eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Begoña Huertas

Begoña Huertas (Gijón) es autora de varias novelas y doctorada en literatura hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Madrid. Obtuvo el Premio Casa de las Américas de Ensayo en 1994, y trabajó como becaria investigadora en la Universidad de Barcelona. Desde entonces ha trabajado para varias editoriales y colaborado como redactora de opinión en prensa. Forma parte del staff de Hotel Kafka. Su última novela se titula "Una noche en Amalfi" (El Aleph)

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 960

Lo que está en juego

En la novela 'La muerte feliz' de Camus, uno de los personajes observa que "en algunas personas de elite hay algo así como un esnobismo espiritual que consiste en creer que el dinero no es necesario para la felicidad", y concluye que "tener dinero es liberarse del dinero".

La conversación, en fin, gira en torno al dinero y la pobreza, es decir, están hablando del tiempo y de la vida. Fue escrito en los años 40 del siglo XX. Pasará un siglo y seguiremos hablando de lo mismo. En realidad, para la velocidad del universo desde que Camus escribiera esas líneas no ha pasado ni medio segundo, y en las novelas los temas continúan idénticos, por mucho que en lugar de una tablet el protagonista maneje una libreta confeccionada por un puñado de hojas atadas con un cordel. Sobre el asunto de cómo ganarse la vida, el personaje de Camus reorganiza los términos para formularlo de otro modo: "Tengo mi vida por ganar. El trabajo, esas ocho horas que otros toleran, me lo impide".

Seguir leyendo »

Las cloacas del planeta

El documental Las cloacas de interior del que se habla estos días narra el uso partidista del Ministerio del Interior durante la etapa de Jorge Fernandez Díaz como ministro y es realmente impactante. Pero no son estas las únicas cloacas. Los tejemanejes policiales y las tramas político empresariales contaminan buena parte de nuestro sistema. Echando raíces en las mismas cloacas donde se mezcla poder y dinero hay otra contaminación, y esta es también literal además de metafórica, la del sector energético. En este terreno, el uso interesado de los recursos públicos crea puertas giratorias por las que se mueven a sus anchas políticos/ negociantes que se forran a costa de todos.

Seguir leyendo »

Las sombras del poder (reflejadas en los peores anuncios del año)

Hace unos días se falló la décima edición de los  Premios Sombra a la peor publicidad, una convocatoria impulsada por Ecologistas en Acción que quiere denunciar cómo se difunde un modelo de desarrollo consumista mientras se enmascara el deterioro social y ambiental que causa ese modelo.

Como todos sabemos, una de las estrategias más efectivas del marketing es capturar la inquietud de la sociedad en un momento dado para apelar desde ahí a los sentimientos del consumidor. En efecto, los spots nominados en la web de Ecologistas en Acción reflejan los conflictos actuales (la corrupción, el abuso de poder, los intereses enfrentados) pero –como no podía ser de otro modo, ya que se trata de vender– estos se manejan a favor del negocio. Esta manipulación no es algo exclusivo de la publicidad de marcas corporativas. Los mecanismos que utilizan son los mismos que vemos utilizar a diario por los aparatos ideológicos de los sectores más conservadores.

Seguir leyendo »

El turista eres tú

En Un invierno en Mallorca, George Sand narraba su viaje a la isla en 1855 y en un momento dado se preguntaba por qué las personas viajan cuando no tienen obligación ninguna de hacerlo. Su respuesta fue que existía una necesidad inherente al ser humano de escapar de la realidad rutinaria y aburrida. En efecto, el viaje es un paréntesis de disfrute durante el cual se dejan a un lado temporalmente las preocupaciones del día a día. Hoy no sólo se deja atrás la rutina y el aburrimiento, como observaba George Sand, sino también la precariedad, la inseguridad, la bronca y el desaliento. Y es que ya no sólo viaja la clase acomodada, el trabajador explotado puede transformarse también durante una semana en feliz turista, permitiéndose durante ese tiempo cosas impensables y fuera de su alcance en el día a día.

El periódico británico The Independent sitúa a Barcelona como uno de los ocho destinos mundiales que más odian a los turistas. Leí la noticia atravesando los Monegros en el Alsa, procedente de Madrid, y a pesar de todo una vez en la estación de Sants conseguí llegar sin ser linchada hasta el piso de mi amiga en el barrio de Gràcia con mi delatora maleta a cuestas. Por el camino pasé de largo numerosas pintadas "Tourist go home", "El turisme mata els barris", pero me detuve ante un cartel donde se ofrecían profusamente algunos datos: los precios de los alquileres han subido un 17% mientras el salario mínimo lo ha hecho un 1,5%, decía; se ejecutan 10 desahucios por semana porque los inquilinos no pueden pagar el alquiler después de que las empresas compren masivamente edificios para invertir y lucrarse; en Barcelona el alquiler público es solo el 1,5% del total mientras en París es el 17% y en Amsterdam el 48%; en la ciudad hay 88.000 casas vacías, los trabajadores del sector ganan menos de 15.000 euros al año y hay un paro del 15%, remataba. Aquello no era un manifiesto anti turistas, parecía todo un programa electoral en materia de vivienda.

Seguir leyendo »

"El rojo de la familia"

Hace unas semanas estaba tomando algo en una terraza cercana al Retiro madrileño cuando vi cómo en la mesa de al lado una señora se reunía para tomar el aperitivo con su hija y sus tres nietos, dos chicas y un chico, los tres de veintipocos años. Mientras las cuatro mujeres charlaban, el chico era el único que no despegaba los ojos de la pantalla de su móvil, lo que no le impedía irrumpir en la conversación de vez en cuando con brío, dando su opinión o incluso reclamándose centro de lo que se discutiera.

Su teléfono sonó un par de veces y en ambas ocasiones lo cogió adoptando de golpe un tono serio y profesional, impostando la voz como solo sabe hacerlo un hombre a quien han enseñado a mandar (y a obedecer) sin admitir réplicas. La primera llamada fue del banco. Acababa de "cerrar la compra del piso", dijo triunfante. La otra llamada, del trabajo. Hasta aquí nada extraordinario. Pero entonces me distraje con algo y de pronto le escuché exclamar: "¡El único rojo de la familia soy yo!". Me volví a mirarle. Lo decía riéndose, con orgullo, alzando la barbilla frente a sus compañeras de mesa repetía "¡el rojo!", "toda la familia, todos del PP, ¡corruptos!".

Seguir leyendo »

Jornaleros de la cultura

En plena oleada de neoliberalismo extremo tras la "crisis", muchos colectivos de trabajadores ven tambalearse los derechos que tanto les costó conseguir. Sin embargo hay un sector en España que nunca llegó a organizarse con eficacia y exigir una regulación acorde a su especificidad que le permitiera un bienestar y una seguridad mínima: el colectivo de trabajadores de la cultura. Pues bien, por fin a día de hoy hay un Estatuto de los trabajadores de la cultura, un Estatuto del artista, debatiéndose en una subcomisión del Congreso de los Diputados, y el pasado sábado diversas organizaciones convocaron un acto en el teatro María Guerrero de Madrid para hablar de ello porque, como con todo, lo que no se apoye desde la calle difícilmente podrá ser sacado adelante como ley si no beneficia a los que ostentan el poder.

Actores, guionistas, ilustradores, músicos, fotógrafos, escritores, artistas visuales... más allá de las peculiaridades de cada sector existen puntos comunes a todos y es lo que da sentido a la propuesta. Se habla de la piratería y del IVA, asuntos sin duda importantes pero que repercuten más –y para qué engañarnos, por eso están en el candelero– en productores y en distribuidores, en la parte dirigente de "la industria". Para los trabajadores de a pie, para los curritos, para los que al fin y al cabo escriben el libro, actúan en una película o ilustran una publicación las pesadillas cotidianas son otras. Aquí algunas:

Seguir leyendo »

O nos vemos en las calles o nos veremos "en la calle"

El otro día, viendo el muy interesante documental Requiem por el sueño americano: Noam Chomsky me llamó la atención una referencia a Franklin Roosevelt, quien al parecer se dirigió en un momento dado a los sindicatos y movimientos activistas con estas palabras: "Obligadme a hacerlo". Eran los últimos años de la década de los 30 y el presidente estadounidense, favorable a una legislación progresista, se refería a que necesitaba la presión en la calle para llevar esas políticas a cabo. Venía a decir a sus votantes: "Salid, manifestaos, organizaos, protestad".

Hay quien sigue pensando que la democracia es depositar un voto en una urna cada cuatro años. Pero a la vista está que es necesaria una presión –una expresión– en la calle para que el trabajo en el Parlamento sea de verdad efectivo. Esta semana un documento de  la Unión Europea volvía a plantear la necesidad de regular los mercados para atajar el descontento de la población. Otra vez pura retórica, porque esto ya se dijo hace años cuando se habló de "refundar el capitalismo".

Seguir leyendo »

El mercado humano

En la radio, tras las señales horarias de primera hora de la mañana, la noticia que abre el día suele ser las fluctuaciones de la bolsa. Casi sería preferible que leyeran el horóscopo. Tras dar la pertinente información de si los valores han bajado o subido medio punto, de inmediato se da paso a los anuncios: un robot cortacésped, una alarma para el chalet, un coche... y por supuesto la nueva temporada en cuanto a ropa. En la feria neoliberal todas las piezas están pensadas para encajar y que la rueda del consumo no se detenga. Si el consumidor no tiene recursos para lo anterior siempre podrá sacar cinco euros para comprarse una camiseta. Puedes no tener casa, puedes no tener trabajo, ni coche, pero la moda rápida siempre estará a tu alcance. El desastre ecológico y humano de ese negocio textil ya es otro asunto (y puedes verlo en este documental).

Hace unos años sorprendió la espeluznante noticia de un joven chino que había vendido un riñón para comprarse un iphone y un ipad. Cuando uno no tiene nada, le queda el cuerpo. A mediados de los años ochenta, el periodista alemán Günter Wallraff se hizo pasar por turco en Alemania y se dio cuenta de que entre los pocos trabajos a los que podía acceder un inmigrante irregal estaba el de voluntario en ensayos clínicos. Él lo llamaba "hacer una farmacarrera". Los pobres son perfectos como conejillos de Indias: venden sus cuerpos por poco dinero, y si les pasa algo, con una póliza de seguro equivalente a una insignificante fracción de las ganancias del laboratorio es muy probable que sus familias no digan nada. Lo contó en su libro Cabeza de turco.

Seguir leyendo »

Una imagen perturbadora

Tras recibir la noticia de que la Audiencia Nacional citaba a Mariano Rajoy como testigo en el juicio a la trama Gürtel, el abogado del PP afirmó que esa declaración no era pertinente, ni necesaria "y puede ser absolutamente perturbadora".

Absolutamente perturbadora, dijo.Y tiene razón. La visión de un presidente del Gobierno en el juzgado por un caso de corrupción es perturbadora, y como tal puede influir en la apreciación que los ciudadanos tengan de él y, aún más, en el rechazo que pudiera derivarse de esa nueva apreciación.

Seguir leyendo »

Perdonen la expresión

El pasado fin de semana, en el discurso de clausura del XIV Congreso Regional del PP valenciano, Mariano Rajoy sorprendió con estas palabras: "Ya podemos hacer cosas que no podíamos cuando estábamos, y perdonen la expresión, en la indigencia". Llamó la atención la palabra elegida. Podría haber utilizado otros sinónimos: estrechez, penuria, incluso pobreza. Pero optó por la más extrema. Alguien pobre puede ir tirando, un indigente malvive con una mano delante y otra detrás. Tanto es así que tuvo que preceder el término con un "perdonen la expresión" (algo también insólito, dicho sea de paso, porque es como decirle a alguien "tiene usted un cáncer, con perdón").

Desde luego el hecho no es fortuito ni es la primera vez que se emplea una palabra conmovedora para crear emoción y enturbiar el pensamiento racional. Pura Retórica. Cuando se cuenta un cuento se endurece la caída del protagonista para que brille más el final feliz. Con una sola frase, el presidente del Gobierno nos contó toda una historia. Y sí. Es el tipo de historia más simple y la que más gusta a la gente.

Seguir leyendo »