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Enrique Chacón Ibarra

Madrid, 1982. Doctor en Psicología Clínica Experimental y Máster en Psicología Clínica y de la Salud (Universidad Complutense de Madrid). Tras varios años como residente de la Clínica Universitaria de la UCM, ha compaginado las labores de investigación con la terapia para adultos, niños y adolescentes. Ha sido Profesor del Máster de Terapia de Conducta en Niño de la de la UNED y del Prácticum de la Licenciatura de Psicología de la UCM.

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Una región transparente

Érase una vez una región de un antiguo mundo gobernada por un pueblo libre y feliz. Sus habitantes habían conseguido derrotar a un dictador malvado e injusto. Demolido su castillo, destruidas las oscuras mazmorras, los habitantes debatieron sobre cómo construir el nuevo palacio de un gobierno más justo. Había sido tanta la oscuridad, tanta la corrupción, que decidieron hacer un palacio de cristal.

Pasaron los años y el palacio sirvió para que el pueblo observara con transparencia la gestión de los bienes comunes.

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George Clooney es impotente

Me encantaría ver una película en la que George Clooney o Brad Pitt tuviesen problemas sexuales, que no pudiesen tener erecciones o que llegasen al orgasmo precipitadamente. Me gustaría mucho que ese fuera el argumento de la película: sus problemas para satisfacer sexualmente a sus parejas. Sería genial ver a George en el papel de un hombre que se levanta por la mañana y al llegar al trabajo escucha las  socarronerías de sus compañeros sobre sus aventuras sexuales. Él agacha la cabeza, con miedo a hablar de sus preocupaciones. Ante la insistencia de las bromas, la estrella de la pantalla solamente podría defenderse haciéndose el machote alardeando de su rendimiento. Pero al llegar la noche, mientras su mujer se pone ropa sexy, él dice que está cansado y que se va al porche de su casa, en un barrio de clase media de EE.UU., a mirar al infinito mientras toma una cerveza. Sólo en su butaca, piensa que no puede más, que toda su vida se desmorona porque al intentar hacer el amor a su bella mujer, no logra una erección. La sensación de impotencia le consume, así que prefiere evitar más escarmientos.

Me encantaría ver a Brad Pitt en el personaje de un hombre acelerado e impulsivo, que no piensa demasiado en su problema, o al menos eso intenta, pero cuando se excita alcanza el orgasmo nada más entrar dentro del cuerpo de una mujer. No tiene pareja estable, porque siempre ha evitado las relaciones a largo plazo ante el miedo de ser despachado por este problema. Es un hombre con éxito social y nunca le ha contado este problema a nadie, pero ahora se ha enamorado de Eva Green, una mujer voluptuosa y sugerente, así que por primera vez se plantea que este asunto podría condicionar su vida.

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Los Reyes Magos existen

¿Hay que explicarle a los niños que los Reyes Magos son los padres o que Papa Noel es sólo el invento amable de una multinacional de refrescos? Este debate entre la fantasía y la realidad  tiene implicaciones que van más allá de la infancia y la Navidad, su respuesta tiene ver con nuestra manera de ver el mundo.

La fantasía juega un papel increíble en nuestro cerebro. Fantasear, inventar, proyectarse en el futuro es muy divertido y genera mucha ilusión; pero además es útil, es práctico, porque nuestro cerebro no es racional, sino fundamentalmente emocional. La fantasía, la creatividad y la magia van de la mano del arte, las relaciones sociales y del avance científico.

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Conversación en voz baja

Voy a regar las plantas, aunque antes debería contestar el correo de mi compañero. Creo que no podré volver a verla, la he cagado. Vaya mierda de llamada de teléfono. Me da mucha pereza, es un tío demasiado calmado, como si todo le importara una mierda. Llega la hora de salir y automáticamente cierra su ordenador, coge su mochila y al metro que se lanza con esa sonrisa en la boca que me dan ganas de partirle la cara. Todo lo que me ha dicho ahora mismo, sobre que no me comprometo con la gente, ni siquiera con mis amigos, es muy injusto. Voy a coger primero la ropa del curro, aunque debería planchar un poco la camisa, está hecha unos zorros. Mis amigos dicen que las camisas no se planchan, que si las tiendes bien no hace falta. Será que soy un poco pijo, o demasiado exigente . Ella tampoco ha respondido como yo esperaba cuando las cosas me han ido mal en el curro. Las plantas, que se me olvidan, una de ellas tiene las hojas tan caídas que da pena verla. ¡Ufffff!, tengo el cuarto hecho una mierda. Ayer, cuando salimos del trabajo pensé que me daría tiempo a recoger, no debería haberme quedado a tomar esas cañas. Estuve la mar de aburrido, no presté atención a nada de lo que me decían. Tendría de haber estado más simpático, pero es que el sitio al que fuimos es muy desagradable, lleno de ruido, gente gritando y música alta. Aun así, no conté nada interesante. Tengo que cambiar mi forma de ser, no puedo seguir así. Me acosté de una mala ostia… Y así me he levantado. No me puedo creer que acabe de gritarle así. Me he equivocado desde el principio de la conversación (antes incluso, no debía haberle llamado), tendría que darle la razón y pedirle disculpas. No me gusta pedir disculpas. Son las 9, ya no me da tiempo a hacer nada, como llegue tarde al trabajo se me cae el pelo, como aquél día hace 2 años que llegué tarde y mi jefe me hizo una broma desde su despacho. Y eso que mi compañero llega siempre 5 minutos tarde y nadie le dice nada. En realidad de lo que ella se queja es de mi trabajo, o más bien de las cosas que no hago con ella, como pedir disculpas. Soy una mierda.

Mis ojos son demasiado azules. Creo que la gente se me queda mirando y piensa que soy unos ojos gigantes a los que se les ha acoplado un cuerpo desproporcionado, con unos límites mal definidos. No quiero volver a hablar con él. Es un seta, un insensible, una persona que no se da cuenta de cómo soy, cómo me siento y qué pienso cuando le miro a la cara con deseo… o con pena. Mis brazos no me gustan, son demasiado anchos y blandos. No entiendo cómo tratan de convencerme y animarme con piropos que no puedo creer. O tienen mal gusto o simplemente es que me quieren demasiado para verme tal como soy. Le he disculpado muchas veces, demasiadas veces me ha tratado mal. Yo solo tenía ojos para verle a él, en realidad es más débil de lo que parece, se pone nervioso y necesita controlarlo todo. Le conozco demasiado bien como para saber que no va a cambiar. Que piensa demasiado como para poder cambiar. Me pregunto por qué los hombres son así, me acaban tratando como si yo no valiera nada. No ven más allá de mis ojos, se sienten atraídos por su color. Pero en cuanto empiezan a conocerme dejan de prestarme atención. ¿Será que no le doy lo que él necesita? Soy una mierda. ¡Mierda!, qué tarde se me ha hecho.

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La construcción de la felicidad

Los niños no “son” de los padres, no son una propiedad privada. En muchas ocasiones frases como “Estos son mis hijos” o “Estos son mis sobrinos” no encierra tan solo una manera de hablar, sino una verdadera filosofía educativa. Tratamos a los niños como objetos de consumo, como herramientas psicológicas para sentirnos realizados o dar la imagen social de “familia”. Ese afán de posesión provoca un exceso de control sobre la conducta del menor en aspectos como su curiosidad o su imaginación. Promovemos mucho más conductas “correctas”, pero no promocionamos conductas “imaginativas” o “alternativas”. A la vez, estos artículos posesivos aumentan los sentimientos de culpa si el menor se siete frustrado, haciendo que los límites no estén claros. La intermitencia y la inconsistencia en los castigos es una manera de promover las discusiones familiares.

Para que un niño tenga una buena autoestima debe sentirse seguro, y eso es posible cuando tiene claro que su imaginación, sus ganas de divertirse o su forma de ser son de su propiedad y que deben ser cultivadas con mucho mimo e independencia. Además, eso puede hacerse sin un coste personal insufrible para los padres, dejando claro que la libertad del menor acaba cuando hay un conducta que realmente es peligrosa o es inaceptable por su conste emocional, también para sus progenitores.

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Mi abuela es la mejor

La naturaleza nos ha proporcionado cerebros individuales y estructuras sociales gregarias. Tenemos un modo de pensar individualista, pero a la vez neuronas espejo que nos hacen conectar con las emociones de los demás. Podemos gritar todos a la vez en un concierto, miles de personas sintiendo que son una sola durante unos minutos, pero a la vez sentirnos aislados y desconectados del resto.

Las nuevas tecnologías tratan de poner solución a un problema que ya existía antes: nos sentimos con mucha frecuencia solos, desconectados y vacíos. Antes rellenábamos los huecos con dioses y mundos transcendentes. Hoy en día, tantos aparatos tencológicos, tanta accesibilidad e inmediatez nos llenan de estímulos, no nos dan tiempo a aburrirnos y sentirnos solos. Pero no solucionan el problema, provocan muchas veces más angustia y más sensación de urgencia.

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Maldito voluntariado

Eva es una psicóloga con 10 años de experiencia que se embarcó con mucha ilusión en un proyecto hospitalario para mejorar la asistencia a enfermos con dolencias crónicas. Consiguió una beca de 500 Euros al mes, trabajó durante 3 años y por fin su proyecto salió a la luz. Orgullosa, se dirigió al despacho de su “jefe”, que siempre le había alentado en las jornadas maratonianas de “trabajo”. Ese día, en lugar de alentarle, le dijo que 3 voluntarios iban a llevar a cabo el proyecto, “lo has hecho genial, muchas gracias, puedes irte”. Los años de formación y de experiencia no sirven cuando alguien está dispuesto a hacerlo gratis.

La Cruz Roja es una organización sin ánimo de lucro que es un buen ejemplo de cómo el ser humano puede realizar un trabajo increíble contando con participación voluntaria. Si esa organización no hubiera sido creada y alguien la propusiera hoy en día, sería tachado de ingenuo o de loco. Por el contrario, en general la humanidad se ha desarrollado en un sistema de crecimiento económico basado en el consumo, el comercio y la producción. Aunque el reparto de la riqueza es desigual en el planeta, los avances tecnológicos y económicos se han originado en un contexto de competitividad. Supuestamente son las ganas de tener más, acumular más,  gastar más, lo que ha hecho que las cosas avancen.

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El ritmo del tiempo

A los pocos días de conocerse, ella le contó que el universo tiene 13.800.000.000 de años de edad. Descubrir este dato cuando aún era adolescente había marcado su vida. Para que él entendiera mejor el alcance de su descubrimiento ella le explicó que si la historia del universo se condensara en un año, Jesucristo habría nacido tan solo 4 segundos antes de que acabara el 31 de diciembre. Así que según ella, la vida de un ser humano comparada en una escala completa del tiempo es una parte tan enana y anecdótica, que había que exprimirla hasta el límite.

Siendo solo una niña, él no podía entenderlo porque había vivido en una familia normal de padre, madre y hermanos que jugaban sin preocupaciones, había tenido que sacar a su madre de un incendio, justo a tiempo de salvarle la vida, porque estaba tan borracha que no se enteró del humo que entraba por la puerta. Tener que cuidar de una persona 19 años mayor que ella, que bebía como su no hubiera mañana, marcó su carácter.

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La ideología del Siglo XXI

Hay situaciones que compartimos, por las que pasamos inevitablemente a lo largo de nuestra vida. Son los miedos evolutivos y los problemas adaptativos: ¿Acertaré con los estudios que elija?, ¿Encontraré trabajo?, ¿Será mi pareja la persona adecuada?, ¿Nos quedaremos embarazados?, ¿Mis hijos irán por buen camino?, ¿Podré aguantar en mi trabajo si las cosas siguen así?, ¿Qué pasará con mi jubilación? Para afrontar este tipo de problemas, es aconsejable entender algunas cosas que van más allá de nosotros mismos y que forman parte de la sociedad actual.

Hasta hace relativamente poco las personas creían que lo más importante era encomendarse a los Dioses y depositar en ellos sus esperanzas. Nuestra vida era corta y dura, así que el consuelo se encontraba en un fuerte sentimiento de identidad comunitaria. Con la llegada de la modernidad y el individualismo, el Siglo XX se caracterizó por la importancia de los proyectos vitales: profesión, posesiones, pareja, aficiones, vivienda... La postmodernidad, en una vuelta de tuerca más, define el momento actual como un cambio continúo de proyectos: los trabajos son temporales, las parejas rompen con frecuencia, las personas  se mudan varias veces de ciudad y las nuevas tecnologías proporcionan amistades inmediatas, pero en ocasiones efímeras. Nuestros amigos de toda la vida viven en Berlin, nuestros hermanos en Polonia o en Irlanda.

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La mentira y la sinceridad

La mentira, así como la sinceridad, son unas herramientas sociales que no son ni buenas ni malas por definición. Si se utilizan mal, tanto la mentira como la sinceridad son igual de perjudiciales para la comunicación entre personas. Lo importante es el papel que juega el mensaje en la interacción con los demás. En general, la mentira frecuente es un factor que obstaculiza las relaciones sociales porque genera desconfianza, mientras que la sinceridad sin medida genera graves conflictos interpersonales.

El día 23 F millones de espectadores se sentaron ante el televisor seducidos por Jordi Évole y su equipo, no sólo por sus anteriores programas de Salvados, sino por la campaña de publicidad que habían realizado, que prometía un final espectacular y sorprendente. Tanta expectación teníamos, que la mayor parte de los espectadores nos creímos una mentira digna de Orson Wells. El debate estaba servido y las conversaciones que generó al día siguiente me parecieron muy interesantes, la mayoría bañadas por un espíritu crítico y con la duda presente, algo que me parece francamente genial. La mentira que desvelaba era de grandes proporciones, así que la sensación de haber sido engañados desde la transición estaba provocando mucha desconfianza en el sistema. Al descubrir que la mentira era el programa en sí, la desconfianza se volvió contra el propio Évole. Y al decir la verdad hicieron sentir estúpidos a muchos espectadores (entre ellos a mí) generando una gran conflicto que durará días. Y todo este lío me parece divertido e interesante, así como los argumentos a favor y en contra del uso de la falsedad y la sinceridad.

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