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Semiótica policial

Policías detienen a una ciudadana que protesta contra el Gobierno de Dina Boluarte, en Lima (Perú).

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En California un policía acaba de matar a balazos a un hombre sin piernas y en silla de ruedas. Vale que tenía un cuchillito. Pero no sé, igual lo de proporción y desproporción son conceptos que se les escapa a los agentes del orden dependiendo de a quién tienen delante. Hace un par de semanas otro hombre recibió una paliza mortal de la policía de Memphis. Gritó “mamá, mamá”, antes de quedarse callado para siempre. Los policías no entenderán de muchas cosas, pero de algo sí entienden: de colores. Porque los dos hombres asesinados brutalmente en el mes que inaugura el año eran negros. Sí, en el mismo país en que mataron a George Floyd y en el que surgió Black Lives Matter, las vidas negras siguen importando bastante poco al sistema que la Policía defiende. 

¿Por qué los policías entienden de colores y no de otras cosas, tipo, no sé, de humanidad? Que nos lo explique la propia policía del Perú. Vean atentamente este video porque es muy pedagógico. Y nos ilustra perfectamente sobre la naturaleza del pensamiento policial. Pero antes de mostrarles el video –además de para crear intriga porque esta columna hoy es un thriller–, tengo que explicarles otra cosa que también tiene que ver con colores: Nuestros policías en Latinoamérica no son blancos, altos y con cortes de pelo nazi recién hechos como en USA o en España. Eso daría razonablemente muchísimo más miedo. Son más bien cholos marrones y bajitos como yo. 

Eso hace que el cien por ciento de las veces, los blancos infractores del Perú –no hablo de los blancos a quienes de verdad debería perseguir la policía, es decir a los dueños de las minas, los bancos o los periódicos corruptos, sino de pijos borrachines que pasan superando velocidades en camionetas contaminantes– les falten el respeto y les suelten al poli la consabida frase: “¿Quién chucha te crees cholo de mierda para hablarme así? ¿no sabes quién soy yo? Mi tío es el general Benavides”. Bueno, veinte luquitas pa que el tombo de turno siga su camino, gracias, señor y que viva la juerga. 

Casi no hay policías blancos en Perú, a lo sumo hay marinos blancos. Los policías en el Perú son como los soldados gringos en Irak o Siria, o sea no son gringos, y ganan poquísima plata. Muchos son coimeros para completar el sueldo. Pero cuando esos policías son enviados a reprimir a otros cholos marrones como ellos, ahí sí cómo se esfuerzan, lo dan todo. Parecen los maderos cojoneros de Lavapiés, los policías montajistas que detienen al antifascista y dejan escapar al fascista por estas calles. Parecen los miembros de las fuerzas de seguridad del Estado infiltrados en los colectivos, usando y abusando de mujeres. O mucho peores, son la pasma terruqueadora en Puno, Ayacucho y otras zonas de los Andes peruanos. Cómo acatan, cómo golpean, cómo se infiltran entre, cómo torturan, cómo humillan, cómo disparan, cómo matan a otros marrones, de preferencia indígenas.

Los de este último mes, los que han asesinado a más de 60 personas por órdenes del gobierno de Dina Boluarte y su pandilla congresal, elogiados por ella y sus ministros en cada rueda de prensa, llamados héroes por los periodistas de pacotilla de mi país, también saben mucho de colores, no solo del color marrón. Y lo explican como nadie. Para conocer a fondo cómo funciona el sistema neuronal de un policía de norte a sur y de este a oeste, de Memphis a Puno, de Puno a Madrid, mejor pasemos al siguiente vídeo que resulta concluyente:  

Se puede apreciar que es la propia Policía del Perú la que comparte la información desde su twitter con la mayor solemnidad y orgullo posibles: “El general  PNP, Jorge Luis Ángulo Tejada, brinda información sobre la intervención a un vehículo donde se trasladaban escudos artesanales y objetos contundentes que serían para dotar a los manifestantes, se intervino a dos personas”.

El mando de la policía empieza así su explicación “respecto a la semiótica”, dice, analizando un cartel en el que se puede leer la palabra BOIKA, que según él significa “muerte”. Cada letra sería de un color diferente e incitante: “El color rojo es signo de violencia, acá el negro es signo de muerte, y el amarillo de alegría, esto no es una casualidad, son estructuras organizadas y están orientadas a llevar la violencia y causar la zozobra, el caos y el miedo en nuestra sociedad”, dijo ante los medios. Motivo por el cual, los dueños del cartel han sido detenidos. Lógico.

La Asociación de Semiólogos del Perú tuvo que emitir un comunicado deslindando de la Policía. Pero con permiso de los especialistas, podemos inferir por nuestra parte de este colorismo uniformado que la policía va detrás de los rojos izquierdistas, los negros, los marrones y las personas alegres. No fue una gran revelación. Eso ya lo sabíamos. Ojalá les diera más por la semiótica policial y menos por el racismo y la muerte.  

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