuerdo, y uno de ellos fue el primer ministro británico Winston Churchill, quien fue así de crítico: “Envíeme un informe sobre las razones por las que la ley de Brujería de 1735 ha sido utilizada en un tribunal de justicia moderno. Cuál fue el costo de este juicio para el Estado, teniendo en cuenta que los testigos fueron traídos desde Portsmouth y se les ha mantenido aquí, en este Londres abarrotado, durante una quincena, y el juez ha estado ocupándose de toda esta tontería obsoleta, en detrimento de otros trabajos necesarios en los tribunales”, aseguró en una carta al entonces ministro del interior.

Cumplió nueve meses de cárcel, pero el caso tuvo tanto impacto que en 1951 fue abolida la ley de Brujería, que llevaba más de dos siglos vigente, y a su vez se sustituyó por la de la Médium Fraudulentos. Duncan había prometido dejar la profesión después de haber salido de prisión, pero no lo cumplió y fue detenida de nuevo en 1956, falleciendo poco tiempo después. La médium pasó a la historia como la última condenada por brujería, un hecho que, aunque ha recibido fuerte oposición y todavía la tiene, la mujer no ha sido revocada de esa condena.