Entre Albacete y Ciudad Real: el espectáculo de las lagunas y cascadas que vuelven a brotar después de las lluvias
Entre las provincias de Albacete y Ciudad Real se encuentra el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, un oasis que rompe con la sobriedad del paisaje manchego configurando un ecosistema de aguas turquesas único en la Península. Este espacio natural, que se extiende por casi 3.772 hectáreas, es mucho más que un simple conjunto de láminas de agua; es un sistema complejo donde la geología y la historia se entrelazan. De hecho, su valor es innegable desde hace décadas: ya en 1931 fue declarado Sitio Natural de Interés Nacional, aunque no fue hasta 1979 cuando se consolidó su protección oficial como Parque Natural.
Más allá de su atractivo visual, lo que hace especial a Ruidera es que representa un paisaje casi único en Europa, y no solo por sus famosas cascadas. Es un refugio de la biodiversidad tan importante que en 1981 fue integrado en la Reserva de la Biosfera y, posteriormente, en 1988, se reconoció como zona de especial protección para las aves (ZEPA). Este blindaje ambiental permite cuidar su vegetación y a las más de 250 especies de vertebrados que conviven en este rincón, garantizando que el tesoro natural que vemos hoy se mantenga intacto.
Como punto de partida fundamental, se recomienda visitar uno de los Centros de Visitantes —ubicados en la localidad de Ruidera o en la Laguna Colgada— donde se ofrece una visión global de los valores del parque antes de lanzarse a la aventura. Este entorno no solo invita al paseo, sino que despliega un abanico de turismo activo y ecoturismo, con opciones que van desde el baño y la pesca deportiva hasta visitas a bodegas y queseras locales, garantizando una estancia sensorial completa y respetuosa con el medio ambiente.
Tras el invierno, si ha sido lluvioso, sus 15 cascadas escalonadas se llenan de agua, renacen y se convierten en un espectáculo de la naturaleza. Al acumularse las precipitaciones, el agua empieza a fluir hasta brotar por las cascadas y activarlas de nuevo tras los períodos de sequía. Este fenómeno se produce al filtrarse el agua de las lluvias por el acuífero y emerger al cabo de unos días por las lagunas, lo que genera impresionantes saltos de agua y cascadas. Pero si el año no ha sido muy lluvioso, no se “despiertan” todas las conexiones.
Si estás pensando en hacer una escapada, no descartes este oasis de interior, que este año se encuentra en uno de sus mejores momentos. La intensidad de las lluvias de los últimos meses ha activado las cascadas del Parque, algo que irá a más en las próximas semanas, puesto que el sistema se va recargando poco a poco con el agua del acuífero.
Si te decides a visitar las Lagunas de Ruidera, anota estas cinco paradas imprescindibles en la ruta:
- La cascada del Hundimiento. Es, sin duda, el salto de agua más conocido y visitado de todo el conjunto. Tiene su origen en el siglo XVI, en una crecida del Guadiana que sepultó viviendas y otras edificaciones y creó un cañón fluvial. De este suceso quedó constancia en las Relaciones Topográficas de 1575, en el reinado de Felipe II. Desde Ruidera se puede llegar a pie en unos diez minutos. Podremos contemplar cómo fluye el agua verde esmeralda por la cascada, de quince metros de altura, desde un mirador de madera.
- La Laguna Colgada. Es otro de los puntos que no podemos dejar de visitar si vamos a Ruidera. Esta laguna, con aguas de color azul turquesa, conecta con otras como la de Batana y es un enclave perfecto para realizar algunas actividades como kayak o senderismo.
- La Laguna del Rey. Es el lugar indicado para observar tanto la fauna como la flora del parque. Con un acceso muy sencillo y zonas de aparcamiento en sus proximidades, suele estar muy animada en épocas de temporada alta. Es muy aconsejable hacer una parada en la Laguna del Rey, especialmente con niños. En verano hay algunas zonas en las que se permite el baño y el uso de embarcaciones, pero siguiendo unas normas para garantizar la seguridad de los usuarios.
- Los miradores. Este año de lluvias abundantes es muy aconsejable acercarse al mirador que se encuentra entre la Laguna Redondilla y la Laguna Lengua, desde donde podremos obtener una vista panorámica desde la carretera de los saltos escalonados de agua que se forman en las cascadas. Si quieres una foto para el recuerdo, este el mejor sitio.
- La Cueva de Montesinos. Dentro del Parque Natural, en el término municipal de Ossa de Montiel y a 14 km de distancia de Ruidera, se encuentra esta cueva kárstica fruto de la disolución del agua de la lluvia en las rocas. Con 80 metros de profundidad, encontramos un pequeño río en su interior y la “gran sala”, un espacio amplio en cuyo techo habitan los murciélagos. Esta cueva forma parte también de la literatura desde que Don Quijote tuviera en su interior una serie de alucinaciones.
Ruta hacia el Castillo de Peñarroya
Es posible recorrer el grueso de ese paraje natural a pie, en una ruta que tiene como primera parada la Cascada del Hundimiento y que muere en el Castillo de Peñarroya. Se trata de un recorrido de veinte kilómetros y que se puede recorrer en bicicleta. El punto de salida se encuentra a la salida de Ruidera, junto al cementerio local. Se trata de un trazado bien señalizado, marcado con estacas. Tras esto, el recorrido discurre prácticamente en línea recta, con un total de cinco paradas programadas.
La primera parada se encuentra en la cascada del Hundimiento, la frontera entre las lagunas altas y bajas del entorno. En el recorrido pasaremos junto a la laguna Cueva Morenilla, la laguna Coladilla y la laguna del Cenagal. Veremos cómo el canal de riego trazado a finales del siglo XVIII ha promovido la proliferación de encinas y coscojas, que nos acompañarán en este recorrido. El camino eventualmente se abrirá paso hasta el Embalse de Peñarroya, y más adelante el recorrido finaliza en El Castillo.
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