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“La naturaleza humana no ha cambiado en 3.000 años… siempre habrá corrupción”

El inglés Edward Rutherfurd presenta en ‘Barcelona Novela Histórica’ su libro ‘París’ (Roca Editorial), que abarca 800 años de historia de la Ciudad de la Luz.

“Me siento aterrorizado por la falta de interés de los sistemas educativos actuales en la Historia”, reconoce el escritor.

“He sido afortunado porque el pasado no me lo han enseñado sólo los libros, lo he tenido al alcance de la mano”, dice el autor, criado en la histórica ciudad de Salisbury.

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Edward Rutherfurd es uno de los nombres propios de 'Barcelona. Novel·la Històrica'/Enric Català

Edward Rutherfurd es uno de los nombres propios de 'Barcelona. Novel·la Històrica'/Enric Català

Uno de los nombres propios de la primera edición de Barcelona. Novel·la històrica es Edward Rutherfurd. El escritor inglés, autor de grandes sagas ciudadanas como NuevaYork y Londres, editadas por Roca Editorial, ha presentado en el certamen París (también en Roca), un paseo por 800 años de historia de la Ciudad de la Luz a través de cuatro familias.

Rutherfurd consigue dibujar una visión plural de la historia de Francia en base a las vivencias, en algunos momentos, entrecruzadas, de los De Cygnes, aristócratas que han codeado con las altas esferas durante siglos; los Blanchard, adinerada familia de comerciantes y artistas, representantes de la burguesía francesa; los Gascon, una estirpe de obreros que se han buscado la vida a lo largo de la historia; y los Le Sourd, integrantes de las clases más bajas que acabarán involucrándose en las grandes revoluciones que han agitado Francia. El arte, desde la construcción de la Torre Eiffel hasta las intimidades de Monet, acaba de dar esplendor a una gran novela.

La familia del escritor vivió en Francia./Enric Català

La familia del escritor vivió en Francia./Enric Català

París ha sido definida como una "novela histórica multigeneracional". “Me gusta esta etiqueta”, reconoce el autor, “describe con justicia lo que hago: estoy fascinado por la Historia, pero no dejo de ser un contador de historias”.

No puede ni quiere remediarlo: de pequeño, en el autobús escolar, ya las contaba a sus compañeros. “Supongo que me habrán influido mucho mis primeros años de vida en Salisbury, una ciudad con más de ocho siglos de historia. Quiero decir que he sido afortunado porque el pasado no me lo han enseñado sólo los libros, lo he tenido al alcance de la mano”. No sólo eso, sino que también ha tenido el privilegio de escuchar historias de primera mano que se remontan a la época de Napoleón; son los primeros recuerdos de los parientes de sus abuelos, que vivían en Francia. “Además yo no fui muy buen estudiante en el colegio, así que estas novelas me han servido como educación”, dice.

Realidad y ficción

Sin embargo, estos abuelos franceses de Rutherfurd no aparecen en la novela. “El personaje de James Fox [un abogado inglés que se instala en París] no tiene nada que ver con mis abuelos”, advierte el escritor. No suele implicar a amigos suyos en sus novelas, pero sí le son útiles sus opiniones: “Conocí a un sacerdote que consideraba que la familia real francesa era sagrada, este tipo es quien me permitió perfilar el personaje del cura y consejero Xavier en la novela”, explica. El aguerrido Roland de Cygnes tiene algo de un aristócrata francés profundamente antisemita (aunque fue amigo del pintor ruso Marc Chagall, que tuvo que abandonar París durante la ocupación nazi) al que conoció. En ningún caso Rutherfurd juzga a sus personajes: “Yo no busco representar a buenos y malos, simplemente a personas. Y los seres humanos son, siempre, contradictorios”.

Una de las claves más delicadas de la novela histórica es encajar personajes reales en una trama protagonizada por personajes ficticios. “Me divierte mucho, es como conocer a los protagonistas de la Historia, te metes en sus vidas, los estudias”.

A pesar de la exhaustiva documentación que realiza para ello, rehúye dar lecciones a nadie: “No pretendo ser un maestro de escuela, aunque no me habría importado serlo. Simplemente espero que lo que cuento en los libros tenga suficiente consistencia como para interesar al lector y que así se preocupe por aprender más del periodo sobre el que está leyendo. La verdad es que me siento aterrorizado por la falta de interés de los sistemas educativos actuales en la Historia y la falta de conocimiento histórico de algunos políticos. Di una conferencia en la academia militar norteamericana de West Point y dije que la historia de un país es como hacer un reconocimiento del terreno. Cuando los soldados van a invadir un país estaría muy bien que se informaran sobre la historia de ese lugar y, también, sobre lo que le ocurrió al último ejército que intentó invadir ese territorio”.

París bien vale una misa

La expulsión de los hugonotes es un tema importante en la novela. Narrado en la triste historia de la niña Constance, salvada por uno de los protagonistas cuando niño, el episodio recrea también la célebre frase del rey Enrique IV al convertirse al catolicismo. Para Rutherfurd, París ha valido más que una misa: “Creí que conocía bien la ciudad pero estaba equivocado. Tengo familia francesa que vive en París, al lado de donde estuvieron construyendo la Estatua de la Libertad. ¡Pero no sabía que fue Eiffel el que la construyó! He aprendido muchas cosas”, admite.

Eiffel es uno de los pocos personajes reales que toma la palabra en la novela, ya que se detalla la construcción (con pelos y señales, diría) de la Torre Eiffel para la Exposición Internacional de 1889. “Le cogí muchísimo cariño a Eiffel”, reconoce, sin complejos.

Edward Rutherfurd se considera un contador de historias./Enric Català

Edward Rutherfurd se considera un contador de historias./Enric Català

No sabemos si ahora le tocará documentarse sobre Barcelona y, tal vez, encariñarse con Gaudí, para crear su siguiente novela en la Ciudad Condal. No suelta prenda: “Normalmente tengo seis o siete temas sobre los que voy trabajando. Soy supersticioso, a veces los proyectos no llegan a buen puerto, así que mejor callar. Además, si los anunciase, ¡los editores de la competencia se podrían adelantar!”.

La historia sigue

Podemos decir que, en cierto sentido, la novela no termina, porque la historia sigue. Eso nos lleva a preguntarnos si podríamos encontrarnos a un Le Sourd en las manifestaciones antiglobalización, o a un De Cignes luchando por el honor de su patria en Afganistán. Rutherfurd subraya que, de adolescente, participó en el Mayo del 68. “Por eso creo que, en esencia, sé lo que les pasaría a mis personajes”.

Con los tiempos que corren actualmente, alguno acabaría implicado en proyectos… poco claros, sin duda. La corrupción es otro de los temas que remarca la novela: “La corrupción ha existido siempre y seguirá existiendo. ¡La naturaleza humana no ha cambiado en 3.000 años!”, dice, categórico, el autor. Sobre la vigencia de la monarquía, tan exaltada por algunos personajes y en algunas épocas, no se moja tanto. ¿Es un anacronismo? “No hay ninguna forma de gobierno que sea la perfecta. Todas tienen episodios buenos y malos y, sobre todo, están influenciados por la época en la que transcurrieron”.

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