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Tomás Vidriales: 45 años al servicio del control aéreo

“Nunca se olvida la primera vez que coges un micro y hablas con un avión”

“Los fallos en torres de control son evitables si hay un buen mantenimiento”

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Tomás Vidriales, en el Centro de Control de Canarias, en una fotografía de archivo.

Tomás Vidriales, en el Centro de Control de Canarias, en una fotografía de archivo.

Tras 45 años, Tomás Vidriales Bartolomé se despidió el pasado abril de su actividad profesional en el mundo de la aviación. Comenzó como informador aeronáutico en el aeropuerto de Gran Canaria (1969-1971) y hace unas semanas acabó su actividad como jefe de sala del Centro de Control de Canarias (ACC), en el cual, como él mismo dice, ha hecho un poco de todo durante más de cuatro décadas: controlador, instructor, director… Además de ello, ha estado implicado en actividades internacionales de AENA en calidad de experto en gestión de tráfico aéreo y en nombre de la Dirección General de Aviación Civil, fundamentalmente en reuniones de trabajo en Sudamérica, África y Bruselas, en las que se llegan a acuerdos colaterales con otros países.

El 22 de marzo se despidió de sus compañeros tras 45 años de servicio. ¿Cómo vivió ese momento?

El momento fue muy emocionante, se reunieron más de ochenta compañeros. Me preguntaban si no me daba pena, pero en realidad tenía más ganas que pena, porque han sido más de 40 años de actividad profesional. He disfrutado mucho de esta profesión, guardo recuerdos muy bonitos de todos estos años y tengo que dar las gracias por haber podido realizar el trabajo que me gusta.

¿Qué sintió cuando vio salir su plaza a concurso en noviembre?

Cuando salió la plaza ya sabía que me iba a jubilar, y me gustó. Sabía que la gente que se iba a presentar es muy buena y mi ilusión era ayudar un poco en la transición del nuevo jefe de sala, pero esto no fue posible.

¿Se refiere a su cese?

Sí, dos semanas antes de la jubilación me cesaron por hacer un retuit a un comentario de una compañera en Twitter que habla acerca de seguridad. ‘Incluso dicen que son gestores’, fue el comentario que añadí. No era nada ofensivo, solo le daba la razón en lo que hablaba, que lo que fallaba era la gestión. Cuando me notificaron el cese, en la carta no ponía nada de esto, claro está, y venía a decir que había desaparecido la confianza de Enaire en mí y que no reunía las condiciones para ser jefe de sala. Me dolió mucho, humildemente creo que la profesión y el puesto de jefe de sala lo he llevado bastante bien. Esta circunstancia y los hechos del 3 de diciembre de 2010, cuando se dijo que los controladores hacían huelga y AENA cerró el espacio aéreo, han sido los dos hitos más tristes de mi historia profesional.

¿Qué le ocurrió en 2010?

En octubre de ese año me abrieron dos expedientes por negarme a que la gente sin formación se sentase en su posición de control. Se quedó sin servicio una instalación primordial en la navegación aérea en Canarias en todos los procedimientos tanto de entradas como de salidas por un problema de renovación. En concreto, el VOR (Very Omnidiretional Rage) de la montaña del Lazo, y no les dio tiempo de dar instrucciones a todo el personal. La instrucción solo se dio a controladores que se ocupaban de la aproximación y no a los de ruta. La situación fue algo esperpéntica, me abrieron dos faltas muy graves y estuve dos meses suspendido de empleo y sueldo, pero un juzgado me dio la razón. A pesar de todo ello seguí colaborando más allá de lo que es mi cometido profesional con AENA, que me ha cesado sin ni siquiera una triste carta de despedida.

Puede leer la entrevista completa en ATCPress.

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