El 'freno' para la IA fractura Silicon Valley y abre un cisma con Trump: “Hay que correr tan rápido como podamos”
Hay mucho en juego. Miles de millones de dólares, una carrera geopolítica e incluso las mayorías políticas en las dos cámaras de representantes de EEUU. En el debate sobre “ralentizar” el desarrollo de la IA, lo que está encima de la mesa va mucho más allá de la regulación de esta tecnología o los métodos de los laboratorios. Tanto como para fracturar los consensos en Silicon Valley y que Donald Trump se lance con todo para intentar recuperar la iniciativa de un debate que comenzaba a escapársele, aun a costa de abrir un cisma con la industria digital que ha sido su baluarte desde 2024.
El presidente de EEUU defiende que no es necesaria ninguna regulación. “¿Cuándo, en la historia empresarial, se ha visto que los líderes de un sector pidieran una regulación que, de aplicarse con firmeza, los llevaría al olvido y a la quiebra?”, ha cuestionado Trump sobre el plan de Dario Amodei, CEO de Anthropic, con medidas para evitar que la IA “pierda el control”. Una posibilidad que el presidente tacha de “bulo” y de “conspiración enfermiza”: “Esto es aún más descabellado que la farsa de 'Rusia, Rusia, Rusia' o el timo del calentamiento global”.
Pero esta vez Trump no puede limitarse solo a mandar sus clásicas ideas fuerza que tanto éxito le han dado en el pasado. Necesita convencer. En EEUU crece un importante movimiento de protesta por la expansión de los centros de datos masivos para la inteligencia artificial, que está ganando tracción entre demócratas y republicanos. La subida de los precios de la energía es su principal motor, pero su consumo de agua, las ventajas fiscales y los pocos empleos que generan también están acelerando la brecha.
Texas es uno de los mejores ejemplos del potencial de la protesta. Allí, tanto el gobernador republicano como su candidato al Senado se han sumado al movimiento, en el que también hay ecologistas, críticos con las grandes tecnológicas, propietarios rurales, además de los vecinos preocupados por las facturas. En otros estados, como Pennsylvania o Michigan, gobernadores que hace unos meses defendían los centros de datos ahora han dado un giro de 180 grados. Un sentimiento que contagia también a la regulación general de la IA y a la relación de Trump con los magnates de Silicon Valley.
Algo, que a menos de tres meses de las elecciones de mitad de mandato que podrían cambiar las mayorías en el Senado y el Congreso, puede poner en riesgo el futuro político de Trump.
“Oh, hola señor presidente”
En los últimos días, Trump ha comenzado una campaña para que su mensaje llegue más lejos. El principal ejemplo ha sido una oportuna llamada que el presidente realizó a Jensen Huang, CEO de Nvidia, justo cuando esté se encontraba en un acto contra la regulación de la IA. En él también participaban figuras con David Sacks, asesor de Trump encargado de ser “el zar de la IA y las criptomonedas”, la figura más radical en su oposición a las leyes para esta tecnología.
Aunque Huang escenifica que la llamada no estaba preparada, activa al altavoz y cede el escenario a Trump para que explique su oposición al plan de Amodei durante unos cinco minutos. “El país más feliz con todo esto es China”, afirma el presidente, que sostiene que cualquier medida de control de la IA haría que el gigante asiático sobrepasara a EEUU.
Huang es una figura clave en esa postura. Es el magnate de la IA que defiende que EEUU no solo no debería regular, sino que tendría que acelerar. “Correr tan rápido como podamos” fue la receta que expresó en el mismo escenario. Una postura que le ha llevado a tener enfrentamientos públicos con Amodei, el líder intelectual del bando contrario. “Si creas un producto o un servicio y no confías en su funcionalidad, capacidad o seguridad, entonces no lo lances al mercado”, ha afeado: “La seguridad es un problema de ingeniería, no vamos a morir en 2030”.
Si creas un producto o un servicio y no confías en su funcionalidad, capacidad o seguridad, entonces no lo lances al mercado
Huang, de 63 años y origen taiwanés, es uno de los perfiles más particulares en la industria de la IA. Tras fundar Nvidia hace 33 años, se conformó con que esta fuera una empresa de nicho en el sector de los videojuegos. Cuando los chips que llevaba décadas fabricando para la visualización de gráficos se convirtieron en los más útiles para el entrenamiento de la IA, Nvidia se convirtió en la empresa más valiosa del mundo, pulverizando récords de beneficios trimestre a trimestre. Está en el centro de la vorágine constructora de centros de datos y Huang defiende que no hay ninguna “burbuja” en torno a ellos ni a la IA: “Las fuerzas del mercado ya están ahí; no necesitamos nuevas leyes, no necesitamos nuevas regulaciones”.
Es un importante aliado en la campaña contra la regulación de Trump, pero no es el único. En ella también se ha enrolado uno de los principales aliados del presidente entre los emperadores de Silicon Valley: Mark Zuckerberg. El CEO de Meta ha rechazado la necesidad de una regulación, indicando que son las propias empresas las interesadas en que la IA no cause consecuencias graves. “Los laboratorios se enfrentan a una responsabilidad significativa si sus modelos causan daño, por lo que también tienen un fuerte incentivo para evitarlo”, ha escrito en X el último de los magnates que faltaba por posicionarse.
La extraña alianza
Al otro lado del bando comandado por Trump y Huang se sitúa la extraña alianza entre Dario Amodei, Sam Altman y Elon Musk. Tres fundadores y directores ejecutivos que han estado enfrentados en el pasado (Altman y Musk han llegado a los tribunales) pero que han formado ahora un grupo unido en su petición de una regulación que “ralentice” el desarrollo de la IA basándose en el plan de Amodei.
En Silicon Valley abundan los congresos y eventos en los que los CEO pueden expresarse, por lo que las respuestas de este grupo a Trump y Huang no se han hecho esperar. “Es muy tentador atacar a la competencia y decir que no somos seguros. Pero creo que la forma más responsable de responder a eso es decir: 'Analicemos nuestro propio historial. Puede que no hayamos tenido ningún incidente grave y de gran repercusión, pero estoy seguro de que no somos perfectos'”, respondió Amodei este martes en una de esas conferencias.
“Creo que así es como se lidera el sector: dando ejemplo, diciendo que todos podemos mejorar siempre”, añadió en el evento, organizado esta vez por la compañía de software Salesforce en San Francisco.
Puede que no hayamos tenido ningún incidente grave y de gran repercusión, pero estoy seguro de que no somos perfectos
A la misma conferencia estaba citado Sam Altman. Dirige OpenAI, la compañía que se ha visto sobrepasada por Anthropic en el liderazgo de la IA, pero apoya a Amodei en su petición de regulación. El ejecutivo intentó explicar por qué la petición de regulación ha unido a diferentes actores de la industria. “No puede ser que un número pequeño de empresas que construyen estos modelos tomen las decisiones que todo el mundo debería tomar”, afirmó, opinando que debe haber unas reglas comunes a las que estas empresas se adhieran.
“No estoy de acuerdo con que la tecnología no sea ni buena ni mala... las decisiones que toman las empresas que construyen esto tienen consecuencias reales”, añadió Altman. Por último, el líder de OpenAI pidió a la ciudadanía que confíe en los laboratorios de IA, los mismos a los que la ONU pide más transparencia en su desarrollo. “El mundo debe confiar en que vamos a hacer lo correcto porque es lo correcto y porque somos conscientes de la magnitud de todo esto”.
No estoy de acuerdo con que la tecnología no sea ni buena ni mala... las decisiones que toman las empresas que construyen esto tienen consecuencias reales
El último en pasar por el escenario fue Elon Musk. “Hay empresas que dicen cosas como: 'Solo ralentizaremos el desarrollo o solo actuaremos de forma responsable si las demás empresas también lo hacen de forma responsable'”, criticó. El magnate es una de las voces que ha pedido moratorias para el desarrollo de la IA desde que salió a la luz el primer ChatGPT en 2022. Muchos expertos denuncian que su intención es realmente establecer una “barrera de entrada” para otros competidores.
En esta ocasión, también fue de los primeros en apoyar el plan de Amodei, que incluye medidas como verificadores independientes que se incrustarían en los laboratorios para vigilar sus avances. “En vez de que cada uno se ponga la nota a sí mismo, al menos tendrías a competidores evaluando tu trabajo y dando la voz de alarma si detectan algún problema”, dijo. La procedencia de esos evaluadores, que Musk da por hecho que vendrían de la propia industria, es uno de los puntos más criticados del plan, con voces que avisan que se trata de una estrategia de autorregulación.
La gente lo tiene claro
Mientras los magnates de Silicon Valley discuten cómo repartirse los exámenes de seguridad o si sus propios competidores deben evaluar sus modelos, el verdadero incendio se ha trasladado a Washington. Encuestas de la Universidad de Maryland revelan que cerca del 80% de los votantes, tanto demócratas como republicanos, exige la creación de una agencia federal que supervise y controle esta tecnología, mientras que un porcentaje similar creen que el Gobierno debería establecer exámenes de seguridad para los modelos que tomen decisiones críticas. Datos clave para los congresistas y senadores que se juegan su escaño en menos de tres meses y que se suma al movimiento de protesta por los centros de datos.
Todos se juegan mucho. La fractura en Silicon Valley podría provocar que el intento de autorregulación que algunos de sus magnates están intentando conseguir, se pierda por falta de consenso. Mientras, el cisma abierto por Trump con su negativa total a una regulación amenaza con distanciarle con algunos de sus principales apoyos en el sector que ha sido su baluarte en su segundo mandato. Una pugna que no se resolverá en las urnas, no en los pasillos de San Francisco.