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Toneladas de plátanos se entierran o tiran de forma ilegal en La Palma por la caída del mercado peninsular

Organizaciones de productores radicadas en esa isla, Reserva de la Biosfera, gestionan de manera irregular parte de los residuos agrícolas de la llamada 'pica', la retirada de fruta de la exportación por las bajas cotizaciones en destino, con 2,3 millones de kilos 'tirados a la basura' (más del 10% del corte) estas semanas

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Montaña de plátanos preparados para ser enterrados en una sorriba, en La Palma

Montaña de plátanos preparados para ser enterrados en una sorriba, en La Palma

El sector platanero de Canarias sigue haciendo las cosas mal, muy mal en algunos casos, aunque solo por parte de algunas entidades comercializadoras, lo que no quita un ápice de gravedad al asunto y tampoco reduce la impunidad con que algunos se mueven en Canarias, de manera especial, muy especial, en La Palma, isla que es Reserva de la Biosfera en toda su extensión y donde resulta habitual que los plátanos de la pica (los retirados del mercado por elevada oferta) se tiren en casi cualquier lugar y, por lo tanto, con la gestión anómala de ese residuo vegetal. El plátano a veces sobra y se desecha sin decoro. Es la pura realidad.

Esto es justo lo que lleva tiempo detectándose en La Palma y lo que ha ocurrido estos días con manifiesta claridad en esa misma isla. Así lo prueban las imágenes a las que ha tenido acceso Canarias Ahora-Tenerife Ahora, realizadas la semana pasada e incluso este mismo martes.

Fruta de la 'pica' gestionada de forma irregular en una finca palmera

Fruta de la 'pica' gestionada de forma irregular en una finca palmera

Todo tiene que ver con que resulta más barato tirar la fruta de desecho, aunque de muy buena calidad (como se constata en las fotos), en casi cualquier sitio antes que pagar en torno a los 47 euros por tonelada que cuesta llevarla al complejo ambiental de La Palma, a un gestor autorizado de tipo privado (algo menos, si se consigue, que casi no hay en esa isla), o quizá destinarla a la alimentación del ganado local, que es poco y no puede asumir cantidades tan elevadas de inutilización de fruta y restos de las tareas de empaquetado.

Ante esto, a veces se impone lo de escapar como se pueda, bien aprovechando la sorriba de una finca para enterrar montañas de fruta o bien arrimando los residuos cerca de una vía transitada. Los dos casos que se exponen se dan en La Palma, en la zona este de esa isla. Pero no pasa nada.

Residuo agrícola no peligroso, manillas de plátanos, que se tira en el campo palmero

Residuo agrícola no peligroso, manillas de plátanos, que se tira en el campo palmero

La actividad agrícola más potente en esta comunidad autónoma (el plátano canario recibe 141 millones de euros al año en ayudas directas de la UE), la que está representada en su totalidad por la Asociación de Productores de Plátanos de Canarias (Asprocan), no termina de aprender la lección sobre cómo se deben gestionar, siempre dentro de la legalidad, todos los residuos vegetales no peligrosos que genera la labor de empaquetado del plátano.

Tampoco la ha aprendido para la fruta que se decide no exportar y se somete, por lo tanto, a la llamada pica, palabra con la que en la jerga del cosechero se alude a la destrucción del plátano que Asprocan, previa autorización del Gobierno de Canarias, decide que no sale al exterior (2,3 millones de kilos en las dos últimas semanas) porque así lo aconseja la situación del mercado en Península (donde las islas venden casi todo), muchas veces con sobreoferta y precios muy bajos que no cubren siquiera los costes de comercialización.

Algo así está pasando estas semanas, una coyuntura poco habitual porque hasta ahora en otoño y parte del invierno casi nunca existía ese problema: eran los meses buenos, en los que todo el mundo quería cortar porque había buen precio en Península.

En relación con esta cuestión, Asprocan e incluso las autoridades locales, insulares y autonómicas siempre han sido incapaces de reconocer en público que la gestión de los residuos plataneros no es la correcta en su totalidad. En el caso de la organización que representa a los plataneros canarios, esta sostiene un día sí y otro también que todo lo que se pica se mete en los complejos ambientales, se lleva a gestores autorizados privados, se usa como alimento para el ganado local o se envía a Península para atender peticiones del Banco de Alimentos.

Pero lo cierto es que no siempre es así, como ahora se vuelve a demostrar y como incluso ya se ha confirmado en otros documentos periodísticos. Así mismo se puso de manifiesto en el trabajo audiovisual Oro Parece, de Despiertos TV.

Restos de la actividad platanera junto al cruce de playa Nogales, en Puntallana

Restos de la actividad platanera junto al cruce de playa Nogales, en Puntallana

Algunos números de este sector agrícola

Según lo reflejado por los datos oficiales de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del Gobierno de Canarias, la superficie de plátano cultivada en las islas ronda las 9.100 hectáreas, con el liderazgo de Tenerife, seguida de La Palma, Gran Canaria, La Gomera y El Hierro.

De ese volumen de hectáreas, también atendiendo a las mismas fuentes, unas 3.200 son de cultivo protegido, en invernadero o bajo malla, mientras que el resto, 5.900, se desarrolla al aire libre. El plátano es la actividad agraria que más aporta al PIB de la Comunidad Autónoma de Canarias. Tras la desaparición de la organización común de mercado (OCM) del plátano, que funcionó con numerosas reformas desde 1993, los productores comunitarios de esta fruta reciben (a partir de 2006) sus ayudas directas a través de los distintos programas Posei de las regiones ultraperiféricas de la UE. En el caso canario, el monto global de apoyo directo a este cultivo es de 141 millones al año, del que se benefician, con distinta intensidad, en torno a 9.000 cosecheros.  Canarias comercializa unos 375 millones de kilos de plátanos al año. De esta oferta, solo 400 grandes agricultores controlaron en torno al 50%. Éstos también son los que más dinero acaparan de la ayuda global comunitaria (que se calcula teniendo en cuenta un histórico de comercialización como factor principal) ya señalada, la de 141 millones de euros al año, pagada de dos veces y por semestres naturales (enero y julio).

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