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Barcelona, más feminismo

Hacer política feminista no solo mejora la vida de las mujeres sino que hace de la ciudad un espacio más justo para todas las personas

Varias manifestantes en la marcha del 8M de Madrid / Olmo Calvo

OLMO CALVO

Cuando llegamos al Ayuntamiento de Barcelona hace cuatro años, nos propusimos inocular feminismo en cada departamento y mecanismo de la institución, y los resultados están a la vista. Se trata de un proceso de transformación profundo y progresivo, pero ahora que es tiempo de evaluar resulta esperanzador ver los avances conseguidos en tan poco tiempo. En cultura, salud, educación, seguridad, urbanismo… en todos los ámbitos de actuación del Ayuntamiento hemos dedicado tiempo y esfuerzo a analizar las causas de las desigualdades, así como a diseñar estrategias y actuaciones para combatirlas desde la raíz.

Uno de los instrumentos más potentes para llenar de feminismo la institución han sido las herramientas propias del Ayuntamiento, como los presupuestos, la fiscalidad o la contratación. Las cláusulas de contratación de género, que obligan a las empresas que contratan con el Ayuntamiento de Barcelona a acabar con su brecha salarial e implementar planes de igualdad, empiezan a ofrecer resultados.

En menos de un año se han introducido más de 270 clausulas de género en las contrataciones del Ayuntamiento, en contratos clave además como el de limpieza o el de gestión de equipamientos culturales. También el Reglamento municipal por la equidad de género, que introduce la paridad en los puestos de decisión del Ayuntamiento y un análisis de impacto de género de los reglamentos y de la planificación urbana. Por poner un ejemplo, desde ahora cualquier transformación urbanística debe incluir una concepción amplia de la seguridad, que tenga en cuenta la autonomía de las personas y la prevención de las violencias machistas y sexuales que tienen lugar en el espacio público. Además, introducir la perspectiva de género en el urbanismo implica asegurar la participación de las mujeres en la definición de los cambios en sus barrios, lo que se ha llevado a cabo con marchas exploratorias protagonizadas por vecinas. A través de medidas como el urbanismo feminista hemos puesto las necesidades cotidianas en el centro de la política municipal, superando las viejas concepciones que se centraban exclusivamente en la dimensión productiva de la vida social.

Veníamos de una legislatura anterior donde las políticas de igualdad se consideraban un tema sectorial y secundario. En cambio hoy, la Concejalía de Feminismos y LGTBI es una pieza clave del Ayuntamiento, desde donde se ha impulsado una profunda transformación de la institución. Se ha más que doblado el presupuesto para luchar contra las agresiones machistas y se han puesto en marcha políticas tan necesarias e innovadoras como la unidad contra la trata de seres humanos.

Pero la transformación feminista ha logrado ir mucho más allá de políticas concretas para proteger los derechos de las mujeres y de la propia organización. El reto mayor lo hemos comenzado, y se trata de sentar las bases de una transformación feminista de la economía de la ciudad. De esta manera, hemos pasado de unas políticas municipales centradas en lo “productivo” a un enfoque que amplía la mirada hacia las llamadas necesidades de reproducción y cuidados de la sociedad. ¿Cómo se traduce esto? Apoyando primeramente a las personas que llevan a cabo estas tareas, que históricamente han estado social y económicamente desvalorizadas. Recordemos que las personas que cuidan son mayoritariamente mujeres de la familia cuando no es un empleo remunerado y mujeres migrantes cuando lo es.
En este sentido hemos puesto en marcha una estrategia municipal contra la feminización de la pobreza y se ha impulsado un reparto más justo del trabajo de cuidados. Para ello, se han reforzado los planes de inserción laboral del Ayuntamiento y se han creado puntos de asesoría laboral para las empresas de la ciudad. Además, se ha ampliado la oferta municipal de servicios públicos de cuidados con la apertura de seis nuevas escuelas infantiles y un centro específico para apoyar a las personas cuidadoras.

Esta apuesta feminista que ha llegado de la mano de Ada Colau a la Alcaldía hace cuatro años está dando resultados, y los efectos se pueden tocar con las manos. Hoy, las mujeres de Barcelona tenemos una mejor protección contra la violencia machista y más de 50000 mujeres han visto mejorar su situación laboral. Asimismo, hemos empezado a transformar el propio Ayuntamiento, rompiendo una inercia histórica en la que los cuidados eran una preocupación secundaria.

El aprendizaje de estos años pasa por reconocer que hacer política feminista no solo mejora la vida de las mujeres sino que hace de la ciudad un espacio más justo para todas las personas. Es por eso que necesitamos cuatro años más para seguir haciendo de Barcelona una ciudad más feminista, más inclusiva y más habitable.

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