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José Moisés Martín

Economista y consultor internacional. Dirijo una firma de consultoría especializada en políticas públicas y desarrollo económico y social.

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Thaler, un Nobel contra el ‘homo economicus’

Una de las cosas que se achacan más recurrentemente al gremio de los economistas profesionales es su estrecha concepción del ser humano como homo economicus: un ser sin consideraciones morales, solamente obsesionado con alcanzar la máxima rentabilidad económica, y cuya racionalidad instrumental alcanza cotas sobrehumanas. Y, sin embargo, esta caracterización no pasa sino por ser una caricatura más de todas las que adornan a la profesión. En la mejor ciencia económica, la concepción del ser humano ha sido siempre más compleja de lo que a los profetas del libre mercado y a los críticos de brocha gorda les hubiera gustado. Fue Keynes quien habló de los Animal Spirits, ese comportamiento gregario e irracional de los inversores a la hora de tomar decisiones de inversión. Amartya Sen ha destinado buena parte de su carrera académica a explicarnos la libertad individual como un ejercicio de construcción de capacidades mucho más amplio que la mera rentabilidad económica. Kahneman ganó el premio Nobel por sus investigaciones sobre la psicología del ser humano y su impacto en la toma de decisiones económicas, al igual que Schiller ha mostrado las limitaciones de la racionalidad de los mercados financieros. Por su parte, Dan Ariely nos explicó cómo las fallas cognitivas del ser humano permiten incluso predecir qué errores de racionalidad se podrían esperar en la toma de decisiones, y cómo los mismos son aprovechados por disciplinas como el marketing y la publicidad.

En ganador del Premio Nobel de Economía de 2017, Richard H. Thaler, se enmarca en esta corriente plural y diversa de pensamiento económico conocida como la economía conductual, que no es sino una manera de redefinir el comportamiento de los agentes económicos en función de los condicionantes cognitivos, morales o grupales de los mismos, con resultados siempre sorprendentes. Thaler se ha hecho mundialmente conocido por el bestseller ‘Un pequeño empujón’ (Taurus, 2009), en el que describe cómo las limitaciones de la racionalidad de los agentes económicos los llevan a tomar decisiones subóptimas para las cuales la economía escolástica no está preparada. Desde su punto de vista, los decisores de políticas públicas deberían tomar esta realidad en cuenta a la hora de diseñar las mismas y ofrecer una suerte de "paternalismo liberal" por el que, a través de "pequeños empujones", los agentes económicos se decidan por opciones racionalmente superiores, como dejar de fumar frente a no hacerlo. Su obra más reciente en castellano es 'Todo lo que aprendí con la psicología económica' (Deusto, 2017), en la que hace repaso de sus investigaciones explicando las fallas cognitivas y de racionalidad existentes en la toma de decisiones económicas.

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Hans Rosling, pionero en la lucha contra la postverdad

El martes 7 de febrero moría en Suecia el médico y estadístico Hans Rosling, a la edad de 68 años. Para la mayoría del gran público español, este triste acontecimiento pasó desapercibido, y sólo algunos con buena memoria recuerdan su paso por el programa de Eduard Punset allá por el año 2010. Y sin embargo, su trabajo ha dejado una huella indeleble en la manera en la que entendemos el mundo.

Médico de formación, Rosling dedicó más de 20 años de su vida a trabajar en favor del desarrollo en África, donde trabajó en la identificación y prevención de diferentes enfermedades, donde descubrió, a través del tratamiento de la información biomédica, las relaciones entre el consumo de determinados productos y la extensión de la parálisis.

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PERFIL | Paul Romer: Un economista atípico en el Banco Mundial

Hace ahora casi 20 años, Joseph Stiglitz asumió el cargo de economista jefe del Banco Mundial. Como tal, le tocó vivir la crisis de los países asiáticos en 1997 y 1998, y de aquella experiencia sacó las reflexiones suficientes para escribir uno de sus libros más celebrados, "El malestar en la globalización", en el que criticaba los resultados del llamado Consenso de Washington y las políticas de ajuste dictadas por el Fondo Monetario Internacional. Gracias a él, descubrimos que los funcionarios de las instituciones de Bretton Woods dictaminaban políticas a los países en desarrollo a través de informes en los que sólo se cambiaba el nombre del país, o que el entonces director ejecutivo del fondo, el francés Michel Camdessus, actuaba como un auténtico dictadorzuelo cuando firmaba los acuerdos de rescate con los países obsequiados por sus políticas. Sus críticas le valieron una salida acelerada del Banco, traspiés que rápidamente compensó con su Premio Nobel de 2001 y su ascenso como economista mediático donde los haya (podio que comparte con Paul Krugman, con el que, todo hay que decirlo, le unen muy pocas cosas).

Desde aquella irrepetible experiencia, el Banco Mundial ha optado por elegir como economista jefe a economistas reputados por la profesión, pero con perfiles notablemente más discretos en términos mediáticos o políticos. Así, nadie –o prácticamente nadie– conoce a Justin Lifu Yin, el economista chino que trabajó entre 2008 y 2012, prolífico autor promotor de una nueva y prometedora perspectiva denominada "nuevo estructuralismo", o incluso al más discreto todavía Kaushik Basu, de nacionalidad india, y que se ha mostrado escéptico en relación a los principios microeconómicos sobre los que se asienta la moderna economía. El sustituto de Stiglitz el año 2000 fue Nicholas Stern, que alcanzó la fama mundial sólo después de su salida del Banco, con su imponente revisión de los efectos económicos del cambio climático.

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¿Cómo de radical es la Corbynomics?

Una tormenta ha sacudido la socialdemocracia europea. Jeremy Corbyn, veterano diputado laborista situado en el ala izquierda del partido, se ha hecho con el liderazgo de uno de los partidos socialdemócratas más importantes del continente, el Partido Laborista británico. Las alarmas no han dejado de sonar desde que este verano se comenzó a conocer que las preferencias de los militantes y simpatizantes del partido otrora conocido por inaugurar la “Tercera Vía” se inclinaban por un diputado mayor, crítico con el blairismo, con el atlantismo, con la deriva de la Unión Europea y con posiciones políticas que desbordan a la mayoría de las formaciones que se sientan en el grupo del Partido de los Socialistas Europeos en Bruselas y Estrasburgo.

Sus posiciones han sido calificadas de tal manera que hay muchos antiguos dirigentes laboristas que le consideran “inelegible”, y Cameron, a quien presumo contento con la elección, ha planteado que ahora el Partido Laborista es una amenaza para la seguridad del Reino Unido.

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La inevitable aritmética de la deuda griega

Han pasado apenas tres días desde la adopción, in extremis, del acuerdo entre Grecia y sus Acreedores en el marco de la Eurozona y las reacciones han pasado prácticamente por todos los ciclos anímicos posibles. Entusiasmo y satisfacción entre los que querían mantenerse firmes con el “chantaje populista” de SYRIZA, desolación e incluso indignación entre los que los que esperaban de Tsipras y su liderazgo una palanca desde la que iniciar el fin de la austeridad en la Eurozona. Una tercera visión menos interesada políticamente (electoralmente) ha mostrado su preocupación por la fractura de algunas de las cosas que se consideraban pilares para el futuro de la Unión Europea: la irreversibilidad del euro –que fue puesta en cuestión durante toda la negociación- y la doble fractura entre acreedores/deudores y, muy especialmente, del eje franco-alemán.

Sólo pasado el primer momento de reacciones rápidas –y en muchos casos simplemente apasionadas- se han comenzado a revisar los aspectos técnicos de la propuesta de acuerdo que se puso encima de la mesa la madrugada del pasado día trece de julio. Y el resultado es desalentador, especialmente a la luz de la filtración –y posterior publicación- del informe de sostenibilidad de la deuda que llevó a cabo el FMI y de cuya existencia conocían los negociadores del pasado fin de semana.

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Grecia o el protectorado permanente

Que los sucesivos gobiernos de Grecia han cometido errores gravísimos en la gestión de las cuentas públicas es un hecho constatado. Cuando Yorgos Papandreu clarificó la verdadera situación de la deuda pública griega, allá por finales de 2009, los informes de la Unión Europea ya alertaban de que Grecia se estaba enfrentando a la crisis financiera internacional con una serie de desequilibrios acumulados en el ámbito de su balanza exterior y su déficit público, pero pocos sospechaban que los gobiernos de Nueva Democracia habían maquillado, con la ayuda del banco internacional de inversiones Goldman Sachs, las cuentas públicas de tal modo que habían ocultado a los socios de la Unión Europea y a su propia ciudadanía el alcance total de su deuda pública.

Desde aquel momento y hasta la fecha lo que hemos vivido los europeos es una serie de desafortunados incidentes que llevaron al euro al límite de la ruptura en 2010 y 2012, a dos “rescates” de la economía griega, a una crisis social de proporciones dramáticas, y a unos niveles de desencuentro político y desafección democrática sin precedentes en la historia reciente de la Unión Europea. La guerra de cifras entre los partidarios y detractores –varios, por la derecha y por la izquierda- del rescate es inabarcable: se ha manejado información estadística sobre el crecimiento –o mejor dicho, contracción- de la economía griega, el tamaño de su deuda, los intereses que debe pagar, el aumento del desempleo y la pobreza, la edad de jubilación, o el sistema fiscal griego con tanta ligereza como profusión, tanto para justificar la conveniencia del rescate como para denostar sus condiciones por demasiado duras socialmente o demasiado laxas financieramente. Hay mucha información, pero también falta mucha.

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Las propuestas de Varoufakis para la Eurozona

Pocos economistas han recibido más atención internacional que Yanis Varoufakis en estos últimos días. Yanis Varoufakis, la estrella económica del gobierno de Tsipras, profesor de economía en la universidad de Austin, ha recibido tanta atención como críticas durante esta semana, incluyendo puestas en duda sobre su  valía académica, su  orientación política  o su forma de entender la economía.

Sin embargo, Varoufakis es un viejo conocido de la economía llamada “heterodoxa”. Su nombre puede verse en algunos manifiestos, memorandos y propuestas para  una política económica alternativa, y ha estado vinculado a algunos de los espacios más innovadores en materia de política económica, como es el INET ( Institute for a New Economic Thinking, patrocinado por el magnate y filántropo George Soros). Su último libro,  “El Minotauro Global”, fue editado en Español en 2012 y recibió en su momento  buenas críticas.

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Quantitative Easing: qué es, para qué puede servir, y cuáles son sus riesgos

El Banco Central Europeo ha aprobado la puesta en marcha de una operación de Expansión Cuantitativa (Conocido como QE, por sus siglas en Inglés, Quantitative Easing, o, tal y como lo ha denominado el BCE, el Expanded Asset Purchase Programme, o Programa de compra expandida de activos). El objetivo que mantiene el Banco Central es contribuir al incremento de la producción y los precios en el área de la Eurozona, a través de una inyección masiva –hasta 1,15 billones de euros- de liquidez adicional en el mercado. Se trata sin duda de la mayor operación monetaria del BCE desde su creación, y, con la misma, sigue la senda de las operaciones aprobadas por otros bancos centrales, como la Reserva Federal Norteamericana o el Banco de Japón.

Pero, cómo funciona un QE? Para ilustrar su funcionamiento básico proponemos un esquema simplificado de los movimientos en el sector financiero y monetario de una economía. Supongamos 3 sectores: el sector no financiero, formado por empresas, particulares y el estado, un sector financiero, formado por un banco, y un banco central. Cada uno de ellos tiene su propio balance, que, como sabemos, es una forma de representar todos los derechos y propiedades (activos) y todos los recursos financieros que los financian (pasivos). Un particular, por ejemplo, tiene una casa en propiedad y un coche (activos), y los ha financiado con un crédito del banco (pasivos). A su vez el Banco tiene derechos y propiedades, en este caso, el crédito del particular. Parte del dinero del banco, que no es usado en créditos, se mantiene como “depósito” en las cuentas del Banco Central, en forma de reservas. El Banco se financia con su capital, otros créditos y con depósitos de los ahorradores (pasivos). Por último, el Banco Central tiene activos –créditos a Bancos, por ejemplo, dinero en efectivo- y se financia con los depósitos de los bancos comerciales (reservas) y, y esta es la principal característica de un Banco Central, con el dinero –moneda- en circulación, cuya emisión es potestad suya.

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¿Es racional votar a Syriza?

Dos automóviles avanzan en sentido contrario, uno contra otro, en una carretera de un solo carril. Ninguno quiere salirse al arcén para evitar el choque, aunque ambos saben que si llega a producirse las consecuencias serán fatales para los dos. Llegado el momento, uno de los conductores ellos arranca el volante y lo tira ostensiblemente por la ventanilla, de manera que deja en el otro conductor la responsabilidad: o arcén, o muerte segura.

Thomas C. Schelling, economista premiado con el Premio Nobel de Economía en 2005, pasó buena parte de su vida investigando sobre juegos no cooperativos como el que acabamos de describir, y nos regaló algunas de las páginas más lúcidas sobre economía que se han escrito jamás. Una de sus obras,  “La estrategia del conflicto” está considerada un clásico de la ciencia política en materia de estrategias no cooperativas como la que acabamos de señalar. Según Schelling, hay ocasiones en las que es mejor cortarse un brazo antes que darlo a torcer.

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Retos económicos de las Autonomías para 2015

Tras varios años de ajuste ininterrumpido en el gasto público de las comunidades autónomas, y varios ejercicios de rescate y apoyo desde el gobierno central, las CC.AA., se enfrentan al año 2015, año electoral de gran trascendencia, con numerosas incertidumbres. El descontento provocado por los recortes en salud y educación, partidas que representan más del 60% del gasto de las CC.AA, puede pasar factura en mayo y los gobiernos autonómicos quieren acceder a más recursos financieros para adelantar a su ciudadanía algo de los frutos de la tan anunciada recuperación.

Debemos recordar que entre 2009 y 2012, el descenso en el gasto en sanidad y educación de las CC.AA supuso alrededor de 20 puntos porcentuales. No será fácil: la senda de consolidación fiscal establecida en el programa de estabilidad por el que España se compromete con la Unión Europea, requiere que las CC.AA cumplan con un déficit público del 0,7% de su PIB, algo que la oficina de responsabilidad fiscal ya ha puesto en duda para 9 comunidades. Este mismo año siete de ellas no cumplirán el objetivo del 1%, alcanzando en los casos de Extremadura, Cataluña, Comunidad Valenciana y la Región de Murcia más del 2%, el doble de lo previsto.

La decisión de Hacienda de reestructurar la deuda de las CC.AA, y la eliminación de los intereses del Fondo de Liquidez Autonómica y el Fondo de Pago a Proveedores, podrá aliviar en algo la situación de los gobiernos autonómicos más endeudados, pero cabe preguntarse si esto no es sino premiar a las comunidades más irresponsables cargando la factura a la ciudadanía de aquellas que han cumplido los objetivos.

Ha llegado el momento de repensar, de nuevo, el sistema de financiación autonómica, aunque ese melón parece que nadie quiere abrirlo.

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