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Entrevista - Alfonso de la Pola (Premio Nacional de Circo)

"Nos ha tocado escribir la historia del circo en Andalucía"

El malagueño, Premio Nacional de Circo 2017, lleva más de dos décadas luchando por visibilizar esta arte escénica.

Asegura que el reconocimiento le llega en el mejor momento posible: "Me veía pasando a la historia como el artista que arruinó su circo".

"El sector cultural andaluz es demasiado grande para el poco presupuesto público existente en la actualidad"

Sobre los animales en el circo: "Personalmente, en general, no me gusta la idea de prohibir algo"

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Alfonso de la Pola, Premio Nacional de Circo 2017 /F: Rolabola

Alfonso de la Pola, Premio Nacional de Circo 2017 /F: Rolabola

Para encontrar al reciente Premio Nacional de Circo, hay que salir al campo. También cruzar un puente sobre un pantano, atravesar estrechos túneles y tomar con calma cerca de 80 curvas por una estrecha carretera. Allí, en territorio del camaleón y la ardilla, en el límite del Parque Natural Montes de Málaga, Alfonso de la Pola reside junto a su perro Maikel. Luchador incansable, antimilitarista y defensor de los Derechos Humanos, su vida lleva más de dos décadas girando alrededor del circo. Un sector donde el activismo social también ha estado presente con proyectos en el Sáhara o Palestina junto a Payasos sin Fronteras.

Entre sus proyectos actuales se encuentra El Circo Mediterráneo, una carpa de circo con números que aúnan lo mejor de la tradición circense y las técnicas contemporáneas. Dice que no cree en casualidades ni el destino, pero reconoce que recibió la noticia del galardón justo en el mejor momento posible. "Esa mañana estaba siendo terrible", explica.

¿Qué le ocurría?

Esa mañana estaba frente al ordenador, echando cuentas. Y no salían. Tanto, que ya estaba dando casi por perdida la carpa circense y, con ella, todo el proyecto de El Circo Mediterráneo. También me estaba deshaciendo de las caravanas: era una situación en la que tenía que empezar a vender cosas para poder seguir adelante. Tampoco me habían concedido la ayuda a la producción para el nuevo espectáculo, lo que complicaba aún más todo. La situación era crítica.

Y, de repente, suena el teléfono.

Sí. Y yo no me lo esperaba. El año pasado se lo dieron a Miguel Ángel Moreno 'Bolo' y suponía que pasarían años hasta que se lo concedieran a otro artista andaluz. Así que cuando me llamó la directora del INAEM, Montserrat Iglesias, lo primero que pensé es que era una broma. Pero cuando empieza a entrar en detalle, me lo voy creyendo poco a poco: me salieron dos lagrimones y no podía ya ni hablar. Eso sí, mientras estaba escuchando, iba también pensando en la repercusión que tiene el premio, la dotación económica... y empecé rápidamente a cavilar en todo lo que podía hacer: ya no tenía que vender el circo, ya podía producir un espectáculo nuevo, las cosas comenzaban a salir.

Un alivio...

Sí, porque otras muchas personas del circo también habían estado en esa situación. Incluso circenses muy reconocidos como Tortell Poltrona o el payaso Monti han tenido problemas económicos graves en algún momento. Me veía pasando a la historia como el artista que arruinó su circo, porque es algo que ya he visto en demasiada gente que, incluso, no han tenido muy buen final.  Y antes de llegar ahí, hay un momento crítico en el que solo hay dos opciones: arriesgar para ver qué pasa o cortar y dedicarse a otra cosa. Pero tras 21 años en esto... ¿Ahora voy a parar de hacer circo?

¿Tan difícil es sacar adelante un proyecto de circo?

Es muy complicado que se tenga una ayuda importante como para iniciar un proyecto de circo itinerante. Es algo que siempre sale de iniciativas privadas, de tu riesgo, de tus ilusiones, tus ganas. La ruina, el fracaso y el circo van de la mano en muchas ocasiones.

Pero la Junta de Andalucía incluyó un apartado específico para las ayudas a la producción cultural hace unos años, ¿no?

Sí, pero si no me equivoco, este año no hay ningún proyecto de circo subvencionado. Las ayudas de la Junta de Andalucía hoy no están para muchas alegrías. El sector cultural andaluz es demasiado grande para el poco presupuesto público existente. Hay pocas posibilidades ahí.

¿Y los reconocimientos no sirven? No debe ser casualidad que las dos últimas personas que han recibido el Premio Nacional de Circo sean malagueñas.

Sí, está claro que algo importante ocurre en Andalucía desde hace tiempo. Estos dos reconocimientos seguidos no son casualidad, claro; pero son sólo la punta del iceberg, porque hay otras muchas compañías que están recibiendo premios en numerosos festivales. Creo que el primer paso se dio con la creación de la Asociación de Circo de Andalucía (ACA). Ahí nos planteamos que era mejor trabajar todos juntos, ir de la mano, mejorarnos unos a otros. Y todo esto que llega ahora viene de ahí. Al menos yo lo veo muy claro.

¿Qué papel ha jugado la ACA en estos años?

Por decirlo de alguna manera, la ACA ha sido nuestro brazo político, mientras que nosotros somos el brazo armado, el que está en la calle, trabajando y mostrando el circo. Se han ido consiguiendo cosas poco a poco, obteniendo un poco más de espacio y reconocimiento para esta arte escénica. De la asociación también salió la iniciativa del sello de calidad 100% Circo Andaluz, algo que hoy asegura que la compañía que lo lleva va a hacer muy bien las cosas.

¿Tanto nivel hay?

Sí, sin duda. El circo andaluz es hoy muy programable y cada vez es más normal que la gente de otros lugares te comente: ¡Cómo está el circo en el sur! De hecho, en los principales festivales siempre se programan varias compañías andaluzas, algo que hace años no ocurría. Además, ha pasado algo interesante: a nivel artístico, hoy en día ninguna compañía de la región se plantea hacer un espectáculo mediocre. Los artistas ya han visto el circo que se hace, has visto el buen hacer, así que saben que es muy difícil apostar por algo de menor calado. Lo cutre llama a lo cutre, pero lo bueno también llama a lo bueno. Además, la que no lo haga... probablemente no reciba muchas llamadas para trabajar.

¿Qué compañías destacaría?

Yo creo que Vaivén es buen ejemplo. Yo siempre le dije a 'Bolo' que ellos son el Barça del circo: él apostó por la cantera, supo trabajar con ella, se han esforzado muchísimo y de ahí han surgido los nombres de quienes hoy conforman una compañía que ha recibido numerosos premios y que ha estado en escenarios de Estados Unidos, Japón, Alemania, Croacia, Portugal, Reino Unido y mil rincones de España. También La Güasa, con José Luis Ruiz 'El Belga' y Pepa Gil, que han triunfado en todos sitios con su espectáculo Mobil, como también han hecho Tresperté con premios en Italia, Suiza y España. Pero luego tienes otras compañías más clásicas como Hermanos Moreno o Alas Circo que cubren una parte muy importante: actuar en pequeños pueblos, realizar decenas de talleres de circo, formación... El sector circense andaluz es muy diverso e interesante.

¿Cómo fueron sus inicios en el circo?

Fue una afición que poco a poco fue creciendo. Me gustaba y me fui dando cuenta de que también implicaba habilidades, que tenías que poner ingenio e imaginación, esfuerzo... Pero también es cierto que en aquella época, a los que nos empezamos a interesar seriamente por el circo nos fue casi rodado, porque al ser casi los únicos que hacíamos algo así, siempre nos llamaban para trabajar en pasacalles, talleres y otras muchas cosas. Y entonces empezamos a ver que también el circo nos podía dar estabilidad laboral, que los proyectos podían tener sostenibilidad económica.

¿Y cómo fue crear una compañía de circo en el año 1996?

En nuestro caso, como compañía, fue un proceso algo solitario. A finales de los años 90 apenas había nada de circo contemporáneo en Málaga o Andalucía, sólo algo de circo más tradicional que apenas se conocía demasiado. El circo no salía de las carpas entonces y creo que, de algún modo, a nosotros nos ha tocado escribir la historia del circo en Andalucía, para lo bueno y lo malo. También hemos tenido que luchar para visibilizar el circo, que es un arte escénica, que es cultura. Cuando tú ves una persona con un número de circo, es que ha tenido disciplina, ha sido constante, se ha esforzado, ha sido ordenado, ha analizado... Valores que son muy positivos.

¿Cuáles fueron los primeros proyectos?

Nuestro primer trabajo fue en el año 1996 y se llamó Circolari. En él participaba junto a Lolo Zamora, Raúl Bernal, Rodri Higueras y Óscar Di Cocktail, el equipo original de Rolabola. Pero cuando fue todo más intenso y serio fue con la creación del espectáculo Casa Paco en el año 2003. Supuso pasar de ser unos cualquiera de Andalucía a vernos actuar por todo el territorio nacional. Tuvimos la suerte de que lo dirigiese Joan Armengol, fundador de Els Comediants y con 40 años de experiencia. Fue algo increíble. Estuvo aquí cuatro meses con nosotros y nos lo enseñó todo. Y nos abrió los ojos a cómo era esto del circo.

En sus más de dos décadas de trayectoria profesional... ¿Con qué momentos se queda?

Recuerdo nuestra actuación en la Fira de Tárrega con el espectáculo Plázidos Domingos. Había más de 4.000 personas y fue inolvidable. Además, el equipo de Rolabola entonces era también espectacular: estaban Miguel Ángel Moreno (Premio Nacional de Circo de 2016), Marta Sitjá (hoy parte de la compañía Las XL), Javier Luna (hoy más centrado en la parte técnica) e Iván Monje (músico que ha obtenido numerosos reconocimientos relacionados con las artes escénicas). También destacaría el paso por el festival nacional de circo de Venezuela junto a Manolo Carambolas con el espectáculo Cirkea. Aprendí muchísimo con él, porque él es un referente que ha triunfado en sus actuaciones por toda Europa y que tiene un estilo propio, ha creado escuela. Y, ojo, también es de Málaga.

El jurado le ha concedido el Premio Nacional de Circo "por su búsqueda incansable, dentro del lenguaje del circo, de formas integradoras y la creación de espacios dinamizadores que han permitido el crecimiento del circo actual".  ¿Qué significa?

Yo creo que se refiere a que yo siempre he hablado de circo en general. Hay una opinión generalizada que ha diferenciado siempre entre circo con carpa o sin ella, también entre circo tradicional o contemporáneo... Pero yo siempre he estado empeñado en no diferenciar, en trabajar -por ejemplo, desde la ACA- en buscar los parecidos. Creo que es mejor buscar lo que nos une y no lo que nos separa. Pero es cierto que las diferencias a veces surgen del propio sector, de ambos mundos. Es decir: los de circo más tradicional llaman aficionados a los artistas que no vienen de familia y éstos consideran que los que hacen circo tradicional no tienen calidad y ya ni se le puede llamar circo.

Yo creo que es, en general, por mutuo desconocimiento, prejuicios y estereotipos. De hecho, muchos periodistas me han preguntado estos últimos días sobre esos "circos de carpas viejas, rotas, espectáculos malos" y siempre les respondo lo mismo: ¿A qué os referís? ¡Eso ya no existe! Hay cosas que se han quedado en el imaginario y no son verdad. Ya es muy raro que vayas a una carpa de circo y tenga agujeros, el payaso esté mal maquillado, la música no funcione... Eso ha pasado ya a la historia. También compañeros de profesión o alumnado de escuelas de circo me dicen que esos circos son muy cutres, pero yo siempre he ido al circo tradicional y he visto espectáculos tremendos, artistazos increíbles, me ha enseñado mucho. Y al circo tradicional siempre les digo que más allá de las carpas hay gente muy completa, que trabaja y se esfuerza mucho.

¿Qué le parece el circo con animales?

Personalmente, en general, no me gusta la idea de prohibir algo: el estilo prohibicionista no es lo mío. Pero también es cierto que hay cosas que no se deben permitir. Es un tema difícil. También hay que pensar que, por ejemplo, en Europa hay animales, como es el caso de Alemania. Y con ello quiero decir que entiendo por qué se tiene que prohibir, pero creo que en ocasiones la prohibición no es la única solución; hay grises. Debe haber controles zoosanitarios, inspecciones en los espacios que habitan... Y creo que hoy ya no hay ningún circo que no esté constantemente revisado en ese sentido. Sin embargo, pienso que puede existir un problema mayor con el estado de los empleados del circo (los que no son artistas), que los propios animales. Hay gente que trabaja doce horas diarias por unos pocos euros. Además, yo creo que hay animales que están en nuestra sociedad desde hace mucho tiempo, que trabajan con nosotros; y también hay otros que están para dar leche o carne y, ojo, esos animales en muchas ocasiones sí que están mal...

Su proyecto El Circo Mediterráneo, ¿cómo es?

Es una carpa de circo donde diferentes artistas realizan diversos números. Es un proyecto muy bonito y que nos está dando mucho. También al público: para ellos la carpa de por sí ya es llamativa. Cuando la ven cerrada, no saben qué hay detrás. En un teatro más o menos siempre sabes cómo es, pero tras una carpa siempre hay una sorpresa, algo que no es como esperabas. Nuestra carpa, además, es bastante informal: se puede hablar bajito, se puede comer, se puede beber... Los asientos no están individualizados, de tal manera que siempre hay contacto entre el público y es algo que nos gusta mucho. A nivel artístico también es increíble. Trabajar ahí, vivir la experiencia de actuar frente a una grada con el espacio circular... es algo único. Además, recupera algo que creo que se está perdiendo mucho, parte de la esencia circense de la que nos estamos olvidando: el circo siempre ha sido redondo, que es una forma integradora, de reunión; pero en el teatro el público está a un lado nada más, las líneas son rectas y la relación es diferente. Además, cuando acaba la función siempre salimos a la entrada de la carpa a saludar al público y ese momento te llena muchísimo. Creo que la experiencia en carpa para unos (público) y otros (artistas) es mucho más completa.

¿Qué planes tiene ahora?

Pues aprovechar esta oportunidad que me da el premio para intentar trabajar más, llevar la carpa a más lugares. Espero poder dar un mayor tirón al proyecto y, mientras tanto, seguir creando. Tenemos previsto desarrollar un espectáculo para todos los públicos siguiendo la línea de los anteriores de Rolabola, muy dinámico, divertido, entretenido, para todos los públicos. También quiero preparar una obra dirigida al público infantil, porque pienso que el circo se ha olvidado mucho de los niños. Y, sin duda, seguiré como siempre, llevando a cabo proyectos, participando en mil historias, trabajando duro, realizando propuestas y llamando a puertas. De hecho, llevo tiempo intentando reunirme con la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, pero no hay manera. A ver si ahora que puedo decir que soy Premio Nacional de Circo hay más suerte.

 

 

 

 

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