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Gabriela Wiener

Gabriela Wiener es escritora, poeta y periodista. Ha publicado los libros Sexografías, Nueve Lunas, Llamada perdida, Dicen de mí  y el libro de poemas Ejercicios para el endurecimiento del espíritu. Sus textos han aparecido en antologías nacionales e internacionales y han sido traducidos al inglés, portugués, francés e italiano. Sus primeras crónicas se publicaron en la revista Etiqueta Negra. Fue redactora jefe de la revista Marie Claire en España. Escribe para La República, El Salto, El País y el New York Times en español, entre otros. Es parte del colectivo autogestionado Vaciador 34.

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En La Colonia Peruana no solo se sirve pollo

El restaurante que está al lado de mi casa en Madrid se llama La Colonia Peruana. Cada vez que, siguiendo la tradición patria, me como un pollo a la brasa con la mano, pienso que es una ironía cósmica. Es el tipo de sitio en el que recuerdo que el día que Felipe Borbón fue proclamado rey, todos los periódicos de Lima se convirtieron en el Hola. Se hablaba de un rey como se habla del Rey, porque está muy normalizado que los reyes de España nos importen más a los peruanos que cualquier otro monarca del universo. Cuentan que durante el virreinato, aunque el rey de España nunca pisó el Perú, se celebraban todos sus nacimientos, bodas y comuniones como si estuviera ahí. Por ejemplo, para la proclamación de Felipe IV en 1622 se construyó un altar sobre el que se colocó un retrato suyo de tamaño natural, alrededor del cual se montó un fiestón que duró meses. Pero son otros tiempos. Desde que los borbones se dan el trabajo de pisar las excolonias, Felipe VI es infaltable en cada toma de mando. Y si a algún gobierno populista se le ocurre cuestionar a Repsol se lía parda.

Cada año el tema de la celebración del 12 de octubre como fiesta nacional de España es un tema de candente debate. He leído que a algunos ya les parecen cansinos los reclamos por algo que pasó hace 500 años (sic), qué por qué sentirse culpables, que por qué sentirse víctimas. Pero ¿todo acabó, ya todo terminó, y quedan mil heridas en el alma?

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Homenaje a Catalunya

Cuando llegué a España en realidad llegué a Catalunya. No sabía casi nada del independentismo, ni del catalán hasta que un día le pedí a un profesor de mi mierda de master que si podía decir lo mismo pero en castellano, porque no lo había entendido, y me dijo que no. Cuando empecé a hacer mis pequeños descargos camuflados en gracietas: “porque cuando ustedes nos conquistaron, jeje…”, me contestaron que ellos no habían sido, que había sido España. Y les pedí disculpas.

Me han explicado de muy malas maneras la diferencia entre una mandarina y una clementina en español y en catalán. Ahora la sé perfectamente. Y es una enseñanza para toda la vida. Una vez, un señor impaciente porque terminara de usar un teléfono público me dijo en español muy clarito que me fuera a mi país. Y así para todo. Un día me fui de Barcelona pero me quedé en España. Solo en Madrid me han llamado “panchita” con cariño y sin cariño.

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