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Alberto Penadés

Sociólogo/politólogo. Enseño en la Universidad de Salamanca y he trabajado en el CIS. Profesionalmente me interesa la opinión pública, la política comparada y la teoría política. Blogueo sobre política y encuestas; a veces sobre historia y crítica de libros.

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Elogio de la sociología mundana

En La imaginación sociológica (1959), C. Wright Mills puso en circulación el término "Gran Teoría" para referirse al estilo de sociología en el que predomina la organización formal de los conceptos y sus interpretaciones sobre la comprensión o explicación del mundo. Una de las cualidades por las que puede conocerse, y son muchas, es que no resiste el resumen; su hinchazón verbal y conceptual deja un residuo seco de poco valor cuando se evaporan los alcoholes de las cábalas y figuraciones que desfilan por los textos. Las maravillosas "traducciones" que hacía el propio Mills, como demostración, resumiendo algunas densas páginas de Talcott Parsons, el gran teórico del momento, dejaban patente que su contenido era algunas veces informativo, unas pocas veces absurdo y, muchas más, trivial.

Lo que atrae, me parece a mí, de la sociología teórica, hasta la más grandilocuente y verbosa, no es el postestructuralismo, el postmodernismo, la teoría crítica o lo que quiera que diferencie una cosa de otra, sino su contenido oracular. La sociología autodenominada teórica, tanto la buena como la mala, suele presentar guías para atar cabos, agrupar intuiciones sobre cosas que suceden y nos suceden, y a veces da con el bosquejo de algún proceso que no tenemos ciencia suficiente para entender cabalmente. Como hizo Weber con la sociedad burocrática, por poner un ejemplo clásico. Otros son, y perdonen si aviento un prejuicio, mucho menos iluminadores, como la idea de "modernidad líquida" de Zygmunt Bauman, que en mi poco ponderada opinión es como si fuera una broma.

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La diversidad lingüística y las élites: preliminares

Hoy me gustaría poner juntos algunos datos comparados que no siempre se ponen bajo el mismo árbol: cuál es la difusión de las lenguas de España y cuál es su distribución social. Estoy entretenido en esto por cómo se trata el asunto de la lengua en las encuestas de opinión pública, un asunto plomizo incluso para estas emisiones. Algunos datos provienen de los institutos de estadística de Cataluña, Galicia y el País Vasco, otros de las encuestas del CIS más recientes en estas Comunidades: las encuestas pre y post electorales para sus últimas elecciones autonómicas (los microdatos de Galicia y el País Vasco acaban de salir). Dejo el comentario sobre las fuentes para después del meollo.

La lengua y la clase social se sobreimponen en buena medida tanto en Cataluña como en Galicia, aunque con polaridades distintas: en Cataluña la élite es más catalanohablante que el resto, en Galicia es menos gallegohablante que la población.  En todo caso, la difusión de la lengua en Galicia es bastante mayor, por lo que la distibución es más uniforme en todos los grupos.  En el País Vasco, donde la difusión de la lengua autóctona es menor que en los otros casos, su distribución es, sin embargo, muy uniforme, por lo que la división de clase y la lingüística se entrecruzan más que se solapan.  Tengo la impresión de que, al menos en el debate público, se piensa en la lengua, y sus políticas, pensando en la distribución de hablantes cuando, posiblemente, habría que mirar, sobre todo, a la distribución de quienes podemos considerar élite.

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Contra los avales

En el mundo de lengua inglesa suele llamarse papeleta australiana al invento del voto anonimizado, porque en Australia, donde era célebre el matonismo pre-electoral, fue donde primero se introdujo la papeleta que garantizaba el voto secreto (1856). Antes de eso, o no se exigía secreto o se empleaban votos escritos a mano que permitían la identificación del votante. La razón por la que el secreto del voto es un axioma democrático no es solo para proteger a los votantes de coacciones o premios indebidos, aunque también, sino, sobre todo, por el tipo de relación de representación que infunde su ausencia. Una relación personal entre representantes y representados, vertical y clientelar, basada en bienes distributivos; más bien que una relación desde abajo, horizontal y basada en programas y bienes colectivos. Entendámonos, la política tiende al particularismo como los negocios al conchabeo, ni la democracia representativa ni el mercado son fuerzas de la naturaleza. El voto secreto no es un remedio infalible, pero es una condición necesaria para lo que hoy damos por bueno como democracia. En una organización, donde sería absurdo impedir las relaciones personales y es más bien lógico desearlas, la cuestión tiene mal remedio, pero por eso también se requiere mucha cautela si se ha de lograr un equilibrio entre liderazgo personal y algún tipo de ideas. 

Se me perdonará que enmarque de esta forma las declaraciones de Susana Díaz cuando anunció su intención de que los militantes socialistas le "den su aval y después, el voto": "Para mí es muy importante que uno diga 'yo avalo a Susana', le doy un valor enorme". "Yo respeto mucho un aval, porque cuando avalas a una persona das tu palabra, te comprometes y eres capaz en ese momento de representar a esa persona".

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La crucifixión y la democracia

En unas páginas famosas para los que leen este tipo de asuntos, al final de Esencia y valor de la democracia (1920) Hans Kelsen afirma que el episodio de la consulta de Pilato al pueblo para decidir sobre la suerte de Jesús es un magnífico ejemplo del valor de la democracia, no como productora de verdad sino como un procedimiento "transaccional". De la versión de San Juan dice nada menos que esto: "El relato sencillo pero lapidario en su ingenuidad pertenece a lo más grandioso que haya producido la literatura universal y, sin intentarlo, simboliza de modo dramático el relativismo y la democracia".

En los Evangelios sinópticos (Mateo-Marcos-Lucas) cuando Pilato pregunta a Jesús si es el rey de los judíos la respuesta es algo así como "si tú lo dices" y, en general, la actitud de Jesús es callar ante las acusaciones. En la versión de San Juan, que usa Kelsen, la respuesta se completa con un "todo el que siga a la verdad oye mi voz", lo que permite al político preguntarse en voz alta "¿qué es la verdad?". En palabras de Kelsen: "Entonces Pilato, aquel hombre de cultura vieja, agotada, y por eso escéptica, vuelve a preguntar: ¿qué es la verdad? Y como no sabe qué es la verdad, y como romano está acostumbrado a pensar democráticamente, se dirige al pueblo y celebra un plebiscito". Como es sabido, el pueblo decidió la crucifixión de Jesús y el indulto de Barrabás, de quien San Juan dice que era un bandido; otros dicen que era un rebelde sedicioso.

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¿Por cuánto ha perdido la tendencia de Errejón?

Con un sistema de votación tan complejo, y a la espera de que se publiquen resultados desglosados por parte de Podemos, es posible analizar la victoria de la tendencia de Pablo Iglesias en las votaciones internas desde varios ángulos. No todos son igualmente reveladores. La cuestión es que el resultado más repetido en las primeras horas después de publicados los datos, basado en el cómputo total de puntos de todas las listas, podría estar magnificando la diferencia entre las dos corrientes. Se habla de un reparto porcentual de 50,7 frente a 33,7, lo que implica una ratio de ventaja de 1,5, o del 50%. Sin embargo, comparando los votos de segundos y terceros de lista, parece más bien que la ratio de ventaja entre las tendencias puede estar entre el 1,3 y el 1,2 (o incluso algo menos), lo que daría lugar a un reparto más igualado. Suponiendo que los Anticapitalistas tuvieran el 9%, y eso es solo una suposición, los márgenes de las tendencias podrían encontrarse en el entorno del 51,5% frente a 39,5%, como mucho; y 49,3% frente a 41,7% como poco. Es una victoria clara, pero también muestra un corte más cercano a la mitad del partido.  Doy los detalles para su discusión.

Cada votante en el proceso de participación de Podemos podía repartir hasta 3.069 puntos entre 62 candidatos, con un máximo de 80 para el primero y un mínimo de 19 para el sexagésimo segundo de su lista. Los 155.190 votantes (válidos) de Vistalegre II podían repartir casi quinientos millones de puntos (476.278.110). Se han repartido el 57% de ellos (272.509.298), indicando que muchos votantes no han agotado sus opciones, y han confeccionado listas con menos de 62 candidatos. El votante promedio, de hecho, marcó entre 24 y 25 nombres en su papeleta (medio es medio, unos marcarían 62 y otros solo 2). Son cosas del endiablado sistema de participación que se propuso.

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La izquierda de la izquierda en el gobierno

Los partidos a la izquierda de la socialdemocracia son normalmente pequeños y participan muy poco en el gobierno. Ambas afirmaciones tienen excepciones apreciables. Hoy sugiero una visita a la segunda cuestión ¿Cómo y dónde participa la izquierda de la izquierda en el gobierno?

Me refiero a todos los partidos de izquierda que no son ni socialdemócratas, como tendencia oficial mayoritaria, ni puramente verdes, ni liberales/progresistas. A veces se les llama radicales. En la categoría encontramos partidos comunistas, o sus herederos, cuando no se han convertido en socialdemócratas, así como partidos originados en la nueva izquierda de los años 60-70, y sus descendientes; y partidos formados por rupturas socialistas más de nuestro tiempo, como en Alemania (parte occidental) o, en una escala menor, Francia. Un grupo de mucho fuste es el de los partidos rojiverdes o ecosocialistas del Norte de Europa -son palabras que en romance no son bonitas- en los que confluyen casi todas las corrientes.  Por último, pero no menos importante, encontramos a los nuevos partidos nacidos en este siglo para rivalizar con la socialdemocracia desde la izquierda; en particular, Syriza  y Podemos. Los nombres son afortunados (el primero es un acrónimo).

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Cuando la autonomía universitaria produce monstruos

«Esos tíos han estado en esta mesa babeando, y son titulares porque Javier Ramos ha permitido que lo sean, y tenían que besarle el culo [...] y son unos mierdas y unos desagradecidos, ¡y Manuel Arrayás es un hijo de la gran puta, hijo de la gran puta, Antonio! Y si pudiera me lo cargaba» «Pasarán cosas, cosas muy desagradables que ni tú ni yo queremos que pasen. Lo que yo quiero es que David pare de una puta vez»

                         (Fernando Suárez, vicerrector en campaña, 2012)

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PSOE: cálculo de estructuras

Las diferencias internas del PSOE revelan disparidades en la fortaleza electoral, política y orgánica de las federaciones, más bien que diferencias ideológicas. Da la impresión de que son más estructurales que espirituales. Quedará para el recuerdo la frase de Javier Fernández acerca de que el edificio del PSOE “está muy dañado, pero conservamos el solar”. La metáfora arquitectónica, frente a la de la familia u otras que se usan para la organización política, me parece acertada.  Los especialistas del ramo de la construcción me perdonarán si me tomo sus cálculos a la ligera.

Lo que interesa aquí no es la decisión final, pues es de creer que nadie va a hacer nada que ponga al partido en verdadero riesgo de pasar por otras elecciones.  Lo que interesa son las líneas abiertas en el debate previo a la votación.

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Ojalá los socialdemócratas

De acuerdo con la encuesta preelectoral del CIS realizada en mayo, en España solo hay un 7% de adultos que se definen como socialdemócratas, al menos cuando se les ofrece un menú amplio de opciones. Bastantes menos que socialistas, que son el 14,5%, y la categoría más numerosa; y también menos que los conservadores (13%), los liberales (11%) y los progresistas (11%). 

En el sur de Europa, los políticos socialdemócratas han usado de forma habitual la categoría “socialista” para referirse a sí mismos y a sus políticas. Por eso muchas veces escribimos "socialdemócratas", como acabo de hacer, para referirnos a gente que rara vez usa el término, aunque lo empleamos correctamente con un criterio denotativo (1). En el norte del continente lo cualitativo -reformista, gradualista, defensor de un Estado del bienestar igualitario, pragmático con respecto al mercado...- tiende a coincidir con lo denotativo, y con la socialdemocracia como nombre común e identidad subjetiva.

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La mejor encuesta son las urnas… del 20D

El título es un poco exagerado, pero no tanto. Si tomamos como medida de acierto el número de puntos que se desvía la predicción de una encuesta para las cuatro primeras candidaturas, entonces, si alguien hubiera publicado como si fuera una encuesta el resultado de diciembre de 2015 – desviándose con ello en ocho puntos- habría hecho una predicción mejor que la media de las 20 encuestas que se publicaron en la última semana (del 13 al 20 de junio), que tiene 9,8 puntos de error total. Es más, las urnas de diciembre habrían quedado a la par que la cuarta mejor predicción de las veinte, y a poca distancia de la cabeza. También habría hecho mejor papel que la del CIS, publicada el 9 de junio, y que la gran mayoría de las publicadas antes.

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