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Owen Jones

Columnista en the Guardian. Autor de los libros Chavs, la demonización de la clase obrera y El Establishment.

Ahora, publica sus columnas traducidas por primera vez al español en la sección Internacional de eldiario.es.

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Espero que Catalunya se quede en España, pero defiendo su derecho a irse

Es difícil no estar de acuerdo con el primer teniente alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Gerardo Pisarello, quien al referirse a la crisis política en Catalunya  afirmó: "Algunos caminan por una gasolinera llena de combustible con un mechero en la mano". En el centro del debate hay un principio democrático básico: el derecho a la autodeterminación o, como indica el eslogan de los defensores del referéndum, el derecho a decidir.

No tienes que querer la independencia de Catalunya para apoyar este principio; de la misma forma que puedes estar de acuerdo con el derecho al divorcio sin querer que todas las parejas se separen. Imaginemos que en una pareja, uno de sus miembros se cuestiona si la relación va bien, y el otro no solo le niega la posibilidad de divorciarse sino que además le impide sopesar esta posibilidad.

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Boris Johnson es un insulto a Gran Bretaña y su conspiración ha desencadenado este desastre

Una película de Sthephen King con la canción del cómico Benny Hill de fondo: esa es la actual situación política de Reino Unido. Parece un espectáculo de terror, pero al mismo tiempo es ridículo y absurdo. En los dos últimos años, Reino Unido ha sido rehén de la desastrosa confabulación de los conservadores: la campaña por el referéndum de la UE, sus caóticas consecuencias y las apresuradas elecciones generales. Boris Johnson –que nadie sabe qué hemos hecho para merecérnoslo– apoyó con oportunismo el Brexit como una estrategia en su carrera política. A pesar de su demostrada tontería, es lo suficientemente listo como para darse cuenta de que el Brexit propuesto por los tories se dirige al desastre. Johnson se arriesga a ser recordado en los libros de Historia como uno de los principales arquitectos de ese desastre; por eso ahora conspira y maquina ayudando a desestabilizar una administración que ya está tocada políticamente en un país que navega por su mayor crisis tras la Segunda Guerra Mundial.

Como indica Ken Clarke, en condiciones normales Johnson ya estaría despedido. Pero no estamos en condiciones normales: la primera ministra no tiene autoridad y preside una administración zombie unida solo por el pánico ante la posibilidad de un gobierno laborista liderado por Jeremy Corbyn. Algunos especulan que a Johnson le gustaría que le despidiesen para convertirse en mártir, no en desertor, y poder afirmar que el Brexit fue mal por los errores de May y no por sus propios planes.

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No nos podemos quedar mirando mientras la derecha manipula el concepto de libertad de expresión

La llamada “terapia para curar la homosexualidad” no es medicina, ciencia, ni tan siquiera terapia; es, simplemente, maltrato. Los profesionales de la medicina consideran que esta práctica, que percibe la homosexualidad como una “enfermedad” que tiene solución carece de toda base científica, no es ética y es dañina.

Cuando mi primer novio reconoció su homosexualidad, a los 15 años, sus padres lo llevaron a ver a un pseudocientífico para que lo curara. Por si fuera poco, también sufría acoso escolar por el hecho de ser gay. Ahora hace terapia para superar su adicción a la metanfetamina .

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La mentira de la austeridad ya no se sostiene

Desde que los bancos sumieron al mundo occidental en el caos económico, se nos ha dicho que sólo los recortes nos podían salvar. Cuando los conservadores y los liberal-demócratas  formaron su coalición para la austeridad en 2010 le dijeron al electorado –en un tono apocalíptico– que sin las tijeras de los recortes de George Osborne, Reino Unido seguiría  el camino de Grecia. Se cansaron de utilizar la metáfora, sin ningún valor económico, de comparar el país con la economía familiar: una familia no puede gastar de más si está endeudada, así que lo mismo se aplica a una nación. Así se popularizó esta falacia ideológica.

Pero ahora, gracias a Portugal, sabemos que el experimento de la austeridad que impusieron en Europa estaba destinado a fallar. Portugal fue una de las naciones europeas más golpeadas por la crisis económica. Tras un rescate a manos de los organismos internacionales , incluido el Fondo Monetario Internacional, los acreedores le exigieron estrictas medidas de austeridad que Lisboa puso en práctica con entusiasmo durante la etapa del Gobierno conservador. Privatizaron los servicios públicos, subieron el IVA, añadieron un impuesto a la renta, recortaron los salarios públicos y las pensiones, redujeron beneficios sociales y extendieron la jornada laboral.  

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Occidente no puede ganar la guerra de Afganistán

La prueba de fuego para la oposición a Trump será la reacción que tengan cuando el presidente empiece a lanzar bombas y a enviar soldados a morir. Hubo unos cuantos que hablaban en tono preocupado sobre el hecho de que Trump supusiese una amenaza para la paz mundial –incluso insinuando que era un Hitler estadounidense–, pero se encontraron a sí mismos llenos de emoción tan pronto como lanzó misiles a toda prisa contra una base aérea siria.

Ahora Trump acaba de revelar que  planea enviar más soldados estadounidenses al cementerio de Afganistán y quiere que Reino Unido siga su ejemplo. Debemos resistirnos a su última aventura militar.

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¿Quién ha avivado las llamas del fascismo? Nuestros políticos y nuestros periódicos

Ellos derraman el petróleo y después se preguntan que por qué arde. El fascismo está en ascenso en Occidente, y está envalentonado, legitimado y alimentado por políticos y periódicos "convencionales". Justo cuando lamentamos la pérdida de un héroe como  Bernard Kenny –que con valentía trató de impedir el asesinato fascista de Jo Cox– tenemos que preguntarnos a nosotros mismos: ¿quiénes son esas personas con poder e influencia que están ayudando a que se den las condiciones perfectas para que prospere el racismo y el fascismo se reproduzcan?

"No me puedo creer que en los EEUU del siglo XXI estemos viendo saludos nazis", tuiteó Nigel Farage sobre Charlottesville, arrastrando una lata de petróleo detrás de él. Quizá lo próximo sea que el presidente de una empresa de comida rápida exprese incredulidad por los niveles de obesidad; o que una compañía de tabaco emita un comunicado de prensa sobre las muertes a causa de cáncer de pulmón.

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La carta machista de un empleado de Google regala a los ultraconservadores un nuevo mártir

Google ha despedido a un trabajador que envió un memorando en el que afirmaba que las empleadas de la compañía eran biológicamente inferiores y cómo esta característica las hacía menos aptas para empleos tecnológicos. El ingeniero de programas se llama James Damore. Van a oír hablar de él en las próximas semanas: probablemente se convertirá en la estrella invitada de programas de la derecha alternativa y del circuito de conferencias de la extrema derecha; su rostro aparecerá en las portadas de las revistas más conservadoras y terminará ganando mucho dinero con la publicación de un libro en el que describirá su martirio y hablará de cómo los progresistas controlan a los blancos.

De hecho, los internautas de derechas ya lo han convertido en un héroe. Estoy seguro de que muy pronto miles de hombres de extrema derecha expresarán su indignación en Twitter y reemplazarán su foto en la red social por la de Damore y sus nombres por la afirmación "yo también soy James Damore".

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No hay nada que celebrar: el odio hacia las personas LGTB aún contamina la sociedad

Enfadados, llenos de furia, pero no con gratitud. Así es como deberíamos celebrar el 50 aniversario de la despenalización parcial de la homosexualidad en Inglaterra y Gales. Que en este país ya no nos persigan legalmente y que seamos menos odiados y juzgados que antes no es algo que agradecer. Ser tratados de la misma forma que otros dan por sentado no es ningún regalo especial: la igualdad no es privilegio.

Sentir gratitud equivale a reconocer que nuestros perseguidores se sacrificaron de alguna forma cuando el Estado finalmente cedió ante las demandas del colectivo LGTBQ. Los derechos legales se ganaron gracias a personas LGTBQ a las que escupían en la cara, a las que la prensa injuriaba, a las que gran parte de la opinión pública demonizaba. Personas LGTBQ que fueron perseguidas por la ley, encarceladas, castradas en procesos químicos y empujadas hasta el suicidio.

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El Partido Laborista pierde cuando no es suficientemente radical

Ahora ya lo sabemos: el Partido Laborista no perdió en 2015 por pasarse de izquierdista sino por no ser suficientemente radical. ¿Para qué hacer ahora una autopsia de algo que murió hace tiempo o rascarse una vieja costra cuando hay tantas heridas frescas? Después de todo, el 2015 pertenece a otra era de la política. Como lo describía un tuit el año pasado, "la política de 2015: Ed Miliband come un bocadillo de manera un tanto extraña"; "la política de 2016: todo está en llamas". Trump, Brexit, Corbyn, una elección anticipada que salió desastrosamente mal: a veces parece como si cincuenta años de política se hubieran condensado en dos.

El análisis de lo que pasó es necesario porque todavía hay un debate de ideas por resolver. Durante el ascenso inicial de Jeremy Corbyn, Tony Blair se tomó un respiro de su labor como asesor de  despiadados dictadores y confesó que no quería que un Partido Laborista de izquierda ganara las primarias, incluso si eso era lo que había que hacer para ganar luego las elecciones (aunque él tampoco pensaba que electoralmente fuera bueno). Blair aconsejó entonces a los partidarios de Corbyn que se hicieran un trasplante de corazón.

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Ya sabemos cuál es el coste real de la austeridad: el recorte de nuestras propias vidas

Está bastante claro que un programa de recortes motivado por la ideología nos está robando vida. El constante aumento de la esperanza de vida debería ser algo que todos diéramos por sentado. Después de todo, Reino Unido es una de las sociedades más acaudaladas que ha existido nunca en la historia de la humanidad. A esto se le suman también las continuas y espectaculares mejoras en medicina y tecnología.

Sin embargo, una nueva investigación llevada a cabo por un exconsejero del Gobierno, Sir Michael Marmot, sugiere que el aumento de  la esperanza de vida –una tendencia que se ha mantenido constante durante cientos de años– se ha estancado desde 2010. ¿Qué pasó ese año exactamente? ¿No fue ese año cuando David Cameron, George Osborne y sus secuaces liberal demócratas comenzaron a recortar los servicios públicos con un falso pretexto económico?

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