ANTHROPIC
EEUU veta por primera vez la exportación de una inteligencia artificial y confirma el inicio de la guerra fría digital
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Si quedaba alguna duda sobre el papel clave de la inteligencia artificial para la seguridad nacional, Estados Unidos la ha resuelto este sábado. Donald Trump ha vetado por primera vez la exportación de un modelo de IA fuera de las fronteras del país o su uso por parte de extranjeros. Esto ha obligado a Anthropic, la empresa que lo desarrolla, a cortar por completo el acceso a esta tecnología ante el temor de no poder satisfacer las prerrogativas de la Casa Blanca.
Anthropic llevaba meses en el ojo del huracán. Primero, por negarse a levantar algunas salvaguardas de seguridad para el uso de su tecnología en armas autónomas o vigilancia masiva. Después, por el desarrollo de Mythos, una IA que ha puesto en alerta la ciberseguridad mundial por su capacidad para encontrar brechas de seguridad que los mejores especialistas humanos habían pasado por alto. Lo que implica que, si cayera en las manos equivocadas, podría utilizarse para lanzar ataques contra infraestructuras críticas, administraciones públicas o la banca.
Tras semanas de debate sobre qué hacer con Mythos y si la Casa Blanca debería tener capacidad para revisar los modelos antes de su lanzamiento, Trump ha terminado dando la orden de prohibir que los extranjeros tengan cualquier tipo de contacto con esta IA. Incluso aquellos que sean trabajadores de Anthropic.
Hasta ahora, las medidas de control de esta tecnología por parte de EEUU se basaban en cerrar cuellos de botella y estaban acotadas a China y su zona de influencia. Especialmente chips avanzados, así como los programas y las máquinas para fabricarlos. Sin embargo, el nuevo movimiento de Trump eleva esa política a un nuevo nivel y marca el inicio de la guerra fría digital.
Es la primera vez que la Casa Blanca bloquea un modelo que usaban ya millones de personas en todo el mundo, una decisión histórica que a tenor de lo ocurrido en Washington las últimas semanas, podría no ser la última.
El “bebé hermoso”
La medida llega después de una guerra soterrada entre Silicon Valley y la banca por las medidas de seguridad que deberían tener los nuevos modelos de IA. Un conflicto que los magnates tecnológicos parecían haber ganado por partida doble.
“Haremos que esta industria sea absolutamente la mejor porque ahora mismo es un bebé hermoso que ha nacido. Tenemos que hacer crecer a ese bebé y dejar que prospere”, decía Trump sobre la IA al tomar posesión de su cargo. “No podemos detenerla. No podemos detenerla con política. No podemos detenerla con reglas tontas y estúpidas”, insistía, defendiendo un enfoque libertario contra la regulación.
La segunda venida de Trump a la Casa Blanca estuvo marcada por su alianza con el capital riesgo de Silicon Valley. De su mano llegaron a Washington Elon Musk y el inversor David Sacks, dos miembros de la conocida como PayPal mafia, un grupo empresarios originarios de la Sudáfrica del apartheid defensores de la desregulación total de la tecnología. Ambos fueron designados “empleados especiales del Gobierno”, cargos con responsabilidades difusas que les permitían moverse con libertad por las diferentes capas del poder político estadounidense.
Mientras a Musk se le asignaba el puesto de líder del Departamento de Eficiencia Gubernamental, a Sacks se le encumbró como “zar de la inteligencia artificial y las criptomonedas”. Ambos centraron sus esfuerzos en frenar cualquier regulación para la IA, con Sacks insistiendo especialmente en cómo cualquier norma de seguridad supondría una zancadilla en la carrera con China. “Se podría argumentar que la carrera de la IA es incluso más importante que la carrera espacial, porque va a determinar quién reconfigura la economía global y quiénes van a ser las superpotencias del siglo XXI”, repetía.
Dicho y hecho: una de las primeras medidas de Trump al llegar al Despacho Oval fue derogar por completo todas las medidas de seguridad para los sistemas de IA diseñadas durante la presidencia de Joe Biden, mientras iniciaba la guerra comercial y restringía aún más la venta de chips y otras tecnologías clave al gigante asiático.
El detonante Mythos
Una de las particularidades de esos cargos de “empleado especial” es que solo permiten estar períodos cortos de tiempo en la administración estadounidense. Musk y Sacks abandonaron los pasillos del Gobierno hace meses. En tecnología, es tiempo suficiente para que todo cambie por completo, sobre todo en medio de la revolución de la IA.
El catalizador de ese cambio fue Mythos, anunciado en abril. Anthropic, fundada por extrabajadores de OpenAI que defienden la necesidad de una mayor seguridad en el desarrollo de IA, decidió no liberarlo en abierto. En vez de ello, ofrecieron un acceso acotado a grandes tecnológicas, bancos y gobiernos para que pusieran a prueba sus propios sistemas de seguridad.
Con todo, el enfoque de control de daños de Anthropic no impidió que muchos tomaran a Mythos como un aviso a navegantes. La banca y los organismos de ciberseguridad quedaron en alerta: ¿y si Mythos se filtra fuera del entorno protegido de Anthropic? ¿Y si el próximo Mythos sale a la luz sin el período de pruebas controladas que estableció esta startup? Según el New York Times, directores de bancos como JP Morgan, la mayor entidad de EEUU, han expresado repetidamente a Trump estas preocupaciones desde abril.
Zuckerberg frena la orden en el último momento
Con Musk y Sacks lejos de Washington, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y la jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles, pasaron a la acción. Según detallaron varios medios estadounidenses, ambos utilizaron a Mythos como palanca para convencer a Trump de que la inacción del Gobierno los haría parecer cómplices si ocurría un ciberataque masivo potenciado con inteligencia artificial.
Lo consiguieron. “Estamos estudiando que pasen por un proceso para que sean liberados abiertamente después de que se haya demostrado que son seguros, al igual que un medicamento de la FDA [Administración de Alimentos y Medicamentos]”, confirmó en una entrevista en Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional. El mecanismo se concretó en una nueva norma que forzaba a las empresas a enviar al Gobierno cada nuevo modelo IA al menos 90 días antes de ponerse a disposición del público general.
La declaración desató el pánico en Silicon Valley. Una autorización gubernamental previa para cada modelo era justo el proceso que las grandes tecnológicas y los inversores de capital riesgo representados por Sacks querían evitar.
Trump iba a firmar la orden ejecutiva que incluía esos 90 días de moratoria el jueves 21 de mayo. Pero su teléfono empieza a echar humo: Musk y Sacks presionan al presidente para que recuerde su compromiso inicial con la desregulación de la IA y reconsidere su postura.
Como no me gustaron ciertos aspectos, lo he pospuesto. Creo que se interpone en el camino de... ya saben, estamos liderando a China, a todos. No quiero hacer nada que se interponga
La misma mañana en la que iba a firmar la orden, y con varios directores ejecutivos tecnológicos invitados a la Casa Blanca para aparecer en la fotografía, Trump duda. Según medios como la CNBC, decide llamar a Mark Zuckerberg, CEO de Meta; y Marc Andreessen, socio fundador de uno de los principales fondos de capital riesgo de Silicon Valley. No está convencido de rubricar la norma.
Esas conversaciones consiguieron volver a dar la vuelta a la situación. “Como no me gustaron ciertos aspectos, lo he pospuesto. Creo que se interpone en el camino de... ya saben, estamos liderando a China, estamos liderando a todos. Y no quiero hacer nada que se interponga”, explicó ese día el presidente a los medios de comunicación. “Realmente pensé que esto podría haber sido un obstáculo, y quiero asegurarme de que se haga bien”.
Una victoria en falso
Trump terminó firmando una orden ejecutiva con medidas de seguridad para la IA el 2 de junio. Sin embargo, las principales restricciones habían desaparecido. Del período obligatorio de 90 días para revisar cada nuevo modelo de IA se pasa a uno de 30 de carácter estrictamente voluntario. El texto está redactado pensando en modelos como Mythos, con “capacidades de ciberseguridad avanzadas”, y plantea la necesidad de avisar al Gobierno de su llegada con la suficiente antelación, no un control estricto.
Parecía que Silicon Valley había vuelto a ganar. Consiguió incluso incluir un párrafo que especifica que la Casa Blanca no puede intentar controlar cada modelo que salga al mercado. “Nada en esta sección se interpretará para autorizar la creación de un requisito obligatorio de licencia, preautorización o permiso gubernamental para el desarrollo, publicación, lanzamiento o distribución de nuevos modelos de IA”, dice la orden.
Sin embargo, diez días después Trump ha vuelto a dar un nuevo volantazo. Esta semana, Anthropic había publicado Fable 5, una versión de Mythos con capacidades recortadas para que su uso no represente una amenaza para los sistemas informáticos. Según el comunicado de la startup, la Casa Blanca sospecha que Fable ha podido ser hackeado.
“Tenemos entendido que el gobierno cree que ha tenido conocimiento de un método para eludir, o hacer un jailbreak [una vía para eliminar las restricciones de un programa o dispositivo y obtener funciones no permitidas por el fabricante], a Fable 5”, afirma la empresa dirigida por Dario Amodei. Sin embargo, asegura que no ha encontrado esas formas de violar la seguridad tras revisar sus sistemas.
“Creemos que esto es un malentendido y estamos trabajando para restaurar el acceso lo antes posible”, exponen. Según el comunicado de Anthropic, la empresa recibió la orden a las 17:21 del viernes. Sin embargo, esta no explicaba en detalle cuál era la preocupación de seguridad concreta que motivaba el veto. Una decisión histórica, ejecutada sin explicación y a última hora de un viernes.
Por el momento, el veto también deja en el aire el acceso de España a Mythos, concedido a principios de este mes tras semanas de negociaciones. El plan del Gobierno era que las empresas interesadas pudieran poner a prueba su ciberseguridad con este modelo, pero ahora no está claro que pueda llevarse a cabo. elDiario.es ha preguntado al Ministerio de Transformación Digital, coordinador de ese proceso, sobre el acceso del Ejecutivo a ese entrono de pruebas. “Está por ver qué sucederá”, responden fuentes oficiales.