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La historia del desguace de Deoleo, un líder aceitero en sus horas más bajas

En causa de disolución, acumula pérdidas de 774 millones desde la expulsión en 2009 de los hermanos Salazar, sus antiguos gestores, acusados de saquear el grupo

En ocho años, la empresa con marcas como Carbonell y Koipe ha tenido cuatro presidentes, cuatro consejeros delegados, otros tantos ERE, y su plantilla ha pasado de 3.000 personas a poco más de 700

CCOO denuncia la “desindustrialización” de la compañía y UGT, la “nefasta” gestión de su máximo accionista, el fondo de capital riesgo CVC

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CVC adquirió Deoleo a finales de 2014.

José Manuel Muriel, veterano ejecutivo experto en reflotar empresas en crisis y novelista, presentó el pasado viernes en Madrid su último libro, Pesadillas. “Ocho cuentos en la mejor tradición de la literatura de terror”. Síntesis que podría describir la situación en la que está inmersa desde 2009 Deoleo, de la que Muriel fue consejero delegado entre mayo de ese año y enero de 2011, cuando todavía se llamaba SOS.

El último capítulo de la historia del todavía hoy líder mundial en aceite de oliva, con marcas como Carbonell, Koipe, Bertolli o Caparelli, ha sido el batacazo contable de 2016, que ha dejado a Deoleo en causa de disolución. Su beneficio operativo (ebitda) creció un 30% y cumplió sus compromisos con sus acreedores, pero sus pérdidas se triplicaron, hasta 179 millones, tras un deterioro patrimonial de 96,3 millones para acometer la reestructuración en la que está inmersa y por el impacto de la reciente subida del Impuesto de Sociedades en España.

En septiembre, tras la enésima renovación de su cúpula con el nombramiento de Rosalía Portela (ex consejera delegada de ONO) como presidenta ejecutiva y el italiano Pierlugi Tosato como consejero delegado (sustituyó a Manuel Arroyo, que estuvo poco más de un año en el cargo), Deoleo anunció un “agresivo plan de ahorro de costes y eficiencias”.

Su reflejo más evidente ha sido el nuevo expediente de regulación de empleo (ERE) que está a punto de cerrar en España, la venta de su fábrica de Antequera (Málaga) y la anunciada clausura de su fábrica de Inveruno (Italia), que negocia alquilar a un tercero durante cuatro años manteniendo a parte de la plantilla.

Jesús Salazar, expresidente de SOS (actual Deoleo), pasea por Madrid en marzo de 2015.

Jesús Salazar, expresidente de SOS (actual Deoleo), pasea por Madrid en marzo de 2015.

Los números rojos de 2016 son idénticos a los que registró la empresa en 2009, tras dotar provisiones millonarias para cubrir un autocrédito supuestamente fraudulento que propició la caída de los hermanos Salazar, sus hasta entonces gestores y máximos accionistas. Tras su destitución, uno de los elegidos para intentar enderezar la empresa y digerir esa herencia envenenada fue Muriel. Llegó al cargo de la mano de Mariano Pérez Claver (condenado recientemente por las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid), que fue nombrado presidente del grupo alimentario por la caja, entonces accionista de referencia.

774 millones de pérdidas

Cuatro consejeros delegados, cuatro presidentes, otros tantos ERE que han reducido su plantilla en España un 50% (hasta unas 300 personas) y unas pérdidas acumuladas de 774 millones resumen los ocho años transcurridos desde que estalló el escándalo de los Salazar, todavía a la espera de juicio en la Audiencia Nacional por causar supuestamente un agujero de más de 220 millones en SOS a través de un entramado de testaferros y paraísos fiscales. 

En estos ocho años, Deoleo ha pasado de emplear a casi 3.000 personas a las 738 de 2016, ha cambiado su nombre (en 2011), ha vendido negocios como el del arroz (adquirido por su entonces accionista Ebro Foods en septiembre de 2011), ha reestructurado su deuda y ha sido vendida al mejor postor, el fondo CVC, que controla su participación desde el paraíso fiscal de Jersey. En el camino, su cotización ha pasado de los 11 euros de enero de 2009 a los 20 céntimos actuales.

La deuda ha pasado de los cerca de los 1.500 millones que heredó de los Salazar (que durante su gestión, en los años del 'boom', decidieron grandes inversiones a golpe de compra en compañías de aceite en Italia para entrar en Estados Unidos) a 530 millones (11,5 veces su beneficio bruto operativo o ebitda).

Al turbio legado de los Salazar se ha sumado el escaso éxito de CVC, sin experiencia previa en el negocio aceitero, para corregir el rumbo de un grupo al que el Gobierno ha calificado en varias ocasiones de "estratégico" por ser España el principal productor mundial de aceite de oliva, aunque el Ejecutivo se ha abstenido de salir al rescate, a diferencia de lo que hizo con Indra o la propia Bankia.

CVC tomó el control de Deoleo a finales de 2014, tras quedarse las acciones de Bankia y BMN, dos bancos intervenidos que por imperativo de Bruselas tenían que vender sus títulos. En noviembre de 2014, cuando lanzó una opa por el grupo, el fondo prometió "reforzar la cartera de marcas comerciales mediante adquisiciones selectivas" que no se han producido.

Tras su desembarco, Deoleo se ha enfrentado a un contexto de precios del aceite de oliva en origen inusualmente altos, que erosionan los márgenes de la compañía. A ello se suma la competencia de la marca blanca y la tardanza de las cadenas de distribución en trasladar las subidas en origen al producto final, que utilizan como reclamo en sus lineales. 

El último ERE en Deoleo está a punto de ratificarse. Afectará a 65 personas y dejará un único centro de producción en España en Alcolea (Córdoba), lo que confirma, según CCOO, que Deoleo “mantiene” su estrategia de “desindustrialización”. Opinión que comparte Sebastián Serena, secretario de Alimentación, Bebidas y Tabaco de UGT, que cree que “la apuesta de la empresa es abandonar poco a poco toda actividad de producción”.

Convertida en una envasadora de aceite, “no sería muy descabellado pensar que la próxima vez nos encontremos con que la empresa diga que envasar tampoco es rentable y se van a dedicar únicamente a exportar y a vender lo que puedan en el mercado nacional”, opina Serena, que califica de “desastre” la gestión de CVC. “Ha habido grandes errores en cuanto al producto, como querer vender aceite de una calidad que no era adecuada en mercados internacionales destrozando la imagen de la compañía en países estratégicos como China y Estados Unidos”, resume.

Más dinero para la cúpula

La política del nuevo equipo gestor al frente desde septiembre, poner el foco en reducir costes tras una etapa en la que la prioridad era la gestión comercial, no ha tenido reflejo en la retribución de la cúpula de Deoleo.

Según la información disponible en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el consejo de administración de la compañía se embolsó el año pasado 2,4 millones (un 53% más) por la indemnización de 900.000 euros abonada a Arroyo tras su despido (el mes pasado se reincorporaba a Coca-Cola, su anterior empresa). La alta dirección cobró 4,258 millones, un 26% más. Entre los altos directivos de Deoleo está Miguel de Jaime, responsable de Marketing y hermano del máximo responsable en España de CVC, Javier de Jaime. 

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