El manual definitivo sobre protocolo viajero: cómo afrontar 36 situaciones complicadas en un tren, autobús o avión
El transporte público puede ser un lugar caluroso, ruidoso, abarrotado y estresante, y eso sin contar con la gente que lleva comida que huele fuerte, con una higiene cuestionable o con mochilas gigantes. La mayoría de nosotros conocemos las normas generales —aunque no todos las cumplimos— sobre dejar bajar primero a los pasajeros, no poner las bolsas en los asientos, dónde colocarse en las escaleras mecánicas y ceder el asiento a los mayores. Pero, ¿qué hay de las convenciones más imprecisas? ¿Cómo evitar a los pasajeros charlatanes? ¿O a los que ocupan demasiado espacio con las piernas? ¿Está bien a veces poner los pies en los asientos? (Spoiler: no lo está). Aquí, tres expertos en etiqueta nos enseñan cómo comportarnos correctamente en el transporte público.
Cómo utilizar los asientos
- ¿A quién debo ceder mi asiento?
En principio, la respuesta es sencilla: a cualquiera que lo necesite más que tú. “La realidad es más complicada”, afirma Rupert Wesson, director de la consultora sobre protocolo social Debrett’s, a la hora de determinar quién podría ser esa persona. Si se trata de un padre o una madre agobiado con un bebé o un niño pequeño, está claro. Pero, ¿esa mujer de allí está realmente embarazada? ¿Podría esa persona mayor sentirse ofendida al ser considerada demasiado frágil para estar de pie? “Nadie debería ofenderse por que le ofrezcan un asiento —es un gesto amable—, pero, no obstante, hay que actuar con cierta cautela”, dice Wesson. Valóralo bien y ofrécelo con discreción. “No lo conviertas en un espectáculo; simplemente intenta llamar la atención de esa persona. Puedes hacerlo sin decir nada”.
Si no estás seguro, ¿deberías levantarte, como si fueras a bajarte, y esperar a que la persona ocupe tu asiento? “El peligro es que alguien que no lo necesite se adelante, así que intento ser un poco más selectivo”, dice Wesson. “Me levanto, pero no me aparto de inmediato, solo para asegurarme de que la persona que pueda necesitarlo se haya fijado en mí o haya captado mi gesto”. La idea de ofrecer el asiento a las mujeres, principalmente por la suposición de que son demasiado delicadas para estar de pie, es “un concepto anticuado. Conozco a algunas personas que siempre lo hacen, pero el mundo ya ha dejado atrás esa costumbre”.
Sin embargo, el paso más importante para determinar si alguien podría necesitar un asiento es dejar el móvil y mirar a tu alrededor, a las personas que te rodean. «Fijarse en la gente a medida que va subiendo al autobús o el tren es lo fundamental», afirma Wesson.
- ¿Puedo poner los pies en el asiento?
Ni hablar, afirma Laura Akano, asesora de etiqueta y fundadora de Polished Manners. “Es un espacio público que compartes con otras personas, y realmente deberías tratarlo con respeto. ¿De verdad crees que está bien poner tus zapatos en un asiento en el que se va a sentar otra persona?” ¿Y si crees que están lo suficientemente limpios? “No lo estarán porque has estado caminando”, afirma Akano, y añade que es igual de inapropiado que la gente se quite los zapatos y ponga los pies descalzos o con medias en los asientos. “No es una extensión de tu salón. Es simplemente un comportamiento inapropiado en un lugar público”.
- ¿Puedo sentarme siempre en el asiento del pasillo?
Sí, pero mantente atento y prepárate para ceder el sitio y permitir que otra persona ocupe el asiento de la ventana. “Es mucho más fácil que te sientes en el asiento de la ventana que tener que dejar que la gente se suba por encima de ti”, dice Wesson. Pero señala que, si el autobús o el tren no va muy lleno y el trayecto es corto, no hay ningún problema en realidad.
- ¿Puedo sentarme en una mesa de cuatro plazas del tren si viajo solo?
Por supuesto. Pero si sube un grupo, sería un gesto de cortesía ofrecerte a cambiarte de sitio. “No es obligatorio, pero es un detalle”, afirma Wesson. De lo contrario, “si necesitas trabajar y tienes el portátil abierto [sobre la mesa], pues adelante”.
- ¿Puedo pedirle a alguien que se cambie de sitio para poder sentarme al lado de mi amigo o mi pareja?
“Si realmente no puedes vivir sin sentarte a su lado, entonces sí, estaría bien”, explica William Hanson, experto en etiqueta y director de The English Manner. “Aunque depende de lo lleno que esté el tren o bus. También debes ser consciente de que pueden decir que no, y están en su derecho”. Si te das cuenta de que una pareja está separada por tu elección de asiento, ¿deberías cambiarte? “Si hay un asiento equivalente y te lo piden amablemente, entonces sí”, afirma Hanson. “Pero a veces me he encontrado con gente que se acerca y dice: 'Lo siento, quiero sentarme al lado de mi novia', en lugar de: '¿Te importaría cambiarte?. Creo que dependería de cómo lo pidieran”.
- Si estoy sentado en uno de los mejores asientos delanteros, en la parte superior de un autobús de dos pisos, ¿tengo que cederlo a los niños?
¿Cómo de generoso te sientes? “Si se me acercaran educadamente y me dijeran: '¿Podríamos cambiar de asiento contigo?', entonces lo haría”, afirma Akano. Pero cuidado con dar cosas por sentadas. “No pensaría automáticamente: 'Como son niños, seguro que prefieren sentarse aquí'”.
- ¿Es una grosería imperdonable alejarse de un desconocido cuando quedan más asientos libres?
No, dice Wesson. “Resulta un poco extraño cuando un tren se vacía de repente y todo el mundo se baja, y entonces solo quedáis vosotros dos sentados juntos. Siempre es agradable tener más espacio, y no, no hace falta que expliques lo que estás haciendo”.
- ¿Puedo reclinar mi asiento en un avión?
Si el asiento se reclina, entonces está permitido, incluso en un vuelo corto diurno, y aunque la persona que tienes detrás esté echando humo en silencio. Eso sí, no lo hagas durante el servicio de comida o bebida. Y si lo haces, hazlo despacio. “Merece la pena comprobar quién está detrás de ti y qué está pasando antes de reclinar el asiento”, dice Wesson. “Asegúrate de que no vas a derramar las bebidas de alguien sobre su regazo”.
- ¿Es aceptable ocupar dos asientos en un autobús o un tren si llevas una maleta enorme y no hay ningún otro sitio donde dejarla?
“A veces no hay más remedio, por desgracia”, afirma Wesson. “Hay que bloquear algo, y o bien es el pasillo o bien es un asiento, así que es mejor bloquear un asiento”. Pero añade que esta situación es poco habitual: normalmente hay alguna solución y otras personas que pueden ayudarte a subir el equipaje a la rejilla. ·“Por regla general, encontraremos la manera de arreglar las cosas con un poco de colaboración y educación”.
Viajar con niños y animales
- ¿Está bien dejar que mi perro se siente en un asiento?
No, dice Hanson. Podría ser tolerable si el perro se sienta sobre una alfombrilla o una manta colocada en el asiento, pero “no en horas punta”. Además, muchas personas, incluidas aquellas con alergias graves, lo considerarían inaceptable.
- ¿Hasta qué punto se debe permitir que los niños se muevan libremente en un avión o un tren?
Es una cuestión delicada, afirma Wesson. Hay quien puede pensar que es entrañable “ver a un niño ir de un lado a otro hablando con todo el mundo en el vagón del tren. Yo lo he visto, y es encantador; saca a todo el mundo del mundo en el que se encuentra”. Y a veces, un niño en edad preescolar lleno de energía al que se le permite dar una vuelta es mejor para todos que uno aburrido y chillón confinado en su asiento. Pero recuerda: nadie piensa que tu hijo sea tan adorable como tú. “La gente suele intentar trabajar o relajarse durante, así que intenta evitar que tu hijo les moleste”, dice Wesson. Dar una vuelta de vez en cuando está bien, pero ten en cuenta “el ruido y el caos que ello conlleva”.
Sobre el espacio personal y otras cuestiones corporales
- ¿Puedo recostarme en la barra del autobús o del tren?
“No es muy elegante, pero no pasa nada”, afirma Hanson. Eso sí, siempre que el autobús o el tren estén relativamente vacíos; de lo contrario, apártate para que la gente pueda agarrarse a él.
- ¿Y si, sin querer, entro en contacto físico con un desconocido?
Obviamente, sepárate inmediatamente. “Pide perdón a la persona a la que has tocado sin querer, tanto si la conoces como si no”, aconseja Hanson. ¿Se puede simplemente ignorarlo? Sí, responde. “Si ha sido algo fugaz y no parece que se hayan dado cuenta, creo que probablemente te saldrías con la tuya, pero es mejor un simple gesto con la mano para pedir perdón que nada”.
- ¿Quién se queda con el reposabrazos?
En un avión, la regla general parece ser que la persona que ocupa el asiento del medio de una fila de tres se queda con ambos reposabrazos. En un autobús o un tren, Hanson aconseja considerarlo “un reposacodos, no un reposabrazos”. De esa forma, probablemente ambos podáis utilizarlo.
- Si alguien en el asiento de al lado está roncando y me está salpicando con la saliva, ¿puedo despertarlo?
Si me está babeando, sí; si está roncando, no. Es de esperar que ninguna de las dos cosas sea intencionada, pero solo una te afecta realmente de forma negativa. Hanson aconseja: “Le tocaría el codo o el hombro y le diría: 'Lo siento mucho, pero me estabas babeando'. Limítate a los hechos. Tómatelo a broma si es necesario. Probablemente se sentirá absolutamente avergonzado. Di: 'Oh, no pasa nada. Es solo que he pensado en intervenir antes de que me empape'”. En cuanto a los ronquidos, dice, “no hay mucho que puedas hacer”.
- ¿Se puede estar demasiado sudado para usar el transporte público?
Mira, no es ilegal, pero hay que tener en cuenta a los demás y el contexto. Todos necesitamos desplazarnos. ¿Empapado de sudor después de una noche de discoteca en un autobús nocturno? Probablemente no pase nada, dado el estado en el que pueden encontrarse los demás pasajeros. ¿Viajar en hora punta después de tu sesión matutina de gimnasio? No es lo ideal. “Si hay algún lugar donde puedas ducharte o refrescarte antes de subir al transporte público, creo que es una cuestión de cortesía hacia los demás, sobre todo en las horas punta”, afirma Hanson.
- ¿Cómo puedo hacer frente al 'manspreading'?
No respondas con el mismo gesto, aconseja Hanson, “porque dos errores no hacen un acierto, seas hombre o te identifiques como quieras. Pero si necesitas ajustarte de forma ligeramente evidente, eso suele surtir efecto”. Añade: “Obviamente, no uses las manos para tocar la pierna de alguien, pero podrías empujarla ligeramente [con la rodilla] si te sientes con valor. Si te sientes lo suficientemente cómoda, siempre puedes ser bastante pasivo-agresiva y decir algo como: 'Vaya, lo siento mucho, ¿estoy ocupando demasiado espacio?'”. La regla general sobre la separación de las piernas es “nada más grande que una pelota de tenis entre las rodillas”.
- ¿Puedo maquillarme en el transporte público?
Hanson solía decir que rotundamente no, pero ahora se ha suavizado. Retocarse rápidamente el pintalabios o dar una palmadita con unos polvos compactos “probablemente está bien, pero maquillarse desde cero, yo diría que no —y esto no es exclusivo de las mujeres”. Akano está de acuerdo en lo que respecta al maquillaje completo. “Lo ideal es que no hacerlo en un espacio público, ya sea en el transporte público o en cualquier otro lugar público”, afirma. “Sé que algunas personas dicen: 'No tengo tiempo antes de salir de casa”. Vale, pero ¿por qué no te levantas 10 o 15 minutos antes para tener tiempo?“.
- ¿Y peinarme?
Aquí Hanson es tajante: “El aseo personal en público debe reducirse al mínimo absoluto, y creo que cepillarse el pelo es demasiado”.
- ¿Puedo ponerme protector solar?
Si realmente tienes que hacerlo —y, aun así, debería ser la cantidad mínima necesaria y, a ser posible, no una dosis para todo el cuerpo—. Según Akano, no hay problema si “se trata de una crema o loción de la que solo tienes que poner un poco en las manos, pero si es un espray, lo más probable es que afecte a otras personas. En realidad, como en todo, se trata de ser considerado y consciente de tu entorno y de las personas que te rodean”.
- ¿Puedo cambiarme de ropa en un vagón de tren?
“Por supuesto que no”, señala Hanson. “Puedes quitarte algunas prendas: un gorro, una bufanda, unos guantes o incluso un jersey. Pero más allá de eso, no. Pequeños cambios, vale, pero nada de cambios importantes”. Quitarse los zapatos o las sandalias también es algo “totalmente prohibido”.
- ¿Qué debo hacer si creo que estoy a punto de vomitar?
Fácil (en teoría). “Ve al baño lo antes posible”, dice Hanson, “e intenta no vomitar en ningún otro sitio que no sea el baño”.
- ¿Puedo agarrarme a la barra o a la correa del techo si llevo una camiseta sin mangas?
¿Cómo de limpias están tus axilas? “Si sabes que la higiene no es buena, entonces no es recomendable”, dice Akano. Incluso si estás impecablemente limpio y perfumado, ver las axilas al descubierto a la altura de los ojos en trenes y autobuses abarrotados no es especialmente agradable, añade. “Si eres bastante alto y hay personas más bajas a tu alrededor, no sería una experiencia agradable para ellas. Si no tienes otra opción, supongo que no hay nada que hacer, porque la seguridad es más importante. Pero no es algo que yo haría en cualquier caso”.
Comer y beber
- ¿Puedo beber alcohol, aunque sea discretamente?
Depende, dice Wesson. Hay ciudades en las que está prohibido beber alcohol en el transporte público. “Pero hay trenes y aviones en los que pasan con un carrito lleno de bebidas alcohólicas”. Si vas a disfrutar de tu lata de cerveza o alguna botella pequeña de alcohol, asegúrate de no molestar a nadie. “Ten en cuenta que, si viajas con otra persona y ambos estáis tomando una copa, es probable que os pongáis un poco más ruidosos, porque eso es lo que nos pasa a todos cuando bebemos”, dice Wesson.
- ¿Puedo comer?
En un tren de cercanías abarrotado: “Nada más grande que un caramelo”, dice Hanson. “La mayoría del transporte público está plagado de gérmenes, así que, ¿por qué querrías comer algo en ese entorno?”. En un viaje más largo en tren o autobús, se acepta comer, pero nada “cuyo olor se note hasta la mitad del vagón”. La comida caliente, y sobre todo los aromas de la comida rápida, pueden resultar especialmente molestos, pero también lo pueden ser algunos bocadillos o frutas. “Una naranja o una mandarina es una de las cosas más antisociales que se pueden comer”, conluye Hanson.
El contrato social
- ¿Debo tener a mano mi billete, mi pasaporte o mi medio de pago?
Si sabes que el autobús está a punto de llegar o que estás en una cola en la que te van a comprobar el pasaporte, asegúrate de tener a mano lo que necesites. “De esa forma, no retrasas a la cola de gente”, señala Akano. “Llega el autobús y es entonces cuando algunas personas empiezan a rebuscar en su bolso para sacar la tarjeta o lo que sea que vayan a utilizar. Lo mismo ocurre con las barreras de las estaciones de tren”. Peor aún es cuando no te apartas del paso mientras buscas lo que necesitas. “Entonces todos nos quedamos ahí esperando a que termines”.
- ¿Es aceptable mantener conversaciones en voz alta por el móvil o con el altavoz?
“Con el altavoz, rotundamente no”, afirma Wesson. “Nadie tiene por qué escuchar a ambas partes de la conversación”. Una conversación telefónica en voz alta es una falta de consideración, pero a veces es inevitable. En un tren, dice Wesson, “siempre puedes levantarte e ir al pasillo entre vagones si es necesario”. Lo ideal es que las llamadas telefónicas sean silenciosas y breves.
- ¿Puedo abrir la ventana?
Sí, pero es de buena educación preguntar primero, dice Wesson. “Nueve de cada diez veces, todo el mundo dirá: 'Menos mal'”. Además, esto crea cierta complicidad, añade, “de modo que, si a alguien le molesta, pueda decir: 'Mirad, me estoy muriendo de calor. ¿Sería posible abrirla un rato? ¿Qué opináis los demás?'. Así, la decisión ya no recae sobre una sola persona”. Y añade: “Hacerlo de forma unilateral pocas veces es lo correcto”. Lo mismo ocurre con cualquier otra cosa que afecte a los demás, como las cortinas o persianas.
- ¿Cómo puedo pedirle a alguien que utilice los auriculares?
Hanson tiene una nueva forma de hacerlo que, de momento, solo ha probado una vez. “Le dices: 'Disculpa, creo que tus auriculares no están conectados'. Cuando te respondan: 'Oh, no, no tengo auriculares', tú dices: 'Ah, por eso será'. Es muy pasivo-agresivo, como gran parte de la etiqueta que usan los británicos”. Si lleva auriculares y el volumen sigue siendo tan alto que se oye, quizá no te quede más remedio que intentar ignorarlo. “Probablemente me cambiaría de sitio”, señala Hanson.
- ¿Debería dar dinero a la gente que pide limosna en el metro o el tren?
Siempre que no sea ilegal en el país en el que te encuentres, “y si te sientes cómodo haciéndolo y te apetece, entonces sí”, dice Hanson. Si no quieres hacerlo, es de mala educación fingir que estás absorto en tu móvil. “Sonríe, interactúa. Son seres humanos”.
- ¿Puedo unirme a los cánticos de fútbol con un grupo de borrachos? No diré palabrotas.
A Akano no le gusta este comportamiento. “Puede resultar bastante ruidoso, sobre todo si la gente ha estado bebiendo, y se vuelve incómodo”, afirma. “Lo he vivido suficientes veces y, normalmente, cambio de vagón o, a veces, he decidido bajarme y esperar a otro metro o tren”. Que la gente hable del partido está bien, “pero en cuanto empiezas a cantar, se genera todo un ambiente de caos y malestar. Me parece inapropiado porque no estáis solos allí. Mostrad un poco de consideración hacia los demás pasajeros”.
- ¿Puedo echar un vistazo al libro, al periódico o a la pantalla del móvil de la persona que tengo al lado?
Eso nunca está bien, afirma Wesson. “Hoy en día guardamos información muy privada en nuestros dispositivos y, además, podrías acabar viendo o leyendo algo que no desearías”. ¿Y qué hay de darle a alguien la respuesta al crucigrama que está haciendo? Ni hablar, dice Akano. “Esa persona está ocupada en lo suyo y tú también deberías ocuparte de lo tuyo”, afirma. “Nunca sabes con quién estás tratando. Alguien podría decirte: '¿Te he pedido ayuda?'. Yo haría un esfuerzo consciente por no mirar”.
- Mi tren se ha cancelado y todo el mundo se ha quedado tirado. ¿Debería ofrecerme a compartir un taxi con otros pasajeros?
Ten en cuenta las circunstancias, incluida la tuya propia. “Personalmente, yo no lo haría”, afirma Akano. “Mi opinión al respecto tiene que ver con la seguridad, por ser mujer. Me ha pasado antes: me quedé atrapada, por la noche, y no sabíamos cuándo se despejarían las vías. Había algunas personas intentando reservar taxis, y una o dos me ofrecieron llevarme, pero pensé: 'No, no conozco a estas personas, son desconocidos', así que no acepté”. Sin embargo, depende de la situación, añade: si hay alguien con quien te sientas más cómoda compartiendo el viaje, tal vez una madre con niños pequeños, la cosa podría ser diferente.
- ¿Debería despertar a un desconocido si creo que está a punto de pasarse de parada?
Esto requiere un poco de criterio, afirma Wesson. Pero si estás completamente seguro de que es su parada —por ejemplo, porque habéis charlado antes o porque le has oído comprar el billete—, probablemente deberías despertarle. “Tengo amigos que se quedan dormidos en el tren con bastante frecuencia”, añade, “y el coste de los viajes en taxi es enorme y supera con creces el de los billetes de tren. Creo que mi consejo sería que sí”. Un suave codazo en el momento oportuno debería bastar.
- Y, por último, ¿cómo evito tener que hablar con un desconocido charlatán durante un viaje largo?
Responde educadamente al principio, aconseja Akano. “Después, si de verdad no quieres conversar, ahora todos tenemos el móvil encima, o quizá lleves un libro contigo. Sácalo para que vean que ahí se acaba la conversación. Creo que, cuando haces eso, la mayoría de la gente tiende a dejar de hablar”. Si no se dan cuenta de ninguna de las indirectas, quizá tengas que fingir que es tu parada y cambiarte a otro vagón.
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