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ENTREVISTA | George Akerlof, Nobel de Economía

"No está claro si implantar un salario mínimo sería positivo pero hay que valorarlo"

El premio Nobel de Economía George Akerlof considera que en España hace falta un plan de estímulo para reducir el desempleo

En su opinión, el calentamiento global es en este momento el principal problema el que se enfrenta el mundo

Cree que la base para lograr el apoyo de la gente a las políticas públicas es construir un relato emocional que los enganche y pide buscar esas historias de compromiso

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George Akerlof.

George Akerlof en Madrid. Foto cedida por el II Foro del Agua.

Unas botas de montaña asoman desde los bajos de un clásico traje azul marino. George Akerlof (New Haven, EEUU, 1940) es sin duda un economista con los pies en el barro. El Nobel de Economía (2001) ha visitado Madrid invitado por el  II Foro de la Economía del Agua, donde dio una ponencia en la que cantó y ladró para explicar de forma amena y divertida la teoría sobre la que gira su último libro, Phishing for Phools (en español, La economía de la manipulación).

Akerlof, casado con la presidenta de la Reserva Federal y guardiana del dólar, Janet Yellen, recibió el premio de la Academia Sueca al poner en evidencia las debilidades de un mercado en el que los consumidores tienen información asimétrica cuando toman sus decisiones de consumo. Akerlof dinamitó así la perfección de la mano invisible de los mercados con la que desde Adam Smith muchos aseguran que se ordena la economía.

El secreto del profesor estadounidense es poner en el centro de sus estudios a las personas y sus comportamientos, apartando la creencia de que los mercados son "racionales". En su nuevo libro, escrito con su amigo y también Nobel de Economía Robert Schiller, ahonda en las malas decisiones que toman los consumidores, inducidos por el propio mercado. "¿Por qué la gente fuma si sabe que es malo o come comida basura?", se pregunta la pareja de economistas, que cree que muchas de las decisiones que toman a diario los consumidores se hacen con el mismo criterio que las haría un... mono.

Akerlof charla animadamente con los periodistas que tienen muy duro sonsacarle alguna opinión sobre coyuntura económica. Con España se moja al asegurar que se debería aumentar el gasto público, pero también los impuestos, como única medida para poder crear puestos de trabajo. "Hay que crear más demanda para crear puestos de trabajo adicionales", zanja el economista, que también entiende que una decisión así es muy difícil de abrazar por los gobernantes.

Las estrictas reglas que rigen en torno a los gobernadores de bancos centrales le impiden pronunciarse sobre cualquier asunto que pudiera ser susceptible de chocar con las responsabilidades de su mujer. Esquiva las preguntas del Brexit remitiéndose a un manifiesto que firmó junto con otros economistas en el Financial Times, pero sí reconoce que cuando la gente acude a este tipo de votaciones complejas no cuenta con toda la información de lo que implica el resultado.

Como a la postre ser gobernadora del dólar implica reinar sobre casi todo el mundo económico, sin estar presente Yellen deja a su marido sin palabras que son sofocadas con una sonrisa. "Lo siento, mi mujer trabaja en esto", musita algo ruborizado una y otra vez cuando se insiste en saber su opinión sobre temas tan diversos como Trump o los riesgos globales.

Parece que Yellen no rige, por ahora, en temas de calentamiento global, así que Akerlof se explaya sobre este problema, que considera el más grave al que se enfrenta actualmente la sociedad. Una de las principales soluciones que promueve el autor para atajar la deriva de las emisiones es crear un relato que vincule emocionalmente a los ciudadanos y les haga reaccionar, involucrándose y apoyando las políticas públicas. Hace suya esta filosofía y habla casi todo el tiempo en parábolas, transformando sus teorías económicas en una suerte de nuevo testamento.

Como del Brexit (cuya opinión reflejó  en una carta en theGuardian antes del referéndum) o de elecciones como tal no habla, le proponemos hablar de democracia. Y de cómo los ciudadanos toman sus decisiones de voto.

¿Se pueden aplicar sus teorías de información asimétrica para las decisiones que toman los votantes a la hora de elegir un partido político?

Sí. En el caso de la campaña estadounidense se ve claramente esta situación. El sistema se basa en que los congresistas se presentan de forma individual y tienen que buscar dinero para hacer la campaña. Estamos hablando de que gastan grandes cantidades de dinero en anuncios de televisión. No se puede saber cómo captan ese dinero, pero vemos fácilmente que el sistema no va a funcionar por los intereses que tienen las personas que apoyan las campañas. Cuando estos congresistas legislen, introducirán pequeños cambios en beneficio de algunos, y eso es muy difícil de comprender por el gran público. Es muy difícil leer las leyes y darse cuenta de qué es lo que cambia y con qué consecuencias. Cuando buscan el voto, los políticos solo muestran que son tipos agradables y que les debes votar. El papel que juegan los lobbies es muy grande a la hora de conectar personas. Y al final no, la gente no tiene opciones. Con todo, la democracia funciona bastante bien, pero este es un problema importante y necesitamos una reforma que lo afronte.

Entonces, votamos como si un mono dirigiera nuestro voto.

Cuando votamos, votamos basándonos en una historia que nos cuenta un político. Votamos por una imagen que a lo mejor no corresponde con la legislación que luego van a aprobar.

¿Cómo se puede lograr que la gente se comprometa en la lucha contra el cambio climático?

Tenemos que contarle a la gente las historias apropiadas. Una de las cosas que aún no ha sucedido es la de que alguien nos haga un gran relato, una gran historia que motive a la gente para que nos preocupemos de este asunto en la medida que deberíamos. Hay que generar un relato que les motive sobre el calentamiento global. Una gran película, un libro, un reportaje en los medios…

¿Tenemos que ser los medios los que guiemos estas cuestiones?

Hay que traer a casa estos problemas. Hacerlos cercanos. ¿A qué me refiero con esto? Por ejemplo, cuando Bill Nordhaus, uno de los líderes mundiales sobre cambio climático, escribió su libro con cifras y datos pero comenzó hablando de sus vacaciones. Él suele veranear en la costa de New England, donde solía avistar muchos pájaros que un día dejaron de estar. Eso es lo que necesitamos para la gente. Historias emocionales que les acerquen el calentamiento global, no temas lejanos.

Es muy difícil encontrar la historia adecuada para cada persona, ¿cómo se hace esto?

¡Por eso necesitamos una gran historia! Uno de los grandes libros en Estados Unidos que influyó en la guerra civil y en la abolición de la esclavitud fue La cabaña del tío Tom. Supuso un impacto político decisivo para que la gente luchara contra la esclavitud. Hay que hacer lo mismo con el calentamiento global. Hay que crear un relato que llegue a la gente para que tomen conciencia.

Le explico cómo tomé conciencia yo. Estas historias de glaciares derritiéndose en la Antártida. Sé que son muy importantes, pero lo que me mostró lo importante de esto fue que en mi casa de Berkeley, California, tengo un jardín con dos preciosas secuoyas. Y de repente se empezaron a hundir. ¡Eso se convirtió en una historia personal que estaba en mi jardín! Eran dos árboles gigantes que de repente se hundían y teníamos que hacer algo. Eso necesitamos, traer sentimientos humanos a la gente más allá de lo que aparece en los libros de texto.

La desigualdad es otro de los grandes temas que preocupan en el mundo económico. Usted ha estudiado el efecto de los salarios. ¿Cómo se liga la evolución de los salarios a esta desigualdad?

Uno de los principales problemas de la desigualdad en EEUU es que los salarios han crecido mucho más despacio entre las personas que no tienen estudios superiores. Por un largo periodo de tiempo esta ha sido la razón del aumento de la desigualdad en la distribución de los ingresos. La distancia entre el 99% y el 1% está aumentando año tras año.

¿Y se podría solucionar mediante una regulación de los salarios?

Hay propuestas para instalar el salario mínimo. Y esta sería una de las fórmulas para tratarlo.

¿Funcionaría?

No estoy seguro. Le explico cómo lo veo. En lo positivo, esa gente que gana muy poco ganaría más. Pero el problema con esto es que la gente muy joven que de otra forma no encontraría empleo puede quedar fuera. Es una medida que debería ser tomada de forma muy cuidadosa. No estamos seguros al 100% si va a ser positiva o negativa. Pero desde luego está sobre la mesa para afrontar el problema de la desigualdad.

Una preguna filosófica. Estamos escuchando hablar de una era de post-capitalismo, de un mundo post-factual en el que no hay datos probados que nos muestren cómo se va a comportar la economía. ¿Cree que el capitalismo se ha terminado?

Si vuelve atrás en la historia llevamos años buscando algo nuevo. Pero el capitalismo se ha desarrollado así. Claro que siempre hay cosas nuevas como iPhones, internet... que afectan a nuestras vidas día a día. Esto es muy saludable. Pero lo que queremos es un sistema económico que dé a la gente unas condiciones de vida mínimas para vivir y tener tiempo de ocio. Necesitamos para eso unas condiciones de demanda agregada que den a la gente trabajos para tener un buen nivel de vida, algo que no hay en España.

Entonces, ¿no cree que la economía colaborativa vaya a impactar realmente en el capitalismo?

Claro que estará afectando, tal y como lo conocemos. Pero estos cambios forman parte del capitalismo.

¿Le puedo preguntar cómo son las cenas en su casa?

Mi mujer trabaja en la Reserva Federal pero intentamos cenar en casa y contarnos el uno al otro cómo ha sido nuestro día. El suyo suele ser más interesante, ella es muy divertida y me cuenta su día y nos reímos.

¿Cocina ella?

¡Cocinamos los dos!

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