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El público disfruta como un niño con el 'poptimismo' de Pet Shop Boys

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El público disfruta como un niño con el 'poptimismo' de Pet Shop Boys

El público disfruta como un niño con el 'poptimismo' de Pet Shop Boys

"Hoy todos somos niños pop", ha dicho Neil Tennant al inicio del concierto que Pet Shop Boys ha ofrecido en el festival Cruïlla; y así ha sido, el público ha disfrutado como un niño con el pop electrónico optimista de esta veterana banda, anclada sin complejos en el imaginario colectivo ochentero.

Luces de colores, melodías alegres y ritmos bailables es lo que sabe hacer este dúo, que lleva treinta años activo y que, en lugar de envejecer, ha retrocedido a la infancia.

El concierto de Barcelona ha acabado con enormes globos de colores y los acordes del tema "The Pop Kids", primer sencillo de su último disco "Super", un álbum del que han sonado algunas canciones a lo largo del espectáculo, pero que no ha impedido que Neil Tennat y Chris Lowe repasaran sus éxitos más esperados, como "Always on my mind", "Domino Dancing" y "It's a sin".

Pet Shop Boys ha sido el cabeza de cartel del festival en la jornada de hoy, que acabará de madrugada con otra banda legendaria: The Prodigy.

Los británicos han compartido cartel con una veintena de grupos que, sumados a la otra veintena de ayer, han contribuido ha dejar el listón del festival muy alto y a atraer cerca de 50.000 personas.

La jornada de hoy ha empezado como la de ayer: con un maestro de la música africana; pero si ayer fue el senegalés Youssou N'Dour, hoy ha sido el maliense Toumani Diabaté, un gran maestro de la kora (un arpa de 21 cuerdas), que ha tocado junto al roquero francés Matthieu Chedid, su hijo Sidiki Diabaté, la cantante de Costa de Marfil Fatoumata Diawara y una banda formada por franceses y africanos.

Toumani Diabaté ha subido al escenario con una muleta y se ha retirado antes de acabar el concierto, pero ha tenido tiempo para regalar momentos mágicos de "espiritualidad y entendimiento", como él mismo ha dicho.

Los decibelios han subido cuando el joven Sidiki Diabaté se ha levantado de la silla y se ha unido a la banda de rock, mientras el público celebraba con entusiasmado el encuentro entre la guitarra eléctrica y la kora.

Mientras, en otro escenario, Benjamin Clementine ha ofrecido un magnífico concierto, que ha empezado mal, con el cantante contrariado porque el público se había alejado para protegerse del sol, pero ha acabado muy bien, con el artista en comunión con unos espectadores extasiados con su voz profunda y su intensa manera de tocar el piano.

Antes de Pet Shop Boys, en el escenario grande ha tocado Little Steven, mano derecha y guitarrista de Bruce Springsteen, además de actor en la serie "Los Soprano".

Una enorme banda, con una sección de vientos de cinco miembros, tres coristas y dos teclados, además de percusionista, batería, guitarra y bajo, han acompañado al pirata de la banda de Bruce.

Los 15 músicos han logrado llenar el escenario, pero no la explanada destinada del público, donde la gente parecía más atraída por el personaje que por su música.

Algunos incluso tenían la esperanza de que apareciera The Boss, como un espectador al que le habían dicho que "a veces" venía por sorpresa a los conciertos de su amigo y en este caso era "muy probable" porque coincidía con el 'No Surrender Festival' que han organizado en su honor en un pueblo de Lleida, así que, "¿por qué no?, quizás venga".

Finalmente se han quedado sin ver a Bruce pero han disfrutado de un buen concierto de rock, como también lo ha hecho el público de Ryan Adams, que ha estado a la altura con su rock contundente, y el de Enric Montefusco, que cada día tiene más engrasado el directo de su disco en solitario.

Pero los que han agrupado mayor número de público han sido Txarango, una banda que mueve multitudes con su rock mestizo y su mensaje comprometido.

Unas multitudes que crecen cada año en el Cruïlla, que ayer agotó entradas con 25.000 personas moviéndose por el Parc del Fòrum y hoy ya había registrado 22.000 entradas cuando ha empezado Pet Shop Boys.

Una multitud que se notaba en las colas de los lavabos, pero que no ha llegado a colapsar el festival, que presume de ofrecer buena música en condiciones cómodas y con dimensiones humanas.

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