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En la magia hay que ser honesto, no aparentar superpoderes, dice el mago DMC

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En la magia hay que ser honesto, no aparentar superpoderes, dice el mago DMC

En la magia hay que ser honesto, no aparentar superpoderes, dice el mago DMC

El mago Drummond Money-Coutts actualiza en la serie "DMC: Más allá de la magia" trucos de hace siglos, incluidos los de mitos como Houdini o Zener, con la idea de recuperar sensaciones "tradicionales" de un arte al que se ha acusado últimamente de "trucos de cámara y de montaje".

"El problema viene cuando alguien quiere convencerte de que lo que hace es real y de que tiene poderes sobrehumanos; entonces la gente quiere descubrirlos para decir que eres un falso", apunta el mago británico cuando se le pregunta su opinión sobre las imágenes publicadas de su colega Dynamo en las que se aprecian los cables que se sujetan en un truco de levitación.

"Es importante ser honesto y decir: 'Soy mago y espero que disfrutes de esto'", añade el ilusionista, más conocido como DMC y uno de los más reputados de Gran Bretaña, donde ha actuado ante personalidades como la reina Isabel II, Hugh Grant, Pippa Middleton, Natalia Vodianova o el príncipe Harry, entre otros.

En su nueva serie para National Geographic Channel, que el canal estrena en España el próximo lunes (23:30 horas), DMC ejecuta sus trucos en las calles de Londres, Barcelona, Singapur y Ciudad de México, siempre procurando grabar con solo una cámara y una sola toma, puntualiza.

"Se ha acusado a los 'shows' de magia de que contienen trucos de montaje, y para National Geographic es muy importante no engañar, no utilizar trucos de cámara que se usan en otro tipo de programas, para que el espectador vea lo que hubiese visto en persona", añade el mago.

DMC estudió idiomas en el elitista Eton College (Gran Bretaña), donde fundó el club de magia y organizó una visita de Uri Geller, el mago que doblaba cucharas e inspirador de su nueva serie, junto a Harry Houdini, el famoso escapista, y Karl Zener, conocido por su trabajo en la percepción extrasensorial.

El mentalismo, apunta el mago británico, es una especialidad "única", porque "da la impresión de que tienes un poder sobrehumano, pero en realidad ocurren tantas cosas que tú no ves durante un espectáculo... Es fascinante conocer los métodos reales que hay detrás de todo".

La combinación de predicción, perspectiva e ilusionismo será parte de uno de los números del primer programa de "DMC: Más allá de la magia", que se desarrolla en Barcelona, donde también utiliza banderas catalanas para otro de sus trucos.

"Siempre que puedo utilizo objetos locales, y en Barcelona la bandera catalana está en todas partes. Me pareció correcto, espero que no se entienda como una postura política, porque no lo es", explica.

Y advierte que la respuesta del público de la calle ante sus trucos no varía en casi ninguna parte del mundo, salvo en África, donde hay "una reacción muy profunda, a veces cercana al miedo, porque allí no existen los magos, y su único concepto de algo imposible es vudú o magia negra".

Reconoce que la tecnología ayuda en cierta forma a la magia, aunque se da la "extraña paradoja" de que "la ciencia explica tantas cosas sobre el mundo que es importante que la magia juegue su papel, que la gente continúe experimentando la sensación de misterio que se está perdiendo".

A lo largo de su vida, DMC ha investigado los orígenes de la magia en todo el mundo, y también de la brujería, dos campos con ancestrales conexiones, aunque hoy día, explica, "mucha de la brujería que se practica en África, Haití o otras partes del mundo es en realidad magia, pero utilizada para el mal".

En Egipto, donde se supone que nació la magia, intentó encontrar las claves de su pervivencia tras miles de años de desarrollo y ahora explica que "es como el amor, no existe por sí misma, existe solo a través del efecto que tiene sobre las personas".

Eso sí, siempre hay quien intenta utilizarla para fines más pedestres: "Un hombre de negocios británico me ofreció mucho dinero para hacerme pasar por su asesor legal y darle el cambiazo a unos contratos en un bufete de Nueva York. Naturalmente, no acepté".

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