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Trabajar en Chernóbil treinta años después de la catástrofe

Para entrar a la zona de exclusión de Chernóbil, que comprende 30 kilómetros alrededor de la central nuclear, hay que atravesar una barrera con policías y militares apostados. Nos acompaña obligatoriamente un guía local que hace de traductor, puesto que allí sólo se habla ucraniano y ruso, y además no permiten a nadie moverse solo por allí. Verifican pasaportes y el permiso aprobado por la Autoridad de la Zona de Exclusión de Chernóbil, y nos dan un papelito y un medidor de radiación acumulada que llevaremos durante toda nuestra estancia. Como el guía va siempre con nosotros, al finalizar el día él lleva su medidor a la oficina y se asume que todos nos hemos expuesto a la misma cantidad de radiación que él. Si algún día llegáramos al máximo establecido, nos echarían de allí inmediatamente el tiempo que estimen necesario para “limpiarnos”.

El lugar está bastante despoblado en general, pero al llegar al pueblo de Chernóbil, sorprende ver a tantísima gente. Y es que ahora mismo hay allí trabajando más de… ¡7000 personas! Aunque la central nuclear lleva parada desde el año 2001 (fue imposible pararla antes), todavía hoy están recogiendo residuos radiactivos, enterrándolos, intentando frenar la contaminación en el subsuelo; en definitiva, limpiando todo y construyendo grandes estructuras para disminuir el flujo de contaminación radiactiva que aún hoy continúa en los alrededores de la central.

En el tristemente mítico pueblo de Chernóbil nos alojamos todos, turistas y científicos, en el único hotel disponible para el personal que no trabaja allí de continuo. Los turistas tienen prioridad sobre nosotros, ya que pagan más, así que si el hotel está lleno, tenemos que buscarnos alojamiento en algún pueblo cercano fuera de la zona de exclusión. De todas formas, no nos permiten pasar dentro más de 3 días seguidos, y hay que descansar 2 días fuera antes de volver a entrar. La barrera de los 30 Km de la zona de exclusión fue arbitraria, y pudimos comprobar con el dosímetro que estábamos sometidos a la misma radiación en el hotel de Chernóbil que en el pueblo donde nos alojábamos para descansar de la radiación.

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Un informático dedicado a la ciencia y su divulgación

Mi trabajo como responsable de Tecnologías de la Información (TIC) de la Delegación del CSIC en Andalucía tiene una doble vertiente dado el perfil divulgativo adquirido por esta Delegación tras la creación del Museo Casa de la Ciencia, esto me lleva a tener no solo tareas orientadas a dar servicio a los diferentes departamentos existentes en la Delegación sino también tareas directamente relacionadas con las exposiciones y servicios del Museo.

Una de las tareas prioritarias a la llegada a la oficina un lunes cualquiera por la mañana consiste en la monitorización del estado técnico tanto de las exposiciones como del planetario, un proceso de mejora continua nos hace estar en permanente contacto con los monitores y las personas que trabajan de cara al público en el Museo puesto que son ellos los que nos pueden transmitir de primera mano la situación actual y opciones de mejora. El planetario es uno de los pilares del Museo y quizás el que más tecnología lleva involucrada: equipos de proyección, espejos esféricos de reflexión, equipos de proyección multimedia, sistemas de sonido envolvente y alguna otra pieza tecnológica nos lleva a realizar una continua monitorización del mismo.

Aunque muchos de los elementos técnicos nos permiten obtener parámetros de monitorización remota que nos facilitan bastante la tarea, existen otros que no lo tienen y nos obligan a realizar un observación manual ‘in situ’ periódica. Por otro lado, otro de los aspectos importantes en el día a día es velar por la seguridad de la información y los dispositivos del Museo, puesto que somos un centro donde existe un continuo tránsito de público que interacciona con elementos tecnológicos conectados a la red nos lleva a hacer un exhaustivo y permanente análisis de la seguridad y de los riesgos técnicos existentes.

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Una especie invasora casi imperceptible

Trichocorixa verticalis ( T. verticalis) (Fieber, 1851) es uno de los pocos insectos acuáticos considerado como especie “invasora” y además es el único con dicha categoría en Europa. Este coríxido o “chinche acuática”, de un tamaño inferior a 5.5 mm, es nativo de Norte América y las Islas del Caribe.  T. verticalis se encuentra actualmente en expansión en el sur de España y Portugal, y al norte de Marruecos

Pero… ¿Qué cualidades presenta esta especie que la hace invasora? T verticalis presenta una alta capacidad osmorreguladora en todas las etapas del ciclo (adultos, ninfa y huevo), pudiendo llegar a ser el coríxido dominante en humedales salinos o incluso sobrevivir en mar abierto u ocupar charcas de agua dulce. Se trata de una especie con alta tolerancia a la temperatura, alta capacidad reproductiva y una mayor capacidad de dispersión que las especies de chinches acuáticas nativas. Todo ello hace que tenga un gran éxito en su invasión.

¿Cuál es su impacto en los ecosistemas acuáticos de la zona nativa?

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El 'riego inteligente' ya es una realidad

En el Grupo de Riego y Ecofisiología de Cultivos (Grupo REC), del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS), un centro de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), estamos trabajando con un equipo internacional del Grupo BOSCH, liderado por el grupo de I+D que BOSCH tiene en Madrid, en el desarrollo de un sistema para el riego inteligente de árboles frutales.

Dichos trabajos se enmarcan en un convenio de colaboración, figura cada vez más habitual entre grupos de investigación españoles y empresas privadas. Se trata de hacer ciencia de calidad pero aplicada a resolver problemas de nuestro entorno social. Se pretende, de esta manera, que la inversión que la Sociedad hace en investigación tenga un retorno claro e inmediato para sectores sociales.

Aunque el sistema de riego inteligente se puede aplicar a diversas especies cultivadas, tanto herbáceas como leñosas, lo estamos probando en una plantación de olivar en seto con alta densidad (1667 árboles/ha). Estas plantaciones se conocen popularmente como plantaciones superintensivas. Nos decidimos por este tipo de plantación por tres razones: (1) el olivo ocupa el 60% de la superficie cultivada en Andalucía, y España es el mayor productor de aceite de oliva del mundo; (2) las plantaciones superintensivas suscitan gran interés pero su manejo plantea aún muchas dudas, por lo que hay una gran demanda de información al respecto; y (3) las plantaciones superintensivas hay que regarlas y la necesidad de un uso racional del agua en agricultura es cada vez mayor, por el incesante aumento de la población de nuestro planeta y por los efectos previsibles del cambio climático.

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La 'botritis' o el mal de la fresa

La botritis o podredumbre gris causada por el hongo Botrytis cinerea es una enfermedad que se presenta comúnmente en los fresales españoles. La enfermedad puede aparecer en cualquier momento del ciclo de cultivo. Aunque principalmente se encuentran atacados los frutos, también pueden verse afectados los peciolos, hojas, yemas, pétalos y pedúnculos florales. Este hongo se desarrolla óptimamente en condiciones de alta humedad relativa (95%) y temperaturas entre 17-25ºC, recubriendo rápidamente las zonas afectadas con un polvillo grisáceo. Esta enfermedad conlleva importantes pérdidas económicas que puede no solo presentarse durante el periodo de cultivo sino también después de la cosecha, durante el almacenamiento y el transporte.

En lo referente al control de la enfermedad, la principal estrategia y el método más empleado reside en el control químico, con el uso continuado de fungicidas. Sin embargo, la utilización de estos compuestos químicos presenta el grave inconveniente de que determinados hongos fitopatógenos, como B. cinerea, desarrollan resistencia con facilidad a estos productos, ocasionando importantes pérdidas en el cultivo. Botrytis cinerea se ha convertido en un enorme quebradero de cabeza para los agricultores y empresas de fitosanitarios debido a su gran capacidad para resistir a los fungicidas al poco tiempo de ser autorizados para su uso.

La presencia de aislados de B. cinerea resistentes a múltiples fungicidas es un hecho bien descrito en numerosos países del mundo, incluyendo el nuestro. Como parte de un programa de supervisión de resistencia a fungicidas llevado a cabo en 2014 y 2015 en Huelva, se observaron altos niveles de resistencia a piraclostrobin y boscalida; niveles medios para ciprodinil y fenhexamida; y bajos para iprodiona y fludioxonil en aislados de B. cinerea (Fernández-Ortuño et al., 2016). 

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"Soy una de los 200 jóvenes 'Garantía Juvenil' en el CSIC"

El impacto de la crisis sobre la población juvenil, que alcanzó un porcentaje en España del 57,2% en el año 2013, hizo necesario que el Consejo Europeo tomase medidas para mitigar esta lacra social, no solo porque los jóvenes de hoy somos el pilar de la economía del futuro y un seguro para las futuras pensiones, sino también para facilitar la transición entre el mundo académico y formativo y el laboral, poniendo en valor  que España cuenta con una de las generaciones mejor preparadas de su historia.

El sistema se puso en marcha el 2014 con 6.400 millones de euros de financiación comunitaria. Un año más tarde, se inyectaron 2.000 millones más para cubrir el periodo 2014-2020. Según algún estudio, desde enero de 2014 un total de 14 millones de jóvenes se han registrado en el plan de Garantía Juvenil y alrededor de 9 millones han aceptado ya una oferta, como es mi caso, siendo la mayoría laborales.

Para mí, que había terminado los estudios universitarios de Gestión y Administración Pública, y de Técnico Superior de Administración y Finanzas, llevando ya varios años demandando un empleo, siempre sin dejar de prepararme, haciendo cursos de formación, seminarios, etc. y en definitiva todo lo que me sirviera para adquirir mejores competencias para mi perfil, supuso un balón de oxígeno que abrió la puerta a una esperanza de futuro.

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El Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis cumple 50 años

Cincuenta años en ciencia son mucho y nada a la vez. Mucho, por el camino recorrido y las dificultades salvadas. Nada, porque aún queda mucho por recorrer. Ésta es la filosofía con la que trabaja el Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis (IBVF), uno de los primeros centros mixtos de la Universidad de Sevilla y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que acaba de cumplir sus bodas de oro y que, a día de hoy, cuenta con una plantilla de más de un centenar de personas.

Medio siglo hace que D. Manuel Losada Villasante, con las ganas y la ilusión por las nubes, se trasladó a Sevilla y creó el Departamento de Morfología y Fisiología, dependiente del Instituto de Biología Celular (CSIC) y de la Facultad de Ciencias de la Hispalense. Con un proyecto que comenzó en el Centro de Investigaciones Biológicas de Madrid y unos recursos limitados en todos los sentidos, empezó a gestarse el actual IBVF en uno de los locales del actual Rectorado de la Universidad de Sevilla.

Fue en 1976 cuando se produjo el traslado a la Facultad de Biología, en el Campus de Reina Mercedes, un emplazamiento donde los investigadores tenían a su disposición nada más y nada menos que… ¡800 m2! ¿Quién se lo iba a decir a los investigadores que llegaron a trabajar en los lavabos de señoras del Rectorado? Sin duda alguna, todo eran buenas noticias.

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Cotorra de Kramer: una invasión con solución científica

Las especies invasoras –es decir, aquellas que se han transportado y proliferan fuera de sus rangos de distribución naturales gracias a la acción humana- constituyen una de las amenazas más importantes para la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas, causando además, en muchos casos, problemas de salud pública y graves impactos económicos. Frente a estas amenazas, los gobiernos destinan grandes esfuerzos a prevenir la entrada de especies exóticas dentro de sus fronteras o, cuando éstas ya se encuentran presentes, en erradicar (eliminar) o controlar sus poblaciones, manteniéndolas en el último caso en tamaños que minimicen sus impactos. De estas dos últimas medidas, la erradicación siempre es la más deseable, ya que supone eliminar a la especie invasora y a sus impactos, restableciendo o permitiendo la restauración (en la mayor parte de los casos) de las condiciones de los ecosistemas previas a la invasión.

Las acciones de manejo que conducen a la erradicación o al control de una especie invasora implican, en la mayoría de los casos, matar individuos. Cientos de miles de invertebrados, roedores, reptiles o peces son eliminados todos los años en distintos lugares del mundo por sus efectos negativos sobre la biodiversidad, la salud pública o la economía, y estas campañas cuentan normalmente con un apoyo popular importante. Sin embargo, ese apoyo se desvanece e incluso puede tornarse contrario cuando lo que se debe gestionar mediante estos métodos son especies carismáticas que despiertan la simpatía (o la empatía) de la gente, como es el caso de algunos mamíferos o las aves. Dentro de este grupo se encuentra la cotorra de Kramer, considerada como una de las 100 peores especies invasoras de Europa.

La cotorra de Kramer, presente como invasora en buena parte del territorio español además de en otros 35 países, debe su éxito a la combinación de dos factores fundamentales, como son el elevadísimo número de individuos importados para su tenencia como animales de jaula (muchos de los cuales se han escapado o liberado) y la similitud del nicho climático entre sus áreas de distribución nativa (India) y de introducción (Europa). En algunas zonas de Europa, estas cotorras alcanzan poblaciones de miles de individuos y tienen impactos sobre la biodiversidad (especies nativas), la agricultura (incluyen cultivos en su dieta) y la salud pública (son potenciales transmisores de psitacosis al hombre). En Sevilla, las primeras cotorras de Kramer aparecieron a comienzos de los años 90, muy probablemente como fruto de una liberación, en el Parque de María Luisa, de aves incautadas por las autoridades en el mercado de La Alfalfa. De este pequeño grupo fundador, hemos pasado a tener este año (2017) casi 3000 cotorras, congregadas mayormente en dos grandes núcleos reproductores, uno en el mismo parque y otro en el Monasterio de la Cartuja. Estas cotorras tienen un impacto significativo sobre dos especies nativas de gran interés de conservación, como son el nóctulo mayor (un murciélago forestal) y el cernícalo primilla. Ambas especies, al igual que las cotorras, crían en oquedades, un recurso escaso en los medios urbanos donde las tres especies conviven. El resultado es desastroso: las cotorras de Kramer, muy agresivas, desplazan a los cernícalos y murciélagos de los agujeros, llegando incluso a causarles la muerte. La mayor colonia europea de nóctulo mayor localizada en el Parque María Luisa está hoy día confinada a un puñado de árboles a consecuencia del aumento en la ocupación de agujeros por las cotorras (han pasado de 75 árboles ocupados en 2003 a 14 en 2017), y la colonia de cernícalos primilla situada en la Iglesia del Salvador muestra una marcada tendencia negativa desde 2013, paralela al aumento de nidales ocupados por cotorras. Además, ya se empiezan a detectar los primeros impactos sobre los cultivos (principalmente girasol y frutales), aunque la elevada disponibilidad de alimento presente en las ciudades funciona como un colchón que todavía amortigua estos efectos. Finalmente, la presencia potencial de enfermedades que pueden transmitirse al hombre es otro aspecto que preocupa, y mucho, a las autoridades.

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¿Cuál es la vida útil del aceite de oliva?

Tengo la gran suerte de estar desarrollando en la actualidad un proyecto  Comfuturo titulado Determinación rápida de la vida útil de alimentos grasos en estado líquido” en el Instituto de la Grasa, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Mi contrato, gracias al cual puedo desempeñar una labor que considero social, está siendo financiado gracias a la iniciativa de la Fundación General CSIC que promueve el programa ComFuturo , en CSIC y distintas empresas españolas que tiene por objetivo una labor social con los jóvenes investigadores evitando que abandonen la carrera investigadora o su expatriación. El compromiso de esta iniciativa privada ha permitido el desarrollo de proyectos que dan respuesta a demandas científicas y tecnológicas relevantes.

En concreto este proyecto está basado en desarrollar una nueva estrategia analítica basada en espectroscopia infrarroja para predecir el tiempo de vida útil de cualquier alimento fresco en estado líquido. Todo alimento fresco sufre un proceso de envejecimiento que puede ser retardado dependiendo de las condiciones de almacenamiento. La principal causante de este envejecimiento de los alimentos frescos es la oxidación. La consecuencia de este tipo de reacciones es una serie de cambios en la composición química de los alimentos que reducen su calidad llegando a hacer que el consumidor rechace el producto.

En concreto, en el caso de alimentos grasos, la principal consecuencia detectable del envejecimiento de estos alimentos es la aparición del defecto rancio. Sin embargo, se producen otros cambios no detectables por el consumidor que afectan a la calidad del alimento. Además de la aparición de compuestos volátiles responsables de defectos sensoriales, durante el envejecimiento se produce una disminución de compuestos de alto valor añadido por sus implicaciones saludables, como es el caso de los compuestos fenólicos. Estos cambios pueden llegar a hacer que los aceites desciendan de categoría.

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Contando células con chispas

Las células son los bloques básicos que conforman la vida tal y como la conocemos. En los laboratorios de investigación biomédica se manipulan estos bloques para desentrañar toda la información que poseen. Esto puede resultar muy laborioso. Hay que tener en cuenta que esos bloques están vivos y los métodos de medida deben estar muy verificados para no acabar con dichas células. Actualmente existen líneas de investigación encargadas de encontrar nuevos procedimientos y herramientas para manipular las células. Esta labor es de vital importancia para poder comprender mejor el funcionamiento de las propias células, su interacción con el entorno, o incluso buscar nuevas posibilidades terapéuticas para tratar enfermedades.

En este contexto, se enmarca la labor investigadora del grupo de Diseño y Test de Circuitos Integrados de Señal Mixta que realiza su actividad en el Instituto de Microelectrónica de Sevilla (IMSE-CNM, CSIC-US). En su línea de investigación sobre circuitos y sistemas biomédicos, uno de los objetivos principales del grupo es el desarrollo de una técnica de medida que permita contar células empleando circuitos electrónicos. 

Las pruebas de fármacos suelen realizarse siempre primero sobre células en placas de laboratorio para analizar su toxicidad. Este experimento requiere conocer el número de células al principio y su evolución en el tiempo de exposición a la sustancia. Generalmente la forma de contar el número de células consiste en detener el experimento para aplicarles un tinte y observar al microscopio la población en la placa. Una vez se ha realizado, el proceso no es reversible, y no se puede continuar con el experimento. Por este motivo, los biólogos tienen que repetir muchas veces las medidas, realizar extrapolaciones y estadísticas, procedimiento que puede resultar tedioso y costoso en términos de tiempo invertido.

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